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lunes, 23 de junio de 2014

Entrevista a Rubén Reveco en el diario Los Andes de Mendoza, Argentina



Nuestro artista de la semana es Rubén Reveco, pintor realista y además crítico de arte de Neuquén, que en entrevista exclusiva para Cultura, nos comenta lo complejo e interesante que es trabajar el arte erótico permitiéndose incluso rozar lo pornográfico sin caer en la vulgaridad.

Por otro lado, como crítico, reflexiona sobre el arte contemporáneo al que considera “una farsa” porque lo reduce a un circuito “elitista” plagado de propuestas “incomprensibles” que aleja y excluye al público de la obra de arte. Un tema que el artista repasa de forma permanente en su blog Resistencia Realista (actualmente hackeado), el sitio de arte más visitado de habla hispana.
Actualmente está exponiendo en la Escuela Superior de Bellas Artes de su ciudad. Muestra que inauguró tras una disertación sobre el "Origen y persistencia del dibujo en la artes plásticas".
Su pintura realza la sensualidad y el erotismo del cuerpo desnudo a partir de los actuales estereotipos de belleza. Su pincelada es delicada y a la vez elegante. Aquí la historia de “Los amantes”, su cuadro elegido para ilustrar ésta nota y su obra preferida. En este caso “El Cristo de San Plácido” del español Diego Velázquez, el desnudo más hermoso de la pintura religiosa.

-¿Por qué se considera un pintor realista?
-No podría hacer otra pintura que no sea pintura realista. Es el lugar donde encuentro los verdaderos desafíos. El realismo -sin generar ningún tipo de conflicto en el espectador- básicamente cree que el arte debe impactar y emocionar.
-¿A qué conflicto se refiere?
-Creo que muchas de las propuestas del arte contemporáneo, de la vanguardia, alejan al espectador de la obra de arte; porque son manifestaciones incomprensibles. Tuvieron en su momento -hace poco más de cien años- pretensiones liberadoras y representaron una lucha, precisamente, contra la representación de lo real. Se lograron por supuesto, algunas cosas maravillosas. Pero son excepciones. Lo que sucede ahora es que se ha formado un circuito esnobista que dicta cátedra sobre lo que es y no es arte, lo que es y no es bello. En la realidad la opción por la belleza seguirá siendo puramente instintiva y la belleza, como dice Patricio Rey, es lo que te da felicidad.
-¿Quiénes integran ese circuito?
-Los auto denominados artistas, críticos de arte, galeristas, compradores y prensa. Es un circuito cerrado, elitista y muy efectivo. El que queda excluido es el público que no se atreve a decir frente a una instalación: “Eso no me gusta” -al menos en voz alta-, porque tiene miedo de pecar de ignorante. Prefiere decir: “Yo no entiendo”, “no sé nada de arte”, “no puedo opinar porque no conozco”.



-¿Qué importancia tiene el espectador? 
-Lo que uno hace adquiere significado cuando en el espectador encuentra una respuesta. El artista no puede vivir sin el público. Además, el arte no existe sin un espectador que busque maravillarse. Emocionarse es una necesidad en el ser humano. Por eso mismo, el arte contemporáneo es una farsa.
-¿Por qué cree que muchos jóvenes se inclinan por propuestas contemporáneas, como el happening o las instalaciones?
-Experimentar es propio de una edad y las búsquedas son necesarias, está bien que así sea. No tengo nada en contra de las expresiones de la juventud. Lo importante es no perder el rumbo. Las propuestas ligadas al happening, la instalación, etc., terminan siendo ideales para personas que no tienen condiciones pero que les encanta sentirse artistas. Ellos se muestran como precursores, transgresores y modernos. Tal vez sea cierto. Marta Minujín es el mejor ejemplo en nuestro país. Pero todavía no ha demostrado que sea una artista con talento y eso es lo que necesitamos. Les puede sobrar carisma pero con eso no basta para dejar una huella en la historia del arte. Muchos jóvenes -que nacen realmente con condiciones- toman a estos “artistas” como referentes. Ven que están “posicionados” porque lograron cierta fama, éxito ligado al dinero, exposición mediática y eso les parece “cool”. Pero el camino del arte y de la creación va por otro lado: se realiza con esfuerzo, seriedad y mucho trabajo.
-Se lo suele tratar al realista de “buen copista”... como si le faltara imaginación por representar “aquello que ve”.
-No existen dos pintores realistas iguales. Toda esa supuesta creatividad de los contemporáneos la exaltan y la ponen por encima del virtuosismo técnico que despliegan los realistas. En el fondo si critican es porque les molesta y les incomoda los desafíos que plantea el dibujo.
-¿Cómo organiza su tarea como pintor al momento de enfrentarse con un lienzo?
-En cada pintura siempre hay tres momentos: la idea, la realización y el resultado. La idea -muchas veces- se resuelve en cuestión de segundos. El proceso de realización puede ser largo y tortuoso y la idea inicial puede modificarse muchas veces. Es un proceso clave y muchas veces se puede fracasar. Es una lucha con los materiales. La última etapa es el resultado y esto está de acuerdo al nivel de exigencia que se ha puesto cada artista. En cada pintor hay un especie de reloj interno que se detiene cuando la obra está terminada. Una vez terminada la pintura, por ejemplo su futuro es incierto. Pero ya está para ser observada, admirada, disfrutada y por supuesto criticada.



-Su pintura tiene una carga erótica y sexual muy explícita ¿por qué?
-El sexo sigue siendo tabú y de alguna manera es bueno que así sea. En los seres humanos pertenece al mundo de lo privado. Cuando lo hacemos público a través del arte se genera una reacción de vergüenza y escándalo. De alguna forma es como la corrupción, se ejerce en secreto pero si alguien la descubre produce rechazo y condena pública. Me gusta ver las reacciones que provocan mis pinturas. No puede haber nada más frustrante para un artista que la indiferencia del espectador ante su obra.
-Desnudo y erotismo ¿Ha sufrido censura por los temas que representa?
-Desde luego que se generan ciertas dificultades al momento de exponer, o muchas (risas). Todo va de acuerdo a la época que nos toca vivir y las circunstancias cambian: lo que ahora llamamos sensual, hace cuarenta años era erótico y lo que ahora llamamos erótico hace treinta años era pornográfico. Lo sensual insinúa, lo erótico invita y lo porno despoja de toda poesía a lo anterior. Son temas que se tienen que representar con pinzas, porque es fácil caer en la vulgaridad, al menos que sea ese el propósito final. Lo vulgar, lo obsceno, y todo lo explícito también pueden ser objetivos para el arte, pero que a mí no me interesa. Podrá gustarle o no al espectador lo que yo propongo, pero es importante tratar todo con seriedad. Los temas que represento -que tienen que ver con el desnudo y el erotismo- siempre han sido conflictivos y han estado censurados. Hay una especie de condena social y ante eso mucho no podemos hacer.
-¿Descríbanos la pintura que ha elegido para ser reproducida en esta entrevista?
-“Los amantes” la empecé en el 2008 (120 x 92 cm). Es la primera pintura de la serie “Sexo y Belleza” -que la integran doce trabajos-. Más allá del erotismo explícito, lo que pretendía era rendir culto al instinto de reproducción representado en dos cuerpos desnudos amándose. La técnica es mixta. Lo más fino lo trabajo con óleo y el resto con acrílico industrial. Además uso lápiz, tiza pastel, óleo pastel. Me interesa lograr una línea espontánea, fugaz y alegre. Lo que hago es una mezcla de pintura y dibujo. Del mismo modo, me gusta el plano liso y la textura y la incidencia de una luz lateral sobre los cuerpos. Mi mujer y yo fuimos los modelos. Preparé la cámara en el piso y teníamos 15 segundos para abrazarnos y posar hasta que disparara el flash. Fue divertido.



-¿Es usted y su esposa?
Si, si, es un secreto revelado (risas). Lo amerita la ocasión. Claro que yo estoy con la piel más oscura… Mi esposa siempre que ve el cuadro me dice en broma: “Está bueno el negro” (risas).
-¿Qué connotación tiene para usted el erotismo?
-En mi pintura significa la pasión y el deseo emanando de dos cuerpos desnudos. Me fascina la dictadura que ejerce la naturaleza sobre nosotros. El sexual es el instinto más importante de los seres vivos. Este instinto se manifiesta de diferentes formas pero apunta exclusivamente a la supervivencia. El erotismo es una condición meramente humana y parece cumplir una función previa al encantamiento, a la entrega. Es seducción pura. Hacer arte erótico es ir un poco más allá de un mero desnudo, es despertar íntimas emociones y deseos. Por eso “Los amantes” tiene un segundo plano, en el fondo, mas explícito.
-¿Qué opina sobre la educación formal en arte?
-En las escuelas de arte no se está enseñando a dibujar. Se los deja que se expresen con total libertad desde el comienzo. Es como si a los estudiantes de medicina de primer año se les diga: “Bueno, alumnos, hoy tienen que operar a este paciente”. “¿Y cómo lo hacemos?”, se preguntan los estudiantes. “¡Experimenten! ¡Sean libren!”, les contesta el profesor… Sería caótico ¿no? El arte, como la medicina, exige de muchos años de riguroso y disciplinado estudio y aprendizaje.
-¿Qué consejo le daría a quienes se inician en la pintura?
-Por un lado tener paciencia y no desesperarse por exponer. Tiene que haber un largo período de aprendizaje y estudio. No exponer sólo por la urgencia de mostrar algo, hacerlo cuando se tenga algo que decir… Una obra puede necesitar de quince trabajos, por ejemplo. Y se debe lograr un conjunto coherente y maduro. Si exponen no puede haber tres pinturas muy buenas y el resto regulares. También sugiero no copiarse a sí mismo. Muchos logran realizar una buena pintura y condicionan el resto de su obra en torno a ese trabajo.
-¿Por qué cree que existe esa urgencia por exponer?
-Obedece a que vivimos a mil. Resultados inmediatos, logros inmediatos, triunfos inmediatos y se cae en una trampa difícil de sortear. El que tenga talento para expresarse artísticamente que lo dignifique en una obra de verdad y que no pierda su tiempo en manifestaciones de tipo conceptual Si nació con condiciones para pintar, que pinte y que tenga paciencia. Desde Altamira han pasado varios miles de años y tenemos pintura para un rato largo...


"El Cristo de San Plácido", de Diego Velázquez.


-Si tuviera que elegir una pintura que siempre la haya causado profunda admiración ¿cual elegiría y por qué?

-Hace unos años estuve en el museo de El Prado ante el Cristo de San Plácido, de Diego Velázquez. Pasé sin pintar mucho tiempo hasta que me recuperé del impacto. Es una obra profundamente metafísica y minimalista. Nunca un Cristo muerto en la cruz había sido pintado con tanta simplicidad compositiva: fondo negro y un cuerpo lleno de luz propia a pesar de estar muerto. Es una obra simétrica. El Cristo está "cómodamente" parado sobre un supedáneo. Cuenta la leyenda que Velázquez no estaba conforme con la cabeza y en un ataque de furia tiro pintura sobre el rostro inclinado que cayó por un lado de la cara. Más tarde se transformaría en el mechón de pelo que le cubre parte de la cabeza. El famoso poema de Miguel de Unamuno comienza: “¿En qué piensas Tú, muerto, Cristo mío? ¿Por qué ese velo de cerrada noche de tu abundosa cabellera negra de nazareno cae sobre tu frente?”.



FUENTE: diario Los Andes



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