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viernes, 24 de octubre de 2014

Antonio López García: realismo espectral



Antonio López García es sin lugar a dudas el pintor y escultor más importante del realismo contemporáneo español, la meticulosidad de sus trabajos ha hecho que su producción de “fotografías al oleo” no haya sido tan prolífica, motivo por el cual sus obras han alcanzado valores incalculables antes incluso de su existencia. Ningún artista representado por Marlborough tiene una lista de espera como la de Antonio López, circunstancia, entre otras, que le convierte en el artista vivo español más cotizado.

 
"El mundo sigue siendo precioso, pero los dioses nos han abandonado…". Antonio López conversa con los socios del Círculo del Liceo en una sobremesa preñada de epifanías. Su oficio, explica, «nace de la vocación de narrar visualmente». El crítico J. J. Yvars califica su obra de "realismo espectral", una pintura humanista cuyo protagonista es el ser humano.
Observado por su hija María, que le recuerda que el AVE para Madrid sale a las seis de la tarde, López advierte de que, pese a su laconismo castellano de Tomelloso, tiene muchas cosas que contar, aunque «lo difícil es resumirlas». Puestos a ser sinceros, confiesa que le fatiga «vivir el mundo vertiginoso y caótico del arte». Por un momento, el autor del cuadro de los Reyes de España, se deja mecer por el igualitarismo. Gracias al arte moderno, «todos podemos ser pintores y espectadores», anuncia. Pero, nos preguntamos nosotros, ¿y la técnica? «Yo era un pintor hábil, a los trece años era capaz de reproducir lo que fuera», recuerda López. Pero, matiza, «la capacidad técnica acaba desbordada por la emoción porque es la emoción lo que hace visible lo que llevamos dentro». Eso justifica las dos décadas que ha dedicado al retrato regio.  
Todo el arte del siglo XX, prosigue, «precisa de un guionista». ¿Ejemplos? Picasso, Giacometti, Lucien Freud…
El ejercicio de la escultura le hizo recuperar la dimensión de la figura humana. Si se trata de situarse en una tradición, Antonio López opta por Monet o Cézanne: la vida moderna. Demuestra que es más difícil ser figurativo que abstracto: «Para el pintor figurativo lo más importante es qué pintar, mientras que la abstracción trabaja sobre la propia pintura». Se dirige a los jóvenes: «Antes, el artista era la voz de la sociedad, pero ahora la sociedad no tiene nada qué escuchar… Si no sabemos qué quieren de nosotros, lo único que nos queda es el oficio de pintar». A partir de entonces el lienzo y el pincel devienen en plataformas de una oscuridad que comienza con «La Gioconda» de Leonardo. El problema del arte actual, concluye el maestro, «"es que ya no sabemos qué pintar".


Artículo publicado en el diario ABC de España.





“El realismo es maravilloso porque es donde todo tiene cabida”


Antonio López, el niño que iba para administrativo, logró cambiar el devenir de su futuro dirigiéndolo hacia el mundo del arte y la pintura animado y alentado por su tío el pintor, Antonio López Torres.
Con tan sólo 13 años Antoñito traslada su residencia de Tomelloso a Madrid y consigue ser admitido en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando  , en un giro vital que le hace sentir por fin como pez en el agua, visualizando la consecución de un sueño: dedicar su vida a la pintura.
Decepcionado al ver por primera vez los cuadros de los artistas que veneraba, tuvo que pasar un tiempo hasta que fue capaz de valorarlos. Para el joven Antonio López, la gente no llegaba a captar verdaderamente lo que el artista pretendía presentarles, pudiendo concluirse que en ese momento el germen del hiperrealismo que le acompañará toda su vida ya había madurado en su vena creativa.
Podemos agrupar sus más de 50 años de vivencias y de creación en tres grandes temas: famosas vistas de Madrid, su huerto y su membrillero y la representación de la figura humana. En toda su obra, lo que el artista desea es transmitir con obsesiva y minuciosa exactitud lo que él ve en ese exacto momento.
Para Antonio López la realidad es algo que se ve, algo que todo el mundo puede ver, pero la posibilidad de interpretarla no es algo inmediato y, sobre todo, no es algo sencillo. En su proceso creativo es imprescindible captar la luz porque ésta tiene que ver con el mundo real que constituye el punto de partida de toda su obra. Además, sus cuadros nunca están terminados, la aproximación máxima a la realidad es un proceso que no tiene fin, sus obras son una materia en continua metamorfosis, las corrige, restaura, retoca y perfecciona una y otra vez, habiendo incluso recuperado obras de manos de sus clientes para afinar un “último” matiz.





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