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martes, 1 de julio de 2014

Venus y Adonis, de Rubén Reveco

"Venus y Adonis" (detalle).  Técnica mixta. 120 x 92 cm.

Dice la leyenda que mientras Adonis se preparaba para ir de cacería, Venus "atrapada en su palma sudorosa" se arrojó sobre él (con intención de tener relación sexual). Ella lo persuade a besarla pero Adonis no está muy interesado, pensando que es demasiado joven, y sólo le importa la cacería. Después de separarse, Adonis muere en un accidente de cacería frente a un jabalí.

Adonis era todavía un bello adolescente cuando aprendió con Venus las delicias del amor. La propia diosa parecía no haber experimentado nunca afecto tan fuerte. Para dedicar a Adonis todas las horas posibles, dejó de frecuentar el Olimpo y los lugares donde se levantaban sus templos.



Primer intento; una versión un poquito más sarpada. Como me ha sucedido con todas las pinturas que he realizado, empezaba sin una "carta de navegación" para zarpar a buen puerto. Pero al final casi siempre llegaba, creo.
A esta Venus le faltaba su Adonis.

Celoso, Marte, amante de Venus, resolvió buscar el camino de la venganza. E inspiró en el joven ardiente pasión por la caza.
Adonis pasaba, desde entonces, la mayor parte del tiempo enfrentado peligros, escalando montañas y penetrando en densos bosques, en seguimiento de las huellas de las fieras. Venus lo acompañaba a todas partes, pero vivía previniéndolo contra los animales peligrosos: “Se valiente con los tímidos; el valor contra los valientes no es seguro. Ten cuidado, no te expongas a peligros que amenacen mi felicidad. No ataques ningún animal a quien la naturaleza ya armó. No doy tanto valor a tu gloria al punto de consentir en que para conseguirla, te expongas de esa manera. Tu juventud y belleza, que tanto encanto me causan, no conmoverán el corazón de los leones o los jabalíes. ¡Piensa en las crueles mandíbulas de esos animales y en su prodigiosa fuerza! Los detesto a todos”.
Un día, mientras Venus descansaba a la sombra de un árbol, Adonis salió de caza. En el camino encontró un jabalí, y lo alcanzo con una de sus saetas; aunque herido, el animal tuvo fuerzas para avanzar contra el cazador y abatirlo mortalmente.
Al oír los gritos del amado, la diosa corrió, con la esperanza de salvarlo. Pero lo halló ya sin vida. “El recuerdo de mi aflicción perdurará, y el espectáculo de su muerte, Adonis mío, y de mi lamentación, se renovara anualmente en flores: ese consuelo nadie me lo quitará.”
Consternada, Venus recogió algunas gotas de la sangre de Adonis y con ellas regó el suelo. Nació entonces una flor, la anémona, que surge en la primavera y cada año renace, recordando para siempre un amor infeliz.
La tristeza de Venus fue grande: se cubrió de luto durante el otoño y el invierno, y solamente al llegar la primavera y al abrirse la anémona se vistió y adornó. A esta pequeña alegría la Tierra se unió también, haciendo brotar sus bellas flores coloridas. 


"Venus y Adonis".  Técnica mixta. 120 x 92 cm.

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