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sábado, 12 de julio de 2014

Matar a los jurados


Ya está, llegó el momento. Hay que terminar con esta casta oprobiosa que sigue haciendo de las suyas. Hay que terminar con los jurados y dejar que decida el pueblo. Hay que democratizar el arte.
Escribo estas líneas desde un apartado lugar de la Patagonia. Neuquén es una provincia argentina y también es el nombre de su capital. Con poco más de 250 mil habitantes es una ciudad de una vida cultural de escasa relevancia nacional y menos aun internacional. Es por eso que cuando se anunció que se expondría en nuestro coqueto  Museo Nacional de Bellas Artes el Salón Nacional de Pintura 2011, organizado por la Fundación del Banco Nación Argentina, generó muchas expectativas. Y ahí estuvimos -firmes- esperando a que abrieran las puertas. 


Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas




¿Qué pintura queremos ver?                                                                                                             
Hace años que vengo desconfiando de los salones de arte pero igual asisto a estos eventos con la remota ilusión de ser sorprendido. Personalmente quiero ver demostraciones de talento. Pararme ante un cuadro y emocionarme. ¿Es mucho pedir? No lo creo.
Es lo mismo que buscamos en una novela, en una película, en un concierto, en una canción. Ni más ni menos. Deseamos vernos representados e identificados ¿por qué tendría que ser diferente cuando miramos una pintura? 
A la pintura la hemos agobiado de conceptos. Queremos ser filósofos, comunicadores sociales, políticos, revolucionarios pero no pintores. La hemos despojado de sus atributos milenarios y convertida en un producto feo e insulso.






Los señores del jurado                                                                                                  
Sabemos que nuestras preferencias en arte están en íntima relación con lo que hacemos. Un jurado selecciona y premia obras que se asemejan a su propia experiencia. Por eso es importante que los señores del jurado tengan diferente formación y preferencias artísticas. Para lograr, así, una muestra plural, diversa y que conforme a un gusto variado. En lo personal, me doy por satisfecho que de las obras exhibidas existan sólo el 5% que me sorprenda gratamente. No pido más.
Antes de asistir al glorioso día de la inauguración (5 de agosto) realicé un pequeño trabajo de investigación. Quería saber quiénes habían sido los jurados. Si eran teóricos del arte o pintores, por ejemplo y con qué tendencia se identificaban. Estos fue el resultado: 
Jurado de selección: Diana Aisenberg (pintura ingenua), Juan Astica (expresionismo abstracto), Alejandro Miguel Dávila (realismo gráfico), Daniel García (pop art) y Felipe Pino (expresionismo figurativo).




Jurado de premiación: Juan José Cambre (pintor geométrico), Mercedes Casanegra (historiadora del arte y especialista en arte contemporáneo), Fernando Farina (licenciado en artes plásticas, teoría y crítica), Josefina Robirosa (abstracto) y Eduardo Stupía (abstracto).
Todos identificados con expresiones estéticas desarrolladas entre los años 40 y 60 del siglo XX. Con el agravante de que el 70 % de ellos aún no había nacido cuando Jackson Pollock, por ejemplo, chorreaba latas de pintura sobre las telas. ¿Será posible que este salón sea más de lo mismo?
Llegaron mil catorce (1014) obras de todo el país y quedaron seleccionadas cuarenta (40). Tamaña tarea  si pretendemos lograr (como creo que debería ser) un conjunto lo más representativo de la variada propuesta de estilos que existe hoy en día.

El día de la inauguración                               
       
En estos últimos cien años han pasado cosas buenas y malas en las artes plásticas, pero las inauguraciones siguen siendo el evento social y cultural más importante en el cada vez más reducido mundillo del arte. Además de comer y beber en abundancia (una demostración impúdica de derroche), en ellas se pueden mostrar los diferentes exponentes del arte compartiendo con funcionarios y políticos que intentan desesperadamente por aferrarse a eso tan volátil que se llama “poder”. 
“En coincidencia con los lineamientos del Gobierno Nacional, la Fundación Banco de la Nación Argentina intenta hacer su aporte para que todos los sectores de nuestra sociedad accedan a los beneficios materiales que devienen del crecimiento económico y del proceso de redistribución del ingreso”, expresó Silvia Gallego, presidenta de la Fundación.
Como sea, y después del suculento ágape, las excelentísimas autoridades se dispusieron a dejar por inaugurada la muestra. Cortaron las cintas que nos impedía el ingreso a la sala de exposición y por fin pudimos ver lo que los pintores de la vanguardia argentina nos ofrecían.

Parte 2

Museo Nacional de Bellas Artes, Neuquén

                                                               
  “Yo veo al futuro repetir el pasado
                                                                y veo un museo de grandes novedades y el tiempo no para”


Explico algunas cosas

Antes de continuar quisiera dejar en claro no tengo nada contra los colegas premiados ni seleccionados. Es lindo ganar de vez en cuando un premio que te haga sentir reconocido o que te haga creer que tu trabajo es algo importante y que interesa. Además del dinero, claro está.
Tampoco tengo nada contra los organismos (sean de gobierno o no). Pobres, ellos sólo quieren estimular a la cultura nacional y predisponen dinero para ello.
Y por último, no pretendo ser portavoz de nadie. Algunos colegas están muy temerosos de hablar y expresar lo que sienten. Creo que nadie va ir preso por decir que está podrido del arte abstracto, por ejemplo.
“Resistencia Realista” nació sólo hace unos meses como un espacio para revalorizar el arte realista (ese que gusta a la gente común y corriente), difundir la ilustración y dar a conocer a los grandes dibujantes del comic (el noveno arte) y soy el primer sorprendido del éxito que ha tenido. Más si considero de que el 95% de los blog dedicados a la pintura difunden sólo expresiones realistas.


Cuando entro a la sala de exposición -cuan zombi sin pestañar- trato de abarcar con toda la mirada la propuesta, de una sola vez.

“Siento como se multiplican las voces, el “salón de los rechazados”, crecen las ferias genuinas, los artistas plurales y talentosos, los creadores incansables en todo el país, a pesar de que muchos no tienen apoyo, ni paredes donde colgar, ni palabras grandilocuentes, ni fiesta de flashes, sponsors y champagne. Resisten estos artistas el maltrato y la soberbia “contemporánea”. Pintores, escultores, grabadores, y dibujantes argentinos que esperan simplemente que les den un espacio y una oportunidad.”

(Comentario de un lector de RR)

El primer premio se llama “Jardín con árbol”, de Juan Andrés Videla. La mejor de entre 1.014 que participaron, según el jurado.
La miro, me recuerda esos daguerrotipos de mediados del siglo XIX, cuando la fotografía estaba aun en pañales.

Y como no soy un improvisado                                                                                                   
Días antes a la inauguración busqué en los diarios nacionales algo que me explique y me de alguna pista sobre este Salón Nacional de Pintura. Esto fue lo que encontré:


“La multiplicidad de propuestas, poéticas, técnicas, edades y procedencias de los artistas provoca tanto entusiasmo como desconcierto. Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias (cita palabras de Borges) son las que suelen marcar el paso de todos los salones, y el Salón Nacional de Pintura de la Fundación Banco de la Nación Argentina, que se puede visitar en el Centro Cultural Borges, no es la excepción.” (Julio Sánchez, diario La Nación.)


“La gran mayoría de obras figurativas antes que abstractas; la utilización general de la pintura como una materia de poco espesor; las relaciones de varias de las obras con lo retro, con lo vintage; las relaciones con el enfoque y composición fotográficos; una fuerte influencia de lo infantil y lo decorativo incorporado a las composiciones; y la torpeza puesta en primer plano, como fortaleza.” (Mercedes Pérez Bergliaffa, diario Clarín)

“La muestra, pone en valor la producción de talentosos artistas argentinos procedentes de los más variados puntos del país, a la vez que nos posibilita tomas contacto con las más recientes tendencias estéticas...” (Oscar Smoljan, director del MNBA, de Neuquén).


El segundo premio se llama “Natural vista”, de Hernán Salamanco. Es una pintura mitad abstracta mitad figurativa. Por un momento es un desfiladero con pinitos y en otro momento sólo manchas y rayas.

Reconozco mi ignorancia                                                                                                                            
¿Qué saben los señores del jurado, comentaristas o críticos de arte que yo no sé? ¿Será posible que en toda mi vida haya aprendido tan poco de pintura... Algo está pasando y yo no me he enterado. Mis temores se han hecho realidad. El jurado ha premiado lo que se parece a lo que ellos hacen. Son tan simples y elementales. Son incapaces de cortarse la lengua o neutralizar sus papilas gustativas.
Si me dejo llevar por este salón puedo determinar que la pintura argentina no existe. Lo que veo no son más que fantasmas que cruzaron el Atlántico disfrazado de inmigrantes y que vienen a asustarnos (de malos que son).
Rayas, manchas, líneas, cuadrados, rectángulos. Nada que nos diga que vivimos en la Argentina, con sus grandezas y sus miserias. Estos artistas no quieren nada con la realidad y que les obligue a trabajar. Quieren entrar por la mañana a su atelier y salir por la tarde con una “pintura” bajo el brazo.
Todo muy parecido a Wassily Kandinsky, Henri Matisse, Paul Klee, Jackson Pollock, Mark Rothko,  Pierre Soulages. Por último, nada de Dalí, de Picasso, de Vasarely, de Bacon. Algo que signifique un mínimo esfuerzo creativo y un dominio de las formas y materiales.
Decepcionante, una vez más.

El tercer premio se llama “Comunidad origami”, de Marina Laura de Caro. 
El origami un arte de origen japonés y consiste en el plegado de papel, para obtener figuras de formas variadas. Ideal para incorporarlo a un programa de educación inicial.


El pueblo quiere saber de qué se trata

El cambio debe ser radical y revolucionario. En una primera instancia la propuesta pasa por eliminar al jurado de selección y llamar a una participación ciudadana. Debe ser el pueblo el que elija. Para ello cada persona podrá votar por cinco obras de todas las presentadas. Las 30 más votadas quedarían a consideración de un jurado de premiación (de “notables”).
Esto es democratizar el arte y el impacto en toda la comunidad estaría garantizado. Es una propuesta “progresista”, pero de verdad.
De la otra forma, seguiremos realizando sabrosas inauguraciones y desarrollando nuestro gusto culinario. Encandilados por los flashes pero sin comprender que no son más que luces de colores y muy poco de arte.

                             “Cansado de correr en la dirección contraria
Sin podio de llegar y mi amor me corta la cara porque 
soy sólo un hombre más”.


                                                                                                                         Versuit Bergarabat


Nota de la Redacción
Artículo publicado en el blog Resistencia Realista
Noviembre de 2012

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