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sábado, 12 de julio de 2014

Marta Minujín de paso por Neuquén


¿París, Nueva York y Neuquén?


El viernes 9 de noviembre (2012) en el Museo Nacional de Bellas Artes, de Neuquén, inauguró la popular artista Marta Minujín una retrospectiva llamada “París-Nueva York-Neuquén”. Si sacamos del afiche nuestra pequeña ciudad -que no creo signifique algo importante en su trayectoria-  quedan dos metrópolis fundamentales para ciertos artistas que pretenden sentirse protagonistas en el contexto artístico mundial: París y Nueva York. 
Todavía sobrevive en el inconsciente colectivo eso de que si no te radicas en París o Nueva York, será casi imposible que tu carrera artística prospere. “Me moriré en París” decía el poeta peruano César Vallejo, pero de eso ya han pasado casi 100 años, y muchos -aún hoy- “mueren por París”.


Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas.





Pero vamos a lo nuestro

Cuando llegué al hall del Museo Nacional de Bellas Artes el espectáculo ya había comenzado. Una cantidad récord de asistencia rodeaba a la artista. A su lado sobresalía una cabeza (de pelos canosos y en punta) que supuse era la del director del Museo.
El asunto es que estaban todos felices junto a una escultura que representaba a la Estatua de la Libertad cubierta de cerezas. ¡Qué jugada! Estaba entusiasmado porque nunca había sido testigo y protagonista de una muestra de arte divertida o donde la consigna sea lo lúdico y culinario.



Sospecho que los frutos eran de San Patricio del Chañar, lo que significa que la cosecha del presente año ya se había iniciado y yo, con lo que gustan las cerezas, ni enterado.
A pesar de la tentación me resistí a probarlas. Se bien cuáles son los efectos colaterales de comer cerezas y si probaba una no me podría detener.
Volviendo a la estatua, ¿cómo interpretar esa acción de arte o instalación o arte culinario o arte conceptual o arte efímero o happening? Recurro al catálogo que siempre viene en ayuda a los que estamos en la vereda opuesta de estas manifestaciones tan modernas. Dice: “La muestra comienza en el hall del museo con una obra emblemática de Minujín -la Estatua de la Libertad de Cerezas- que sintetiza en gran medida el espíritu y la idea de que la libertad es un fenómeno individual y a la vez colectivo, que se comparte socialmente”. Eso dice el catálogo.



Otras interpretaciones:

1) Que es una estatua tercermundista y que representaba cabalmente lo que significa para nosotros la libertad. 
2) Que en nuestros países cada uno la interpreta a su gusto y conveniencia.
3) Que estaba cubierta de cerezas porque al comerse las cerezas (o sea la libertad) el jugo del fruto suele chorrear por nuestras bocas. Ese jugo es rojo. 
4) Que el proceso está invertido. Para llegar a la libertad plena primero se debe empezar por un plato de comida y terminar por el postre. Y no al revés. 
5) Que sólo es una manifestación de arte simpático para divertir al pueblo. 
6) Que el pueblo nunca se cansa del pan y del circo.

(Fin del listado)



Aclaración: Pueden haber muchas más interpretaciones. Lo dúctil de estas manifestaciones posibilita que cada lector puede opinar lo que se le ocurra sin ningún riesgo de represalias. Ya que es precisamente el arte contemporáneo el que induce al espectador a interpretarlo a su gusto. Así sea.


¡Por fin!

Después del ataque ininterrumpido al símbolo de la Libertad (quedó en un estado lamentable) vendría el plato de fondo y pudimos entrar a la sala de exposición. No sabía si ir o venir porque la masa ilustrada me empujaba de un lado a otro.
Nunca había visto tantos camarógrafos y fotógrafos que se pisotearan y golpearan unos a otros por registrar una buena imagen o testimonio. No sé por qué todos tenían que andar a la siga de una cabellera plateada tratando de escuchar las cosas supuestamente graciosas que decía (es una artista “simpática”, aseguran). Eso era un caos pero indudablemente, también, un éxito. Tiene toda la razón Marta Minujín cuando afirma que es la artista argentina más mediática y en ese momento quedaba demostrado.

Después de cinco minutos, salgo


Con el pueblo exultante y por momentos fuera de control siento que mi integridad física y emocional está en peligro y antes de ser pisoteado por algún fans que recurre a cualquier medio para estar cerca de su ídola, decido escapar y volver otro día.
Audaz, rebelde, contestataria, desprejuiciada, innovadora son algunos de los términos que se usan cuando se habla de Marta Minujín. No sé en qué momento esas “cualidades” se transformaron en valores estéticos, algo que hace más a la moda y me resultan mucho más apropiado para Lady Gaga, que es estos día viene a la Argentina. 

Minujín se autoproclamó como la reina del pop de Latinoamérica y de paso coronó a Andy Worhol como el rey del pop de Norteamérica.

Ya es de noche y me voy caminando por las calles de Neuquén tratando de ordenar las imágenes que revoloteaban en mi mente. Volvería cuando haya menos gente, más tranquilidad, el espíritu esté más templado y sereno. No quiero ser injusto y que mis palabras denoten algún tipo de prejuicio o animosidad.
Empiezo a comprender las desventajas de no vivir en París o en Nueva York, donde te puedes codear día a día con las celebridades. Somos muy inocentes y cada vez que viene un famoso nos desbordamos emocionalmente, como niños de un jardín de infantes ante el payaso Plin Plin.
No estaba muy seguro pero creía haber visto un pelotero armado de colchones. “¡Qué loco!”, me dije. Volveré otro día aunque de la Estatua de la Libertad de Cerezas ya no quedasen ni los carozos.

Parte 2



“Tengo buenas y malas noticias para vos...” 

Como era de suponer -después de la inauguración- todo está mucho más tranquilo en el Museo Nacional de Bellas Artes, de Neuquén. Hay que ser compresivo con la gente. Van por espectáculo y Marta Minujín les da espectáculo. Además de ser una oportunidad para verla de cerca, escuchar lo que dice, sacarse una foto, tocarla y por último, mirar (si se puede) lo que ha hecho en su dilatada carrera artística. Ese “acoso” es el costo que se debe pagar por ser una artista mediática.
Aclaremos antes de continuar que esta muestra es una abreviada de la retrospectiva organizada hace un año en el MALBA (Museo Latinoamericano de Bellas Artes). En dicha oportunidad había más de cien obras y entre ellas pinturas de la década del 50. A Neuquén no trajo pinturas, hubiese sido muy bueno ver qué había y por qué dejó de hacerlo. 
Oriunda del barrio porteño de San Telmo, Marta Minujín nació en 1943. A la edad de 16 años se casó en secreto con Juan Gómez Sabaini, un economista. Llevan más de cincuenta años de casados, y tienen dos hijos. Para una artista tan transgresora le destaco su burguesa y convencional vida privada. Son muy pocos lo que tienen la dicha de celebrar Bodas de Oro.

A la izquierda, una obra de Marta Minujín, a la derecha, dos de Salvador Dalí.

Empezamos

Entro por segunda vez a la sala de exposición. Esta vez puedo tomar apuntes sin que nadie me moleste. Mientras le saco una foto a una de las primeras obras, una señora que no conozco se me acerca y me pregunta “A usted le gusta esto”. “Sí -contesto- hasta el momento es lo que más me gusta”. Se aleja quizá decepcionada por mi respuesta. La obra en cuestión, es un busto de una escultura clásica intervenida y fragmentado como por una tostadora de pan. Claro que enseguida me recuerda a la “Venus de Milo con cajones”, de Salvador Dalí realizada allá por 1930.
El catálogo dice a propósito de la obra de Minujín que“...elige figuras emblemáticas de la antigüedad clásica, aquellas que todavía encarnan ideales de unidad, belleza y perfección y les aplica la impronta de nuestro mundo fragmentado, las faceta, las hace desplomar”. 
Este mismo discurso tenían los futuristas, surrealistas y anarquistas a comienzo del siglo XX. 

“¡Libertad, libertad, cuantos crímenes se cometen en tu nombre!”

El problema de la retrospectiva de Marta Minujín es no saber qué expresión elegir como para construir un discurso crítico de acuerdo a la pretendida trascendencia del evento: la escultora, la artista plástica (collage), la que realiza instalaciones, acciones de arte o la pretendida artista conceptual. Está todo mezclado. Para los que teorizan sobre su importancia en la vida cultural argentina esa es una de sus cualidades, porque Martita “es un espíritu libre, sin ataduras”. Ella, “es rebelde, trasgresora”, es decir va más allá de los límites establecidos.
Perdón, pero desconfío de estos slogan. No voy a explayarme sobre lo que entiendo por “espíritu libre”. Sólo pretendo ayudar al sorprendido espectador que no sabe por qué no se divierte o no es tan cómico lo que ve. 




¿Artista pop?

La crítica destaca de Minujín esas “facetas relativas a una producción que además de libertad, vorágine, exceso y egocentrismo, se caracteriza también por su método, precisión, rigor, resistencia, generosidad y un fundamental espíritu crítico, todas cualidades que claramente han contribuido a conformar una producción de vanguardia tan variada como compleja.” 
Sin embargo ella dice todo lo contrario: "Me autodefino como pop. Arte popular, arte que todo el mundo puede entender, arte feliz, arte divertido, arte cómico. No un arte que es necesario entender, es un arte que es necesario gustar y lo entendés."  
No se puede ser popular y complejo a la vez. 


Marta Minujín realiza en 1985 con Andy Warhol el pago de la deuda externa con mazorcas de maíz. Durante esta acción la artista “paga” simbólicamente a Warhol la deuda externa argentina.

Maíz por deuda externa

Volvemos a lo culinario. El día de la inauguración fueron las cerezas y ahora es el maíz, ese alimento precolombino tan emblemático. Así como tengo debilidad por el kuchen de cerezas, alguna vez (antes de morir) deberían probar el pastel de choclo, aunque para ello tengan que cruzar (de Este a Oeste) la Cordillera de los Andes.
Esto de la deuda externa es un asunto que nos ha perseguido desde siempre. Nacimos como país independiente pidiendo por favor algo de prestado, pero después nos enojábamos si nos querían cobrar. Extraña paradoja, pero algo muy típico entre nosotros, países en vía de desarrollo, en todos los aspectos.
El asunto es que en 1985 a la Minujín se le ocurrió realizar una puesta en escena y se fue a Estados Unidos, convenció al bueno de Andy Whorol para que se prestara a una payasada que se ha encargado de contar, una y otra vez, hasta el hartazgo. 
"Llevé -cuenta- todos los choclos, hice una montaña, pusimos dos sillas y nos sacamos diez fotos. Yo agarraba el choclo, él subía, yo se lo ofrecía y él lo aceptaba. Así la deuda externa quedaba paga. Pensando que yo era la reina del pop por estos lados y él, el rey del pop por allá, tenía sentido que saldáramos la deuda. Después regalamos los choclos firmados a la gente. Esa fue la última vez que lo vi. Murió dos años después." 
Esto -que también lo podemos catalogar como arte simpático- no sirvió de nada. La Argentina siguió endeudándose y por los registros fotográficos podemos deducir que Andy tampoco estaba muy contento. Todo mal, o no tanto...

Izquierda, bolsos-mochilas de Marta Minujín, a la derecha, recolección de coca en Bolivia.

“La belleza es lo que te da felicidad”

En el gran salón de exposición algo me llama la atención. Es como un imán que te atrae. Mi retina se llena de colores primarios. No sé cómo llamarlo pero, desde luego, que es una obra inspirada en las culturas originarias. Por fin, nuestra reina del pop comprende su propia prédica y realiza algo que nuestros pueblos vienen haciendo por miles de años. Ellos -a esas mochilas- le dan un uso utilitario; le sirven a las mujeres para cargar a sus hijos, alimentos para vender y mercadería comprada. En el caso de Minujín dudo por lo intrincado de sus formas que tengan un uso utilitario, pero eso no tiene importancia. El arte es así, maravillosamente inútil.


En esta misma línea están los collage: pequeños géneros “pintados por la propia artista” que cubren un espacio bidimensional. Un minucioso trabajo que destaco por su cuidado y prolijidad. No me gusta, pero le reconozco su oficio y me alegro por ella. Una artista que ha producido durante 50 años en algún momento debió realizar obras de valor y que van en correspondencia a la moda flúor que luce tan vistosamente. Ella es una obra de arte.
Cuando se lo propone, Minujín es talentosa y laboriosa. Aprendió de los aborígenes  de Bolivia y del norte argentino que la artesanía suele dar mucho más trabajo que el arte. Debió seguir en esta senda, pero se dejó encandilar por las luces de colores que otorgan popularidad pero no prestigio, como veremos en la próxima entrega.

Parte 3


-¿Le vas a dedicar tres capítulos a Marta Minujín? -me pregunta un amigo. 
-¿Por qué no? -le contesto.
-Me parece una exageración.
-Pero la han presentado como el evento cultural del año.
-¿Dime algo importante que haya hecho?
-Y bueno, el Partenón de libros prohibidos, el Obelisco de pan...
-Déjate de joder...
-¡No, no puedes ser así! Mira que en la muestra del museo hay cosas que son interesantes, de oficio y mucho esfuerzo. Por ejemplo dos esculturas de alambre muy prolijas. Metal, orgánicos y tejidos...
-¡Bueno, chao! -me interrumpe y me deja hablando solo.


¿Y los colchones?

No alcancé a mencionar su obra cumbre y que ha venido arrastrando desde su juventud. En 1962, Minujín empezó a trabajar con colchones usados y que luego prendía fuego con la ayuda de otros pirómanos colegas. Más tarde siguió creando sus propios diseños, pintados con colores estridentes y “cosidos por sus propias manos”. 

Marta Minujin, 1963.

Actualmente no sé si los quema o no, pero el que está expuesto en el MNBA no es como para ser  hecho cenizas. En la entrega anterior lo confundí con una mochila o bolso, cuando en realidad es un colchón evolucionado. Una especie de metamorfosis colchonera pop.

Casi todas las especies animales se las han ingeniados en procurarse un lugar más o menos cómodo para dormir o, simplemente, descansar. Pero los colchones fueron uno de los grandes inventos de la raza humana. En un comienzo sólo pieles amontonadas que amortiguaban y aislaban el duro suelo. Más tarde se inventaron los primeros colchones modernos: un gran saco relleno con plumas, algodón y trapos cortados en forma pequeña.
Esto fue un cambio muy importante porque ayudó a que nuestro descanso fuese más reparador y pudiésemos dormir profundamente. Sin embargo, este tipo de sueño -según el psicoanálisis- generó imágenes recurrentes, obsesivas y paranoicas. Algo, más o menos, contradictorio porque un sueño agradable no debería por qué provocar perturbaciones. Pero resulta que por la misma razón que alcanzamos el estado REM, es que surgieron historias aterradoras.




Tendría que llegar Marta Minujín para que estos trastornos obsesivos se conviertan en arte. ¿Cómo comprender este logro? En realidad quemar colchones parecía una burla a miles de familias necesitadas que hubiesen dado cualquier cosa con tal de tenerlos en sus dormitorios. Quizá Minujín comprendió esto e intimidada con su propia osadía trasmutó ese acto destructivo en materia prima para obras de arte. Es más, los propios colchones se convirtieron en arte. Era el mito del Ave Fénix que de las cenizas renacía para deleite y felicidad  de los espíritus que comprendieron y comprenden el mensaje. 
En una tercera etapa se trató de convertirlos en un lugar para la diversión. Otro cambio fundamental en la historia del arte argentino.
La cuarta, y última etapa, (suponemos que en gestación) consistiría en regalar esos colchones a cualquier villa miseria de las miles que existen en la Argentina y aliviar en algo el dolor de muchas familias.

Primero se saca los zapatos y luego el espectador se convierte en actor.

¡Todos al pelotero!

En la exposición de Marta Minujín en el MNBA, de Neuquén, hay expresiones que no analizaré. No entiendo de arte conceptual, videoarte, instalaciones, performance, happening, arte de los medios, psicodelia y arte de acción. No entiendo pero tampoco me interesan. Por lo tanto trataré de centran mis últimos esfuerzos (y aprovechando el impulso) en desentrañar una instalación (supongo) que en estos días ha hecho las delicias de niños y adultos: ¡El pelotero de colchones! 



Esta es una frágil construcción hecha para ser efímera y atada con lazos (como se puede apreciar en la fotografía). Posee en su interior una pantalla donde se puede ver un video que, por lo general, nadie presta atención. ¿Por qué sucede este desinterés? Porque aflora en cada espectador ese niño que todos llevamos adentro y que vive la inefable experiencia de estar dentro de una obra de arte. Saltan, ríen, juegan y se empujan felices. ¡Es el arte lúdico! Puedo ver en sus rostros una expresión de plenitud y todo gratis, no como en los otros peloteros; los privados.

El Obelisco de pan dulce y el Partenón de libros.

No quiero darle la razón a mi amigo, pero... 

El arte surgió para oponerse a lo establecido y no convertirse en lo establecido. En el siglo XX perdió su verdadera naturaleza cuando fue institucionalizado. Le pasó lo mismo que al cristianismo cuando se convirtió en la religión oficial del Imperio Romano. Perdió primitivismo y se aburguesó.
Yo recuerdo de joven cuando leí sobre una acción de arte realizada por un grupo de artistas relacionados con el teatro alternativo. Cansados de que el público les tirara tomates porque desaprobaba sus puestas en escena, los actores optaron por invertir el proceso y, entonces, alinearon varias cajas de tomates bien maduros en el escenario y a la cuenta de “tres”, empezaron a lanzárselos al público que no salía de su asombro y estupor. Casi los matan. Año 1924.
Ahora los “rebeldes y transgresores” exponen en los mejores lugares. En ningún salón son rechazados, ganan todos los concursos y becas, tienen el apoyo del Estado para participar en bienales internacionales y tienen garantizado el apoyo de los medios que masivamente repiten palabras como “genio”, “original”, “maravilloso”, “extraordinario”, “transgresor”...
Yo hago un esfuerzo por despojarse de treinta mil años de experiencia estéticas y pararme ante estas expresiones sin prejuicios, pero es muy difícil. Sigo relacionando arte con talento, así de simple. Si vamos al cine elegimos una película que en lo posible nos guste y nos haga vivir una realidad diferente. Ni hablar si compramos un disco o un libro... Esto es de una elementalidad tan obvia que resulta hasta irritante explicarlo una y otra vez.


Izquierda, mosaiquismo de Marta Minujín, derecha, "Ventana", Art Nouveau, año 1900.
Esto de presentar a Marta Minujín como pionera puede ser una curiosidad para el espectador desprevenido. Nada de lo que hizo en la Argentina ha sido original. Siempre ha estado inspirada en el anarquismo, surrealismo y dadaísmo de comienzos de siglo XX y más tarde adhiriéndose a cada movimiento de vanguardia que surgiera.

¿Así que “todo es arte”?

“Todo es arte” es una frase que me molesta particularmente repetida hasta el hartazgo por nuestra popstar. Si la aceptamos, debemos aceptar también que cualquiera pueda ser artista y suponer que no es necesario estudiar, superarse o esforzarse. 
Esto degrada a una de las manifestaciones más nobles del espíritu humano. No importa si algunos nacen con talento porque todo da lo mismo. Por ejemplo, cualquier objeto fabricado en forma serial adquiere la categoría de arte con el solo hecho de ser exhibido en una galería o museo. 
Pero sobre todo es una frase estúpida y refleja de un modo patético la degradación intelectual de un grupo que con la complicidad de los medios ha logrado una notable permanencia. No pasa de moda.
Las artes plásticas nunca estuvieron en ningún trono de privilegios como para destronar. Fue en el siglo XX cuando se alejaron del público debido a un ataque de pedantería y egocentrismo propio del mediocre que sueña con aparentar.



Cenizas del volcán Puyehue, otro de los grandes logros artísticos de Minujín.


El artista casi siempre ha trabajado a la par con el pueblo, muchas veces siendo un artesano, un alfarero, un ceramista o un joyero. Hace miles de años pintó en las cavernas que habitaba, después construyó pirámides, esculturas, vitraux. Hizo arte religioso y pagano. Fue geométrico, realista, abstracto y nuevamente realista. Pero siempre lo que sus manos trasmutaron en belleza fue comprendido, admirado y querido. Y queremos que siga siendo así, así como siempre ha sido.




Nota de la Redacción:
Artículo publicado en el blog Resistencia Realista
el 14 de noviembre de 2012


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