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miércoles, 13 de agosto de 2014

"Iglesia", de Rubén Reveco

 "Iglesia", dibujo a lápiz sobre cartulina (80 cm x 120cm.)


Les cuento sobre este dibujo que realicé en 1983, y que representa la iglesia del Liceo Alemán, de Santiago de Chile. Por extrañas circunstancias del destino, sólo me ha quedado una reproducción fotográfica. El original lo perdí y espero que esté en mejores manos. 

Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas

Por esos años estaba terminando de estudiar en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, e igual que ahora, oscilaba entre lo religioso y lo pagano; entre la fe y el ateísmo. Sólo tenía claro que el esfuerzo creativo estaba en correspondencia con las horas de trabajo y que ese trabajo debía tener como objetivo a la belleza.
Por entonces -al igual que ahora- en las escuelas de arte se despreciaba al realismo y algunos jóvenes resistíamos el embate de los modernos con diferente suerte...



Pero vamos al tema que hoy nos convoca. Para un artista las iglesias tienen un encanto especial. Su arquitectura antigua, monumental y espiritual las ha convertido en un tema atractivo y un desafío para cualquiera. 
Recuerdo que el propósito de entonces era la “perfección del centímetro cuadrado”. Es decir, lograr con un porta minas 0,5 superficies tan uniformes sobre el papel que diese la impresión de que no había errores. Alguien y en algún momento dijo: “No temas a la perfección porque nunca la alcanzarás”. Éramos jóvenes e idealistas y creíamos que la perfección dependía sólo de nuestras manos.
Han pasado algunos años, y si bien el objetivo no es tan ambicioso, el espíritu es el mismo. El pintor o dibujante realista debe creer que puede lograr obras perfectas, aunque fracase una y otra vez en el intento. Sólo de esa forma, logrará un trabajo que genere impacto y emoción. Dos de los objetivos fundamentales de la creación artística hasta que en el siglo XX fueron reemplazados por lo incomprensión y la indiferencia.
Corresponde al realista rescatar al arte del stlabishment y del mercado. Para muchos algo  imposible, pero estamos acostumbrados a propósitos y obras imposibles.




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