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martes, 15 de julio de 2014

El noveno arte: Diez páginas selectas de François Bourgeon



Hay páginas en el comic que son verdaderas obras de arte. Es ahí donde el noveno arte alcanza su momento más excelso. Como artista visual, me atrae más el dibujo que el argumento, y es por eso que desde hoy haré una selección de las que me resulten más atractivas. Siempre eligiendo a un autor y a una saga. Con el propósito -más que nada- de que la entrega tenga unidad temática y estilística.


Por Rubén Ladislao - Licenciado en Artes Plásticas

Empiezo con la “Historia de Cyann”, dibujada por François Bourgeon y guión de Claude Lacroix. Los "botones de muestra" fueron extraídos de la saga compuesta de cuatro títulos: “La fontana y la sonda”, “Las seis estaciones de Ilo”, “Aieia del Aldaal” y “Los colores de Marcade”.



François Bourgeon es un hombre culto y erudito de varios temas: arquitectura, navegación, historia, antropología social, etc., y que luego trasmite en su obra como dibujante, junto a sus otras pasiones: la liberación de la mujer, la denuncia de las injusticias históricas como la esclavitud y, sobre todo, la experiencia de la aventura como iniciación formadora. 


No son los álbumes de Bourgeon obras para consumo rápido, máxime cuando en todas ellas las mujeres marginadas son las heroínas. Brunelle, Isa, Marieta, Cyann, todas van evolucionando desde la inocencia hacia la realidad en busca de la ansiada libertad, para darse cuenta en el camino que lo que realmente cuenta es el alma de los personajes, sus sentimientos, sus contradicciones, lo que sienten y lo que padecen.




En el camino hacia la aventura hay de todo un poco y en esta confluencia de opuestos está el estilo de François Bourgeon, a la vez clásico y moderno, insinuante y meticuloso, conservador e innovador, violento y sentimental, que mediante una meticulosa y exhaustiva documentación nos adentra en épocas imaginadas o olvidadas de la historia, mediante su enorme talento narrativo y su facilidad para crear ideas con imágenes de colores de vidriero que modelan los relieves y definen las formas.


En "La Fontana y la Sonda", los autores imaginaron una futura civilización humana asentada en un planeta remoto, cuyo origen se remontaría a siglos atrás, cuando la Tierra comenzó a colonizar planetas compatibles con la vida.



En este planeta, de nombre Olh, surge una extraña enfermedad mortal que se extiende a toda velocidad entre la población masculina, hasta el punto de acabar con la vida de Cobalto,  heredero del régimen Olsimar, hermano de la caprichosa Cyann y novio de la arribista Nácara, las protagonistas de la historia.


Estas mujeres se verán enfrascadas en los preparativos del viaje al planeta ilO, donde creen puede estar el remedio a la enfermedad que amenaza con poner fin a su civilización. En el proceso se verán implicadas en una serie de intrigas político-conspiracionistas con los de O, comunidad portadora del conocimiento científico, rival de los Olsimar  y sospechosamente inmune a las fiebres púrpuras.


Bourgeon ya había demostrado en el pasado su talento a la hora de plasmar ambientes exóticos verosímiles y definir personajes femeninos con carisma. Si para sus series anteriores ("Los Pasajeros del Viento", "Los Compañeros del Crepúsculo"), se documentó a fondo acerca de las épocas en las que se desarrollaba la acción, en esta su primera aproximación a la ciencia ficción, recurrió a su amigo Claude Lacroix para componer un entorno ficticio de  una complejidad inusitada: flora, fauna, vestidos, peinados, tradiciones, estructura social, tecnología… Todo perfectamente plasmado en unas planchas que son todo un festín para la vista.


El arte de François Bourgeon atrae precisamente por no escatimar resfuerzos en los detalles y equilibrar naturaleza exótica con arquitectura futurista. A pesar de estar en mundos desconocidos, siempre sus páginas recuerdan algo de nuestra historia medieval o renacentista. Su naturaleza colorida -sin embargo- nos sitúa en un planeta exótico y virgen, similar a Avatar, no sólo por su exuberancia, si no  también  por sufrir la amenaza de la destrucción.


Quizá el punto más débil sea el tratamiento de la figura humana. Con gestos un tanto teatrales y expresiones desmedidas que insinúan más comedia que drama. Otro punto débil (al menos para mí) son los globos de texto, con una caligrafía un poco descuidada y alejada del formato clásico del dibujo. También existe un esporádico y recatado erotismo que nos hace recordar de que son relatos para adultos, lo que le confiere un imán adicional al argumento.


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