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lunes, 28 de julio de 2014

Lágrimas de Eros: el lado oscuro del deseo sexual

Alberto Durero.


El lado oscuro del deseo sexual es la marca de presentación de la nueva exposición del Museo Thyseen y la Fundación Caja Madrid, “Lágrimas de Eros”. Un total de 119 obras de todos los estilos y épocas han sido reunidos con un claro objetivo: visualizar todas las formas posibles de erotismo a través de la pintura, la escultura y la fotografía.

Provocación en la concepción y naturalidad en la puesta en escena. Así se presenta la nueva exposición del Museo Thyssen, Lágrimas de Eros: una colección de pinturas, esculturas y fotografías que vienen a aportar un soplo de aire fresco a las propuestas de otoño. La cultura sexual parte como engranaje de una exposición en la que han sido reunidas 119 obras procedentes de la colección permanente del Thyssen, de museos nacionales como el Prado e internacionales como la Tate Gallery, el Metropolitan Museum o el Musée d´Orsay.
El Renacimiento, el simbolismo o el surrealismo están presentes, como también el arte del siglo XIX, que cobra especial protagonismo, ya que, según Guillermo Solana, director artístico del Thyssen y comisario de la exposición, “fue en este periodo cuando se consagraron las interpretaciones eróticas y perversas”.



El nacimiento de Venus, Eva y la serpiente, las tentaciones de San Antonio o el martirio de San Sebastián son algunos de los mitos a través de los que ha sido organizada la muestra. Dada la dificultad de ordenar cronológicamente las obras, el comisario afirma que encontró en estas leyendas “un lenguaje común en el que se encontraban artistas de todas las épocas”. Y así ha sido. Adán y Eva de Jan Gossaert -que data de 1507/1508- comparte sala con las instantáneas de Rachel Weisz –fotografiada por James White en 2004- o Nastassaja Kiski –retratada por Richard Avedon en 1981-. Lo mismo ocurre en la sala dedicada a las esfinges y sirenas, donde la escultura Esfinge (2006) de Marc Quinn, que retrata a Kate Moss, comparte pared con las ninfas retratadas en 1881 por Edward Burne-Jones y, en 1918, por Franz von Stuck. Otro ejemplo puede apreciarse en las sala de Andrómeda encadenada donde pinturas del XIX como las de Gustave Doré o John Everett Millais se disputan la atención de los presentes con lienzos de Salvador Dalí y esculturas como la de John de Andrea, de gran realismo.

Rachel Weisz –fotografiada por James White en 2004.

Pero además de explotar el diálogo entre las piezas, ciertas salas y obras destacan. Así ocurre en la sala del martirio de San Sebastián, en la del beso –donde comparten espacio trabajos de Géricault, Munch, Rodin, Ernst, Magritte o Warhol- y en los lienzos Mujer en las olas (1868), de Gustave Courbet; y La tentación de san Antonio, 1877, de Paul Cézanne.
A juicio de Solana, la exposición viene a poner en conjunto una serie de historias y figuras míticas “fácilmente reconocibles por el público”. El propósito de la exposición, según ha comentado, era mostrar “cómo los mitos de siempre siguen hablando a los artistas”, así como -ha dicho esperanzado- “al público que la visite”.



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