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miércoles, 23 de julio de 2014

10 consejos para pintores jóvenes (7) El fracaso


Fracasar en el proceso de creación no es tan malo, sobre todo cuando estás aprendiendo. Pero tiene que saber que has fracasado, sino no sirve de nada. Esto que muchos lo pueden plantear como una práctica masoquista es lo que realmente te hará crecer. Puedes irte a dormir tranquilo por los progresos logrados y al otro día -al mirar tu obra- ves que “algo no está bien” y lo que es peor, no sabes qué es.

Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas

Yo no creo en esos arrebatos casi místicos en el proceso de creación (ya lo he dicho). Puede haber absorción, concentración, dedicación y sudor. Pero sobre todo tienes que ser un buen conductor. Pintar es como conducir un vehículo. Lo primero es hacer contacto; poner en marcha el motor. Si creas, también es indispensable que tu motor interno esté encendido. Y si este motor está en buenas condiciones sonará muy bien. Luego pisarás el embriague, meterás primera y avanzarás lentamente. Despacio.
No me cansaré de repetirte de que vayas lento. Ya que ir a una escuela de arte es muy parecido a ir a una academia de conducir. Dedícale un tiempo al aprendizaje. Ya tendrás tiempo de exponer y ser “famoso” y cuando creas estar en condiciones de conducir solo, trabaja en una obra que sea coherente y unitaria. En un comienzo, Pablo Picasso tuvo su etapa azul y su etapa rosa. Para mi gusto lo mejor que nos dejó. Desde ahí chapuceó durante años pero nada extraordinario. “Las señoritas de Aviñon” es una de las ´pinturas más feas que he visto. El valor que tiene Picasso es rescatar a la fealdad y sacarla del clóset. Es decir: lo feo dejó de ser una mala palabra. 

"Las señoritas de Avigñon"

Menciono a Picasso porque aprendió a ser un productor febril del bueno de Vincent van Gogh. Una pintura por la mañana y otra por la tarde ¡como mínimo! Y desde ahí se instaló ese concepto de mucha y rápida producción. Nada de detalles, nada de virtuosismo, nada de preciosismo, nada de realismo. Todos términos anticuados que había que superar porque estaba en ciernes una revolución. De esa forma la pintura de ser un objeto individual y con vida propia, pasó a ser un conjunto amorfo y sin identidad. Si hacemos un recorrido por la historia del arte sin darnos cuenta decimos. “Las Meninas”, de Velázquez, “La Ronda Nocturna”, de Rembrand. La “Mona Lisa”, de Leonardo, “La Virgen del jilguero”, de Rafael. Primero mencionamos el nombre de la obra y después al autor.
En oposición, ¿quién me podría mencionar el nombre de una pintura de Wassily Kandinski, Jackson Pollock, Piet Mondrian, Paul Klee, Willem de Kooning, Ad Reinhardt, Mark Rorhko, Hans Hartung. ¿Alguien se acuerda del nombre de alguna obra? Pero si vamos más lejos aún: ¿conoces a estos artistas contemporáneos que ya no pintan porque “eso es cosa del pasado”? ¿Te dicen algo estos nombres?: Robert Rauschenberg, Isidore Isou, Yves Klein, Wolf Vostell, Stanley Brown, Wolf Vostell.
Nunca sabremos si han fracasado o no. Ellos son valientes e imprudentes. Conducen a alta velocidad y se cruzan los semáforos en rojo (de rebeldes que son), la luz de guiño la ponen para girar a la izquierda y en el último segundo giran hacia la derecha. Son impredecibles, son modernos, son contemporáneos. Se sienten artistas.



Yo te propongo otra cosa                                                  
Fracasa todas las veces que sea necesario. No te desesperes, pero tampoco te garantizo el éxito. Porque desde hace 100 años el volante está en manos de los modernos. Ellos son lo establecido, ellos son la nueva Academia. Incluso ya no pintan de tan modernos que son. Trabajan con el concepto. El olor a la trementina les resulta algo totalmente desconocido o insoportable.
En el momento que publico estas líneas se está desarrollando en Alemania “Documenta 13”, una feria que se celebra cada 5 años. Donde “la frontera entre lo que es y no es arte resulta irrelevante”, según un discurso de inauguración. Un par de artistas argentinos (con todo el apoyo estatal) pretendieron sacarle a los habitantes de El Chaco (al norte del país) un meteorito que había impactado hace miles de años y exhibirlo en la feria como una expresión artística. ¡Talento en su más pura expresión! Estaba todo listo pero no contaron con la reacción del pueblo y los científicos  que se opusieron tenaz a que su patrimonio les fuera arrebatado. Fue tal el escándalo que nuestros artistas desistieron de la idea. Pero como ellos no le temen al fracaso, documentaron todos los intentos; todas las protestas e hicieron un video que mostraron con “gran éxito” en la mencionada feria de arte contemporáneo. En parte, se salieron con la suya.

El meteorito que se negó a ser arte.


No ofrezco más que sangre, sudor y lágrimas

Pero esto es una guerra fría no declarada. Por un lado están los contemporáneos que cada vez se ven más anticuados. Ellos aprendieron de papá Duchand el verbo “provocar”. El arte tiene que ser provocador. Y por otro lado, están los pintores que siguen mezclando colores, saben distinguir entre aceite, médium o trementina. Le siguen sacando punta al lápiz. Luchando para que los pinceles les duren lo más posible. No les interesa provocar, todo lo contrario: les interesa seducir, encantar, maravillar...
Tú tienes que elegir, nadie te obliga. El aprendizaje de los pintores es arduo y muchos abandonan y otros quedan el camino porque se les acaba el combustible. Fracasan para siempre y no lo vuelven a intentar. Es comprensible.


El fracaso también puede ser encantador

Si lo vuelves a intentar puedes progresar. Pero tienes que estar consciente. No conformarte. Tu obra de arte tiene ancho y alto (sus límites físicos) pero tú no tienes porque imponerte límites. Que tu ambición sea desmedida, que te sangren las ideas, que sudes de miedo y llores si ves que a pesar de tantos intentos no lo logras. No te conformes con poco, que la próxima pintura sea mejor que la anterior. Y no la des por terminada aunque lleves meses pintando.
Pero ¿cómo saber que una pintura está terminada? Cuando sientas una profunda e íntima satisfacción; algo muy parecido a la felicidad y que desearás compartir. Es ahí cuando habrá nacido el artista en ti.

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