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lunes, 21 de julio de 2014

El culo también puede ser una obra de arte

¿Qué tiene que tener un culo para ganarnos nuestra admiración? El de un hombre, por ejemplo, ¿debe ser robusto, carnoso, imberbe, apretado, alto, bajo, estrecho, ancho? ¿Y el de una mujer se rige por los mismos principios?


He aquí un asunto para ser reflexionado sentado. El protagonismo por acción u omisión en la historia de la humanidad es el “culus”, del latín. La parte “inferoposterior del tronco de los mamíferos, constituida por los músculos que forman parte las asentaderas”, según el diccionario, nos convoca en esta especial oportunidad.
Es una parte del cuerpo que se destaca por su simpleza, belleza y utilidad. El culo -en cuestión- es una de las partes más utilizadas por los seres humanos, ya que nos pasamos sentados gran parte de la vida y sus componentes grasosos ayudan que el sentarse no sea un tormento. Bien por el culo, una a cero a su favor.



El trasero vive humillado —más aún, calumniado— para terminar enterrado en el más abyecto de los olvidos. Es una parte de nuestra anatomía que no tiene disposición natural para dar un paso adelante y se ve condenada a estar siempre en el vagón de cola de cuanto hacemos.


Breve historia del culo

Esta Breve historia del culo demuestra sin lugar a dudas que el trasero es una de las áreas más desconocidas e incomprendidas de nuestro cuerpo. Jean-Luc Hennig  recorre con paso firme el cine, la literatura, la pintura, la medicina o la publicidad para iluminar como se merece esta denostada parte de nuestra anatomía.
Rabelais, Sade, Verlaine, Rimbaud, Proust, Joyce, Bataille y tantos otros artistas quedaron fascinados por el encanto del culo. Hennig también sucumbe a él, pero comparte los frutos de su ansia de conocimiento con los lectores.
Este libro es la combinación ideal de culos y cultura.


Pasión de fotógrafos y artistas

Hay riesgos a la hora de hacer un libro de estas características, con este título: podría ser una clásica y pretenciosa puntada de la erudición, comentada por algunos y rápidamente olvidada; también peligra en convertirse en un sesudo compendio de referencias oscuras, árido por sus contenidos sociológicos, filosóficos, historiográficos... No sé si los dos caminos, en realidad, sean el mismo.



Pero nuestra "Breve historia del culo" se salva a lo grande. Hennig, colaborador del periódico Liberation y profesor en la Universidad del Cairo, ha fabricado una exquisita antología de anécdotas y reflexiones amenas en torno a la retaguardia humana, llena de historias increíbles y pensares ingeniosos.


En la fotografía


Pueden leerse en el libro, por ejemplo, las razones por las que Federico Fellini quedó obsesionado con las nalgas, el cambio paradigmático que en pintura supuso retratar la figura femenina de espaldas o un terrible y macabro recuento de la tortura anal a través de los años. Por ejemplo.


La rapera Nicki Minaj.

El tema es como un vehículo interesantísimo para pensar, la importancia que tienen las partes del cuerpo en nuestras vidas, sobre todo ésta, tan amada, a veces tan humillada, tan compartida, tan gozable, tan burlada. El culo, suena exagerado pero es cierto, es una obra maestra en la que a diario nos sentamos. Un milagro de la creación.
Decía Salvador Dalí, a manera de conclusión: “Siempre digo que, a partir del culo, los mayores misterios del mundo se hacen comprensibles”.

El culo de Betty Page, entre los más hermosos del siglo XX.

El atractivo final de la espalda

Las colas (masculinas o femeninas) son protagonistas de espectáculos y publicidades. ¿Por qué tanta fascinación por esa parte de nuestra anatomía?



¿Qué es lo primero que un hombre mira de una mujer?”, pregunté hace poco entre un grupo de colegas que suele colaborar con aportes y temáticas para esta columna. Uno de ellos contestó: “Depende de si va o viene” y una colega, sin tantos problemas de idas y venidas, afirmó: “el culo”. Lo dijo así y así lo escribo, aunque suene más académicamente correcto decir “cola” o “trasero”. La palabra “ culo” tiene una carga que las otras no tienen.Y sí, es imposible negar la dictadura que impone este tirano del deseo, que desde la publicidad, la moda o la playa ha desterrado a otras partes de la anatomía masculina y femenina a segundos planos.





La actriz y modelo Kim Kardashiam. Después de publicada esta imagen en Internet, quedó comprobado que fue retocado en photoschop. Mal.
 
Su majestad

Muchos creen que esta fascinación por la parte donde termina la espalda es una preferencia de ciertos países. Pero allí están la historia y el arte –o la historia del arte– que no me dejan mentir al afirmar que desde las antiguas civilizaciones el trasero ha sido un factor erotizante para la mirada de los otros. 
El arte de la Antigua Grecia muestra el ideal del cuerpo masculino, esbeltos y musculosos. La pintura también ha dado muestras del interés por esa zona corporal, desde las carnosas mujeres de Rubens hasta Ingres, Renoir y Matisse. El desnudo en el arte, si bien en los primeros siglos presentaba la desnudez frontal, con el tiempo también fue descubriendo la belleza de las espaldas y las curvaturas finales de las mismas. 



Ya en el siglo XX, las estrellas de cine exaltaban con su erótico caminar el poderoso atractivo de esta parte. Como muestra sólo basta ver a Marilyn Monroe en algunos de sus ceñidos vestidos para demostrar que en esa época el ideal de belleza femenino pasaba por una cintura minúscula y un trasero generoso, algo que las actuales divas de Hollywood, como la actriz Jennifer López y la cantante Beyoncé han vuelto a imponer como moda, ya que no son mujeres sumamente delgadas, sino atléticas damas con voluptuosos traseros. 



Y aunque en las cirugías estéticas todavía la gran mayoría de las mujeres opten por aumentar el tamaño de su busto, es creciente el porcentaje de féminas que van en busca de la cola perfecta, con técnicas que por ejemplo reciben el nombre de “glúteos brasileños” y que no es otra cosa que quitar parte de grasa corporal de donde sobra y acomodarla en ese lugar.




Por qué gusta tanto 

Para algunos antropólogos, la explicación de esa atracción por el culo viene dada desde la época primitiva del hombre. Si se observa el reino animal podrá apreciarse que la manera en que la mayoría copula es accediendo a la hembra por atrás, algo que los primates realizan y que se supone el hombre hacía en las primeras épocas de la humanidad, porque se ha comprobado que el acceso carnal en posiciones de frente se dieron en etapas posteriores (siglos antes del Kamasutra). Las hembras de los primates les muestran la disponibilidad sexual a los machos con movimientos de su trasero, una invitación a la que quizá los primos humanos todavía siguen respondiendo. 



Ligado a la mala fama del culo (recuérdense frases como “Me va como el culo”, “ése es un lameculos” o “lo mandaron a trabajar al culo del mundo”) está aquel mito de que los hombres que miran demasiado los traseros femeninos en realidad están expresando una homosexualidad reprimida, lo cual es relacionar el gusto por esa parte o por el sexo anal con la homosexualidad, cuando en realidad ésta se define porque el objeto de amor y placer es una persona del mismo sexo, más allá de las partes corporales de preferencia. 
En cuanto a la invasión de colas que copan la publicidad, programas de entretenimiento, cine y revistas, el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff esgrimió una teoría muy interesante: “El culo es lo que se puede mostrar, cosa que no sucede con el genital en directo, salvo en las expresiones abiertamente pornográficas. Entonces se exhibe aquello que se acepta públicamente: los cachetes”. 
Para las mujeres, aunque no haya una explicación antropológica ligada a viejas posturas coitales, la tendencia también es creciente. La cola masculina es un imán para muchas, algo que algunos strippers suelen padecer cuando, en las despedidas de solteras, los llaman para actuar y las manitos de las damas se deslizan más allá del fin de la espalda.



Un literato a su servicio 

La cola no sólo ha cautivado la atención de los artistas plásticos. En la literatura, más allá de la erótica, hay muchos autores que han dedicado parte de su creatividad a alabar la belleza de esa zona del cuerpo. Uno de ellos fue el poeta español Francisco de Quevedo, que escribió un libro titulado “Gracias y desgracias del ojo del culo”, cuyas apreciaciones harían sonrojar aún hoy a más de un pudoroso lector.

¿Mostrar el culo como acción de protesta?


 
Culos pop, quizá el mejor estilo para representar la belleza posterior.


El culo en la ilustración y el cómic

Segunda entrega de esta serie de tres. Recurrimos a la ayuda de amigos blogueros que con inteligencia y humor se han atrevido no sólo ha analizar este profundo tema, sino también a decretar un día para su celebración y erigir monumentos.



y se hizo el culo

Y hete aquí que se hizo el culo. Y Jotacé vio que era bueno. Y habló Jotacé y dijo:
"Así como este culo es bello en su redondez, así comando a vosotros, dibujantes y artistas, que dibujéis nuevos culos a imagen y semblanza. Y así dibujados sean posteados, blogueados y reblogueados; twiteados o plantados en muros virtuales, de año en año, allá por los medios de febrero. Y que ello nunca coincida con otras festividades, ya fueran estas semanales o mensuales. Y así se haga para que aún si hallárense en tierras lejanas, los hijos e hijas del hombre los contemplen, y les regocije su belleza"
Y así se hizo. Y Su Marcianidad Jotacé mandó que tal efemérides fuera llamada Big Culo Day. Y siendo aqueste el Año del Señor de 2012, sea el día de hoy recordado como el del Big Culo Day 2012.



 Druuna.

Fuente:
Un poco de seriedad, por favor

Una investigación a las miradas de dos centenares de hombres argentinos determinó que la mayoría se inclina por los traseros. Cómo se realizó el estudio. Las claves psicológicas y sexuales. Y cuánto cuesta tener la cola perfecta.
 La vieja discusión no conoce de clases y podría darse en cualquier ámbito: el típico asado entre hombres, el gimnasio, la mesa de café y hasta –¿por qué no?– en una exposición de arte moderno. ¿Miramos más a las mujeres cuándo vienen o cuando van? En esas tribulaciones se encontraban tres hombres de ciencia cuando se les ocurrió trasladar la duda al campo del estudio empírico. Después de algunos meses de investigación rigurosa y tomando como punto de encuentro y experimentación el Pabellón I de la Ciudad Universitaria de Buenos Aires, el trabajo vio la luz. Podría sonar a mirada machista –los investigadores evaluaron esa posibilidad–, pero la curiosidad y la pasión por su trabajo pudo más. El estudio acaba de ser publicado en la prestigiosa revista científica Archivos del Comportamiento Sexual, de la Academia Internacional de Investigación en Sexo. Los resultados aseguran que si a los argentinos les dan a elegir entre colas y pechos, el 60 por ciento va a alinear sus pupilas con las primeras. 


 
Boris Vallejo, en gran ilustrador peruano, realizó estos culos para portadas de revistas de cómic, de los años 80.



La pesquisa estuvo en manos del físico Mariano Sigman, doctor en Neurociencia y director del laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Las otras dos patas del trípode las componen los físicos Bruno Dagnino y Joaquín Navajas.
“Nuestra meta es tratar de entender el lenguaje y el comportamiento y para eso nos entretenemos. Hago ciencia seria y rigurosa, pero no tengo miedo a salirme de ciertos temas que se suponen convencionales”, dice Sigman, con una verborragia e informalidad ajenas al estereotipo del científico. El estudio, en el que participaron 184 hombres heterosexuales confesos, es el primero en su tipo.  Sigman explica cómo se hizo: “El estudio es bastante limitado porque estudiamos a los argentinos, pero quizá sea interesante entender por qué somos así: no porque haya otros genes sino porque tenemos una cultura que impone eso. Trabajamos con imágenes de mujeres que eran sólo lindas o muy lindas todas, entre ocho y diez puntos. Uno puede ser ‘culero’ o ‘tetero’, pero si una nariz no te gusta… entonces estudiamos la preferencia entre buenas opciones, que no es lo mismo que descartar entre malas opciones”.



 
Un poco de culo masculino.


–¿Cuál fue la metodología? 
–Son tres estudios concentrados en un trabajo. En el primero preguntamos a los hombres, que decidían si preferían entre tetas, culos o ambos. Lo más llamativo es que no había alguien en el medio: no podés ser de River y de Boca. Es como si entre los culeros y teteros hubiese cierto antagonismo. Se trata de una encuesta cuantitativa y en ese gráfico los culeros son más y, además, fanáticos de su causa. El tetero, en cambio, admite cierto término medio. 
–¿Así de simple? 
–El otro análisis es econométrico de factores. Rankeamos tetas y culos de manera superprecisa. Poníamos un diez en tetas y un culo que estaba bien y había que elegir entre eso y una mina que tenía el mejor culo del mundo y una teta que estaba bien. Encontrábamos gente que elegía el mejor culo y con eso,  puedo identificar la preferencia del que decide sin que él me diga nada.
La batería de experimentos concluye en un laboratorio que se asemeja a un consultorio oftalmológico. Allí, veinticinco hombres posaron su mandíbula para fijar su vista en una pantalla. Decenas de fotografías de pechos y colas con ropa mínima se presentan de repente. Y los ojos no mienten. “Elegían +entre una mujer que está a izquierda o a la derecha y no pregunto cuál gusta más porque si no, condiciono”, prosigue Sigman. “Lo primero que pregunto es cuál es más linda, pero en realidad me fijo qué está mirando para tomar esa decisión. Todos miran todo, no hay quien observe sólo culos. Y todos quieren caretear su preferencia y esconder un poco su mirada. La pregunta es: qué hay en esa mirada que sea indicativo de lo que realmente se quiere, y lo que descubrimos es que la primera mirada y la última va a lo que realmente importa. Si sos culero, primero comparás entre culos. Después vas arriba –las tetas–, volvés y mirás todo, la esquina, al medio, contemplás y después vas a los culos y decís: quiero el de la izquierda”.




Nunca nos importó mucho cuáles eran los argumentos de las aventuras de Druuna, la super heroína porno creada por Eleuterio Serpieri.




–¿El investigado decide en voz alta? 
–Sí, y aprieta el botón del mouse. Pero no nos importa si elige derecha o izquierda, sino qué está mirando mientras está tomando la decisión, y ese es el dato escondido: qué patrón siguieron sus ojos mientras se decidía. Cuando decidimos, sea por un cepillo de dientes o por un automóvil, lo elegimos por muchos motivos. La gente sopesa algunos factores y eso se denota en la mirada. Lo que mirás primero y último hace a la decisión.
A lo largo de tres décadas, las chicas que ilustraban las tapas de la revista Playboy fueron cambiando. De caderonas y pulposas viraron a delgadas con mucha delantera. En la Argentina, las modelos modificaron su perfil y pasaron a mostrar el (plano) trasero. La pantalla chica también aporta lo suyo mostrando a los televidentes un vasto catálogo de colas fijas y en movimiento. De este lado de las marquesinas, miles de mujeres sopesan costo y beneficio antes de entrar al quirófano, donde cada vez más clientas se someten a cirugía de glúteos. El doctor Julio Ferreira, cirujano plástico y presidente de la Academia Sudamericana de Cirugía Cosmética, corrobora la tendencia. “Ambas regiones del cuerpo tienen una connotación sensual y atractiva. En la mesa de operaciones siguen liderando las mamas, aunque los glúteos vienen en aumento. Hoy el porcentaje es de un 70 a 30, pero en los últimos tiempos las operaciones de colas están incrementándose con más rapidez. La cirugía clásica consiste en el implante de una prótesis, área donde los materiales fueron mejorando tanto en textura como en resistencia y calidad. Una técnica nueva es la llamada lifting de hilos tensores, que nosotros operamos y lideramos desde 2011. Esta permite una reposición de los tejidos caídos o fláccidos y consiste en elevar el foco superior para marcar y mejorar la apariencia”. En cirugías estéticas en general, la Argentina lidera el número de intervenciones en toda América. En cuanto a las gluteoplastías, las intervenciones crecieron un 20 por ciento en el último año, pasando de 60 mil a 72 mil. “Los medios tienen mucho que ver en la consulta. La mayoría de las mujeres operadas de senos superan los treinta años de edad. En cambio, quienes se operan de los glúteos están en la franja de los 25 a los 35 años”, asegura Ferreira.




Hoy todo gira alrededor de un tema recurrente.


Antes de su publicación en la revista de ciencia, el paper pasó por publicaciones especializadas en biología y psicología, sin éxito. Sólo un encumbrado editor del diario inglés The Guardian manifestó interés por publicarlo. Según supone Sigman, los editores evadieron posibles complicaciones, aunque la investigación haya sido uno de los trabajos más rigurosos del equipo. 



–¿En qué puede contribuir el estudio? 
–Más allá de lo chabacano que pueda aparentar, el estudio tiene que ver con algo más genérico en cuanto a las decisiones humanas, que son mucho más estereotipadas de lo que pensamos. Nos dimos la discusión sobre si era medio misógino, machista, pero no le escapo a esa discusión, prefiero que esté. Puede quedar como una broma pero una conclusión podría ser que las minas están gastando mal la guita. Esta es una especie de simplificación irónica del asunto, porque no es igual de fácil operarse las tetas que el culo. Pero hablo con mujeres de este tema y ellas tienen una razón fuerte: si un hombre ve las tetas, ellas están viendo cómo se las miran.

“Fue, sobre todo, muy instructiva”, dice Dagnino desde Europa. “Mas allá de la primera impresión, que puede parecer banal, la investigación fue compleja y ardua. También nos divertimos, porque con Joaquín pasamos horas visitando sitios en busca de fotos. Fue difícil hacerles entender a amigos y familia que estábamos trabajando". 
 




Galería

Erik Drudwyn

Boris Vallejo

Horacio Altuna

Milo Manara

Budd Rood

Culus habemus (3)

Esta escultura está datada en el siglo II después de Cristo, y fue descubierta en Roma en las termas de Diocleciano. Representa a Hermafrodita durmiendo. Hijo de Hermes y de Afrodita, de los que recibe su nombre, Hermafrodita. Cuando creció y se transformó en un bello joven, la ninfa Salmacis trató de conquistarlo, y al negarse, lo arrastró hacia el fondo del lago, mientras suplicaba a los dioses que no permitieran que sus cuerpos se separaran.
Y los dioses, conmovidos por las súplicas de la ninfa, hicieron que ambos cuerpos se fusionaran para siempre en un ser que tuviera atributos de los dos sexos. Como curiosidad, el colchón sobre el que descansa Hermafrodita está esculpido por Bernini en 1619.


El culo en la pintura y escultura

 Tercera y última entrega por este viaje apasionante sobre la curvas más sinuosas y peligros del ser humano.



Las nalgas o el culo son objeto de muchos fantasmas y tabúes que aún hoy son difíciles de sobrepasar, explicar o comprender, pero es que todo aquello que nos despierta un deseo erótico que no sea exclusivamente hacia lo genital (vagina o pene) es sometido a muchos prejuicios, ofuscaciones, obsesiones, desconfianzas y escrúpulos, principalmente en los más conservadores y puritanos, no obstante el más “sacrosantos” de los individuos es incapaz de detener su mirada al pasar un “divino” culo o unas nalgas bellamente generosas.


De conceptos, anatomía y otras curiosidades

En los seres humanos, las mujeres tienden a tener nalgas proporcionalmente más anchas y más gruesas debido a la mayor grasa subcutánea y caderas proporcionalmente más amplios. 
El culo, tanto en animales como humanos también ejercen un papel en la atracción sexual y el cortejo, algunas especies de simios como los papiones, mandriles y los gibones poseen nalgas callosas y rojizas que cumplen el objetivo de la atracción de pareja en la especies. En los humanos es utilizada como elemento de atracción involucrando la vestimenta, por ejemplo unos jeans apretados, pantalones cortos que enseñen la redondez de estas carnosidades, todo con el propósito de originar sensualidad y atraer la mirada del otro.




La forma torneada, curvada, voluptuosa de las nalgas en el ser humano, la textura de su piel, la lenidad o la fortaleza que expongan, así como la presencia de un mundo escondido y lleno de ambivalencias culturales – como el ano – representa un área de intensos y muchas veces culpabilizadores placeres sensoriales. La importancia que tanto las mujeres como los hombres dan al culo en la excitación erótica y lo picaresco o indecoroso puede resultar una interesante mezcla de los mundos afectivos y placenteros del acto sexual. Las nalgas se han convertido o conforman parte importante de la cultura erótica occidental desde los mismísimos griegos que fueron tal vez los primeros que conceptualizaron o le dieron culto a las bellas gemelas. Los antiguos helenos dedicaron templos a las nalgas bajo la Diosa Afrodita, llamándola Afrodita Calipigia (en griego antiguo Ἀφροδίτη Καλλίπυγος Aphrodite Kallipygos, que significa Afrodita de Bellas Nalgas. Esta Afrodita es un tipo de estatua femenina desnuda de la época helenística. Representa a una mujer parcialmente cubierta, levantándose su liviano peplo para descubrir sus caderas y nalgas, y que mira atrás y abajo sobre su hombro, quizá para evaluarlas. El término calipigio viene del griego kalós (bello) y pygé (nalgas) que se utiliza para referirse a aquellas personas que tienen nalgas atractivas.

"Las tres gracias", escultura griega

Cuando existe una obsesión extrema hacia las nalgas o sólo se puede alcanzar la excitación sexual y el orgasmo a través del contacto físico o la simple visualización con las nalgas de una persona es una parafilia conocida como  “Pigofilia” que etimológicamente proviene del griego pigo pygé = nalga, y filia φιλία = amor.
Los romanos al absorber la cultura griega tomaron con entusiasmo todos aquellos referentes a lo erótico y lo extrapolaron y lo llevaron a su máxima expresión, abundaron así estatuas hermosamente desnudas donde las nalgas eran tal vez la parte del cuerpo más sobresaliente. Desde  entonces las nalgas han jugado un papel importante en el coito, sea como estimulante sexual o como centro u objetivo del mismo coito.

"El David", de Miguel Angel. No es fácil encontrar una reproducción de la parte posterior de la famosa escultura.

La estética de las nalgas fue notablemente plasmada en las esculturas pertenecientes al periodo artístico grecolatino. El oscurantismo del medioevo las volvió a ocultar y fue en el Renacimiento que las nalgas en las artes volvieron a respirar, la tendencia creció con el Barroco y las nalgas en el arte se volvieron más grandes, más voluptuosas y hasta más humanas, pues la belleza de las nalgas con anterioridad eran solo las de los Dioses o semidioses. Pero el culo siempre fue reflejado como elemento de erotismo y sexualidad.


“Andrómeda abandonada”, de Federico Lucano Nava (1898).

Sin embargo en muchas sociedades el mostrar las nalgas en público es considerado una ofensa o de mal gusto. Puede dar lugar a un tipo de exhibicionismo, denominado hacer un calvo, que consiste en mostrar las nalgas para denotar repudio o hacer una broma. También es un insulto cuando se le dice a otra persona “Besame el culo” o “muérdeme las nalgas”.

Escultura de Dominique Regnier

La verdad es que las nalgas son zonas erógenas que tienen terminaciones nerviosas que se estimulan con la fricción y los golpes. El spanking o nalgadas puede ser un facilitador para conseguir el orgasmo pues ya que ayuda a que la sangre se concentre con mayor rapidez en la zona cercana a los genitales. 


Pintura de Konstantin Kacev

Las nalgas siempre serán un eterno motivo de atracción y seducción. Evocan sin duda nuestra parte escondida, es nuestra cara oculta, misteriosamente son notadas aunque llevemos ropa pero siguen estando escondidas como esconde la luna su otra cara. Por otro lado, la causa de nuestro hechizo viene sin duda por el hecho de que no tenemos ningún control sobre esta parte de nuestra anatomía, claro está en el sentido figurado, pues se nos escapa de nuestra propia mirada y dependemos del otro para recibir su aquiescencia de belleza y del erotismo que se libra de ellas.

Escultura de Dominique Regnier


Si bien, otras partes del cuerpo están investidas por el erotismo  tuvieron y tienen relación con una sexualidad  "reproductiva", como los senos dotados, que ante todo tienen una función maternal, la lactancia, no así las nalgas que escapan completamente de estos códigos. Se pueden poseer las nalgas y por supuesto el ano sin miedo alguno a procrear, igualmente su fuerte poder de atracción erótica está relacionado, como dije antes, muchas veces con la zurra, la azotaina o las nalgadas. Por otro lado  su especificidad erótica reside que al ser vapuleadas y claramente “maldecidas” por la religión judío-islámica-cristiana como objetos de deseo erótico, estas partes se vuelven más apetecibles a los ojos humanos.



FUENTE:


Galería de pinturas










Los culos hiperrealistas de John Kacere

Hay lugares comunes que terminan por convertirse en pequeñas obsesiones. También hay lugares del cuerpo que para muchos representan las zonas más bellas, los lugares más erógenos que puede ver en un cuerpo humano. Una de esas zonas comunes, erógenas, en las que todos nos fijamos es la cintura, el culo, el trasero o el pompis. Llamenlo como quieran. Pero, por ejemplo, en el caso del artista estadounidense John Kacere, esa zona para él terminó por llamarse arte.
Durante toda su carrera, John Kacere encontró en el trasero femenino, con todas sus prendas y atrezzos, un espacio en el que imaginar, en el que componer curvas y pliegues tan eróticos y realistas que en ocasiones nos parece estar viendo una fotografía ligeramente retocada.
Allá por 1969 fue cuando Kacere realizó su primera pintura, su primer cuadro, dentro de un estilo conocido como el fotorealismo y que incluye a un buen número de pintores más. Pero fue Kacere el único que se fijó y se dedicó en exclusiva a la parte de atrás de la mujer. Para él, el culo del cuerpo femenino era la musa constante sobre la que crear, sobre la que jugar con todo tipo de lencerías y vestidos, creando un mundo propio que terminaría por convertirse en todo un icono del movimiento pictórico fotorealista.
Con el tiempo, John Kacere llegó a completar los puntos, realizando cuadros en los que pese a que no abandonaba el cuerpo femenino y la lencería, abría el plano para realizar composiciones en las que el objeto ya no era sólo la parte media de la mujer, sino toda ella. Pero, con el tiempo, volvió a las andadas, focalizando de nuevo su obra en esos eróticos traseros que nos hacen mirar en detalle ese lugar dónde siempre queremos mirar en detalle. Aunque sea en un museo.

FUENTE: http://www.placeresvirtuales.com/los-culos-realistas-de-john-kacere/







El aporte de Paul Sieffert

Paul Sieffert nació en París en 1874. Fue ante todo un pintor de desnudos, retratos e ilustraciones. Fue alumno de Gérôme, Guay Gabriel y Maignan y mostró en el Salón de París de 1894 en adelante. Fue galardonado con el Primer Gran Premio de Roma en 1902 y el Diploma de Honor en la Expo 1937. Fue miembro de la Sociedad de Artistas Franceses, y también se sentó en su comité de investigación de antecedentes.


El trasero o nalgas tienen muchos nombres, por ejemplo en américa latina dependiendo del país donde nos encontremos esta parte del cuerpo humano recibe diferentes nombres, en algunas partes se les llama derrier, posaderas, cola, trasero, ancas, glúteos, asentaderas, sentadero, culo, pompis, cachas, pandero, pompas, rabo, poto como se le dice en Bolivia y Chile.




El pintor Konstantin Razumov sabe que los hombres amamos las posaderas bien formadas y ha pintado al óleo una serie de hermosas mujeres exponiendo sus partes traseras de la manera más artística y original. Sin lugar a dudas son las nalgas, la parte más llamativa de los cuadros del maestro Razumov, pinturas figurativas y costumbristas. Un poco decadentes, pero cumplen su objetivo.

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1 comentario:

  1. No se puede negar,los glúteos femeninos son un elemento fundamental en el tratamiento de un dibujo tal como se puede apreciar en los trabajos de Serpieri u otros calificados dibujantes y pintores...

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