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sábado, 12 de julio de 2014

El anillo del capitán Beto



De Haedo al Cielo
 
Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas


El anillo del capitán Beto -historia escrita por Luis Alberto Spinetta hace 37 años- es algo más que un peculiar relato de ciencia ficción. Rodeado de una atmósfera de nostalgia y cotidianidad, este clásico de la música popular argentina es una bella y triste canción. Cadenciosa con acordes de tango que recuerda más la calidez del hogar perdido y lejano que, precisamente, una obra de ciencia ficción con sus ingredientes característicos.
Beto -de colectivero a amo entre los amos del aire- viaja recordando lo que dejó atrás y que en su trayecto hacia el “lugar que todos llaman Cielo”, no ha podido reencontrar.
En esta obra de arte la soledad de un viajero se describe de un modo tierno y patético a la vez. Está protegido de los peligros por su “extraño anillo”, pero nada lo protege de la tristeza.
El capitán Beto es un antihéroe. Un día abandona la calidez de su barrio porteño, de su hogar y de su “vieja” para ir tras una utopía: el Cielo. Y se ve enfrentado a la problemática de los  futuros viajeros: la soledad en los viajes estelares y la sensación de no volver a ver a los seres queridos.
El de Beto, sin embargo, es el viaje maravilloso de una persona en eterna contradicción. El “amo de los aires” es un soñador que viaja a recorrer el mundo con su mochila y sin instrumentos de ninguna clase. A conocer el mundo de verdad, no el de ciudades cercanas, ni el de países exóticos. Beto recorre estrellas, galaxias, universos lejanos. Hasta llegar; en lo posible, al Cielo, meta que desde luego nunca alcanzará. Después de 15 años ya no puede más y quiere volver a su barrio, pero ya es tarde.
Hasta el momento ninguna obra de ciencia ficción (y se han escrito muchas) ha descrito de esta forma al hombre enfrentado a su destino. Y como lo dice el propio protagonista “si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará”.



                    El anillo del capitán Beto

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   con su nave de fibra hecha en Haedo.
                   Ayer colectivero,
                   hoy amo entre los amos del aire.

                   Ya lleva quince años en su periplo;
                   su equipo es tan precario como su destino.
                   Sin embargo un anillo extraño
                   ahuyenta sus peligros en el cosmos.

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   la foto de Carlitos sobre el comando
                   y un banderín de River Plate
                   y la triste estampita de un santo.

                   ¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
                   Si nadie viene hasta aquí
                   a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
                   ¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
                   Ya no puedo más de soledad.

                   Su anillo lo inmuniza contra el peligro,
                   pero no lo proteje de la tristeza.
                   Surcando la galaxia del Hombre,
                   ahí va el capitán Beto, el errante.

                   ¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?
                   ¿Dónde están, dónde están
                   los camiones de basura, mi vieja y el café?
                   Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
                   ni una triste sombra quedará.

                   Ahí va el capitán Beto por el espacio,
                   regando los malvones de su cabina.
                   Sin brújula y sin radio,
                   jamás podrá volver a la Tierra.

                   Tardaron muchos años hasta encontrarlo.
                   El anillo de Beto llevaba inscripto signos del alma.



Aspectos técnicos


Con una lírica costumbrista y urbana, la canción refleja de manera única el ambiente porteño, con un aire de tango sobrevolando todo el tiempo. La música, a la vez, es extremadamente compleja, con mucha variación de acordes, progresiones extrañas de acordes repletos de disonancias, quiebres y cambios de ritmos y un sonido triste, que se extiende a todo el disco.
Una canción que significó todo un hito dentro del rock argentino, que por obras como esta empezó a ganarse un respeto y una difusión que le eran negados hasta entonces. Cierra una discusión sobre el carácter extranjerizante que muchos detractores le adjudicaban al rock hecho en Argentina.


Historieta de Rolando Rojo en su episodio sobre "Los anillos del Capitan Beto" de Invisible publicada en el Nº 18, de Expreso Imaginario. Enero de 1978.

El anillo del capitán Beto (Luis Alberto Spinetta, 1976) por Juan Giménez

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