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miércoles, 2 de julio de 2014

Reina, torre y alfil, de Rubén Reveco

"Reina, torre y alfil", técnica mixta. 120 x 92 cm.

¿Por qué le interesa el sexo como tema en el arte? me preguntaron una vez: Porque el instinto sexual es la chispa divina que da origen al milagro de la vida. Ni más ni menos. 


El sexo como fuente para el arte

JOAQUÍN RÁBAGO (EFE)

Desde la antigüedad, los artistas de todas las culturas se han interesado por la representación de la actividad sexual no como acto para procrear sino sobre todo como fuente de placer.
Hace unos años, se realizó en Londrers una exposición, titulada "Seducidos: Arte y Sexo desde la Antigüedad hasta ahora", reunió unas 300 obras que cubren un período de dos milenios y que incluyó estatuas romanas, manuscritos indios, pinturas renacentistas y barrocas, acuarelas chinas, grabados japoneses, fotografías eróticas del siglo XIX y arte contemporáneo en distintos medios como la fotografía y el vídeo.
La exposición trató también de cómo muchas obras de contenido explícitamente sexual han permanecido ocultas en museos o colecciones en determinadas épocas para reaparecer luego a la luz pública al cambiar la moralidad imperante.
Así, mientras en la antigua Grecia eran moneda corriente las imágenes que representaban actos homo o heterosexuales, en la Inglaterra victoriana eran guardadas celosamente bajo llave en departamentos secretos como el que tenía el Museo Británico.
La supervivencia de muchas de las obras como las que integraron ldicha exposición dependió en muchos casos del coleccionismo particular.



Pintando, año 2010.



Sexualidad masculina



Hay que saber lo que hay que hacer y hacerlo de la mejor manera y en el momento exacto. 
¡Hablemos de sexo! De eso que dura poco y que consigue hacernos sentir inmortales.
De ese momento esplendente, donde intervienen los sentidos corporales, los mentales y también aquello que denominamos espíritu. Hacer el amor, es más que un acto, es una obra completa; es lo que vemos, lo que oímos, lo que olemos, lo que saboreamos y finalmente lo que tocamos.
También está lo que sentimos, lo que imaginamos, lo que deseamos y lo que vamos a recordar. Luego está, en lo que creemos, lo que nos hará crecer o decaer, lo que nos hace quedarnos en la superficie o lo que nos hace profundizar, lo que nos confunde o nos reafirma.
Todo esto, a la vez es hacer el amor. Erich Fromm en, El Arte de Amar, nos habla de que somos emisores y receptores de señales.
Todo cuanto hacemos, es una evidente o sutil manifestación de algo específico. Cada una de las partes del cuerpo es un transmisor eficaz. Cada gesto cada movimiento es un asunto contundente, a veces por averiguar y otras explícito. No todos sabemos hacer el amor.
No basta ser paciente, considerado y atento. Hay que saber lo que hay que hacer y hacerlo de la mejor manera y en el momento exacto. Preguntemos a un torero si un pase natural, es tan natural como su nombre lo indica; probablemente conteste que esa suerte merece de toda su atención y técnica, así como de la espera del momento adecuado.
Así como no hay líneas o trazos ociosos en la pintura de Toledo o Tamayo, así no debe existir caricia inútil en el acto de amar: cada guiño, cada aliento debe conducir a un encuentro, a un seguimiento, a una coincidencia con el otro. Nuestros puntos eróticos son aquellos, que en el momento, nos parecen impostergables.
Lo mismo sucede con los sonidos, con los sabores, olores y la visión. Edmond Morris nos habla de que el tacto es la excelencia de los sentidos y que la verdadera intimidad se inicia cuando nos tocamos; conlleva a todo lo que hemos dicho hasta ahora, que puede resumirse en la expresión personalísima del propio ser. Es decir "el coito humano es mucho más que un acto de servicio sexual recíproco... (es un acercamiento emocional, psíquico y sensorial en donde se asoman factores culturales, sociales y de principios --en una palabra--, la esencia de lo que somos), nuestros encuentros íntimos incluyen elementos verbales, pero por encima de todo el amor significa tacto y contacto corporal.
Con Frecuencia hablamos de "cómo hablamos", y a menudo tratamos de ver "cómo vemos"; pero, por alguna razón, raras veces abordamos el tema de "cómo nos tocamos".
En el tema de la sexualidad, es casi una grave omisión, obviar el capítulo del orgasmo. Nos dice el doctor Kusnetzoff, en su libro, La Mujer Sexualmente Feliz "del griego "orgao", hervir de ardor" el orgasmo es una descarga de la tensión muscular en una serie de contracciones.
No tiene una expresión única: defiere de un sexo a otro, de un individuo y de una experiencia a otra. Para describirlo de muy sucintamente manera, diré, el orgasmo es un hecho complejo donde intervienen factores fisiológicos, neurohumorales, endocrinos, pero en forma predominante los factores psicológicos.
Tanto para hombres como para mujeres lo normal, lo natural, lo sano, en una relación sexual, es compartir la experiencia del orgasmo. Sin que esto quiera decir que no tenerlos de vez en cuando sea motivo de alarma o enfermedad.
Sin embargo volvamos al doctor Kusnetzoff: "parecería existir en muchísimas parejas la tendencia a pensar y hacer del orgasmo el principio y el fin de todo; el orgasmo no es un fin sino un medio.
La preocupación por el orgasmo, por llegar a él, por mejorar su calidad, por prolongarlo, por tener más de uno, en fin, por acrecentar el placer máximo de la relación sexual, puede hacer perder de vista todo lo demás. ¿Y qué es todo lo demás? El clima de intimidad romántica, de suave ternura, palabras entrecortadas y dulces, el placer de dar y de obtener placer.
Hoy sabemos que el órgano esencial sexual no es la vagina, ni el clítoris, ni el pezón, ni el pene, ni los testículos, sino los centros cerebrales. Si bien es cierto que en la mujer existen partes más privilegiadas, todo el cuerpo femenino es una zona erógena; a diferencia del hombre que en este sentido es más genitalizado.
El hecho de que el sexo, poco a poco va dejando de ser un tabú, no quiere decir que se le deba perder el respeto; porque todo asunto que nos haga tomar responsabilidades debe ser tratado con seriedad. La responsabilidad fecunda en el conocimiento. Para poder disfrutar sin riesgos de contraer enfermedades o sentimientos confusos, insatisfactorios o de culpa, lo mejor es conocer a fondo el tema, a la pareja y nuestros deseos.

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