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jueves, 9 de octubre de 2014

Amor lésbico en el arte


La imagen de dos mujeres amándose ha sido -hasta hace poco- un tema tabú en las artes plásticas. Casi siempre oculto y a la sombra. Sólo a mediados del siglo XX, los museos aceptaron pinturas de mujeres desnudas compartiendo un lecho o simplemente abrazadas besándose.
Texto de unos amigos que también se han atrevido con el tema.

Mural romano.


El amor lésbico en la historia del arte

La representación de la mujer se remonta a la prehistoria. Desde que los humanos descubrieron el poder del trazo, de la línea y del color, comenzó el periplo de la imagen femenina, el cuerpo femenino se hizo objeto de deseo, pero siempre bajo la mirada y la perspectiva masculina; en ese sentido la Historia del Arte ha forjado la representación de la mujer y su realidad siempre desde la masculinidad. La mujer en el arte es una visión del hombre, su representación que es mucha, están silenciadas por la ejecución del macho patriarcal y las pocas mujeres que tuvieron la valentía de pintar su cuerpo y sus realidades estuvieron atadas por los convencionalismos y directrices de un mundo hecho por el hombre.


  
Francois Boucher.

La obra de arte, o mejor dicho una obra de arte no es un elemento neutral e inocente, una obra de arte es un poderoso instrumento de ideología, una obra de arte es un testimonio cargado del pensamiento que refleja su época y habla muchísimas veces, por no decir toda, del discurso dominante en la sociedad en que fue creada. Y muy a menudo la Historia del Arte presenta conceptos como si fueran la única verdad, enuncia verdades como absolutas cuando en realidad reflejan tan sólo una perspectiva concreta, que es  el pensamiento del hombre blanco. La Historia Universal nos presenta lo masculino como la norma del género humano y lo que es peor de todo lo masculino y lo femenino visto desde el ángulo reprimido del rancio machismo.
 
"Las Tres Gracias" de Rubens. (1577-1640).

Con toda la retahíla presentada con anterioridad la representación de la mujer en el arte o en las obras de arte han sido sujetas a la visión masculina y más específicamente las de las parejas de mujeres, las lesbianas han sido representadas más para el morbo masculino que para el placer de la mujer, obviamente se repite el ciclo del arte hecho por el hombre, a su gusto y a su único propósito.
El amor lésbico y su representación han sido representados con cierta ambigüedad y da pie a invariables o subjetivas interpretaciones, tal como es el caso de las figuras que apelan a la mitología, como Diosas guerreras o como las imágenes de amigas o hermanas que intimidan con purísima  inocencia, no obstante estamos frente a un velo impuesto por los pintores y sus historiadores y en ciertos casos el puritanismo de los mismos espectadores se niegan a ver la realidad de la obra. Muchas de las obras creadas en el Renacimiento sobre Diosas griegas y romanas están cargadas de una fuerte libertad sexual donde el amor lésbico es su protagonista.


"Gabrielle d'Estrée y la Duquesa de Villars". Escuela de Fontaneibleau. (1530-1570)

A partir de la representación visual de las mujeres en el siglo XIX, el tópico de las supuestas “amigas” concibió una gran cantidad de representaciones visuales de mujeres juntas en actitudes eróticas o de ternura romántica e intima como en los casos de los baños o toilettes y las bañistas así como otras donde el deseo es visto desde un punto de vista masculino como voyeur y que refleja la idea masculina y su morbosa y fantástica forma de ver a las lesbianas, sean en parejas o en grupos. El tema lésbico existe desde una mirada masculina diferente a la femenina, y están construidas desde el punto social del deseo aceptado por aquella sociedad imperante. Sin embargo se hace un poco más visible la existencia del lesbianismo o las lesbianas (que es tan antiguo sino remitámonos a Safo) en un mundo o una sociedad que por lo general siempre las han negado.



 
"Les Deux Amies" de Jean-Jacques Lagrenée (1739-1821)

"El baño turco" (detalle), de Jean Auguste Dominique Ingres. (1780-1867)
 
"La siesta", 1865, del pintor argentino Prilidiano Pueyrredón. Representa dos mujeres en la cama (que parecen ser la misma modelo en dos poses diferentes) entregadas a un abandono sensual, representadas con un realismo minucioso e impactante.

  "Bañistas" de Henry Fantin-Latour. (1836-1904)


 
"Les Deux Amies" de Henri de Toulouse-Lautrec. (1864-1901)

Con el pasar lento de los años, pero más de las mentes de los hombres, han aparecido más obras, realizadas tanto por artistas masculinos  como por mujeres artistas, que también se han sumado a reflejar el amor lésbico, y que son sumamente interesantes dado su valor artístico, pero además también por su valor social como testimonio de una forma de amar tan válida como cualquier otra.


"La siesta" de Gustave Courbet. (1819-1877)

George Hare “Victoria de la Fe”. Galería Nacional de Victoria, Melbourne.

"Bañistas" de William-Adolphé Bouguereau. (1825-1877)

En este pequeño artículo intento dejar evidencia visual sobre el tema de cómo han visto los artistas al amor lésbico, a parejas de mujeres, amantes y amigas a través del tiempo. No pretendo ser muy exhaustivo, no obstante mi investigación pretende abrir los ojos y estimular a mis lectores a seguir revisando e indagando sobre el amor divino de “Mujer contra Mujer”, como dice la hermosa canción de Mecano.


"Amies" de Tamara de Lempicka. (1898-1980)


 
"Gerda and Lili" de Gerda Wegener. (1886-1940)

"Dos Mujeres" de Egon Schiele. (1890-1918)


 
"Amigas" de Julius Pinkas. (1885-1930)



"Dos Amigas" de Roland Gaubert. (1914)


 "El Jardín de la Libertad", de Irit Ravinovitz. (1969)


En la actualidad muchos artistas, y en especial  mujeres dedicadas al arte, han dedicado al amor lésbico su temática principal de trabajo, tal vez como una forma de representar libremente su sexualidad, tal vez para mostrar la belleza de ese amor que es tan fuerte en su forma genital como espiritual, o como simple "capricho" para desobedecer y alterar lo que por mucho tiempo ha sido motivo casi exclusivo del hombre y del   anacrónico machismo.

¿Se puede ser bisexual? 


¿Mecanismo psicológico o intento de expansión del mundo erótico? La bisexualidad abarca a aquellas personas que tienen la capacidad de amar a personas de su propio sexo tanto como del opuesto. En esencia, es una orientación sexual como lo son la homosexualidad y la heterosexualidad.

Grace Crowley (1890-1979), australiana

La bisexualidad abarca a aquellos sujetos que tienen la capacidad de amar a personas tanto de su propio sexo como de otro sexo. Esta capacidad puede incluir la atracción física, sexual y emocional. La bisexualidad no implica la renuncia al propio sexo ni la negación del rol que se posee como hombre o como mujer lo que genera que, en algunos casos, quienes eligen este modo sexual tiendan a esconder sus prácticas para no afectar su faceta heterosexual frente al entorno.


"El beso". Representa la hermandad de Suiza y Argentina en un monumento, donde dos mujeres se besan tomadas de la mano. Se inauguró el 7 de junio de 1914. Lo que convocaba más miradas es la imagen que representaba el amor eterno de dos países, algo que hoy hasta resulta natural, pero que, en ese entonces era una verdadera osadía: dos mujeres desnudas, sentadas sobre un globo terráqueo y unidas por un beso.


Ciertamente, esta inclinación sexual no atañe al género social al que se pertenece. Se trata de un mecanismo psicológico en el que tanto podemos encontrar una predominancia de la confusión respecto a las apetencias sexuales en la que se entrelazan los sentimientos (esta apreciación de la bisexualidad como confusión nos llevaría a la existencia de cierta ambigüedad en la construcción temprana de su identidad) como, desde otro punto de vista, podríamos verla como un intento de ampliación y expansión del mundo erótico y la búsqueda de nuevas experiencias. Pero una cosa es transitar por una etapa de confusión y otra muy distinta es que la bisexualidad sea en sí misma y estructuralmente una confusión. En esencia, la bisexualidad es una orientación sexual como lo es la homosexualidad y la heterosexualidad.





Ser bisexual no define nuestro estilo de vida o nuestra conducta sexual. Las personas bisexuales pueden ser monógamas, poliamorosas o incluso célibes, tanto como lo son las personas heterosexuales, las lesbianas y los gays. Muchos bisexuales tienen relaciones sexuales con personas de un solo sexo o no las tienen con nadie, y aún así se consideran bisexuales. Otras personas, en cambio, tienen relaciones con personas de ambos sexos y no se identifican como bisexuales.
Es erróneo sostener la creencia de que la bisexualidad roza la perversión transgrediendo los códigos aceptables o ubicarla alrededor de la idea de voracidad o compulsión sexual. Del mismo modo, es también equivocado conjeturar –prejuiciosamente- que en todos los casos se trataría de una homosexualidad reprimida y desplazada.
Definir nuestra sexualidad es un proceso profundo que en algunos casos puede ser muy complejo. Existe un fuerte determinismo cultural y social que nos espera biológica, genérica y sexualmente hombres o mujeres. Sin embargo, en distintas fases de la vida podemos sentirnos atraídos por ambos sexos. Esto se ve habitualmente en los juegos sexuales infantiles (donde podemos sentir deseo y jugarlo, tanto con el primo o la prima, el compañero o la compañera del grado) o en la pubertad en la que al mismo tiempo que nos enamoramos perdidamente de nuestro primer amor (heterosexual) desarrollamos un intenso erotismo con nuestros pares de género. Las atracciones pueden cambiar con el tiempo siendo la tendencia que se acomoden al modelo piramidal heterosexual con inclinación hacia la monogamia.

Los matices

Si tomamos a la bisexualidad como una elección que implique los actos sexuales del sujeto en cuestión y que forme parte de su identidad sexual y social deberíamos enrolarlo dentro de las diferentes tipos de modalidad sexual: hetero, homo bi, transex, travestismo, etc. En estos procesos, el sujeto amplía la zona de su deseo sexual hacia los dos sexos si bien, en la mayoría de los casos, hay siempre una tendencia hacia un sexo más que hacia el otro. El sujeto se asume hetero u homo y, al mismo tiempo, extiende su práctica sexual al otro sexo.
Este tipo de experiencia sexual tiende a reservarse socialmente ya que no tiene-hasta hoy- una aceptación de la media social en la que nos movemos. Por lo tanto, el sujeto se maneja en su condición de género hacia el afuera o bien acuerda con su pareja la posibilidad de incluir vivencias de intercambio sexual que le permitan desarrollar su apetencia sexual.


Dibujo de Jon Hul

Nosotras, ellos y las fantasías

Si bien las estadísticas dicen que son más los hombres los que se ubican dentro de esta particularidad, el hecho es que las mujeres tenemos más aprobado el erotismo hacia nuestras congéneres. Las mujeres podemos hablar, hacer contacto, manifestar afecto, tocar, besar e incluso compartir sexo con mujeres más que los hombres entre ellos.


Pintura del serbio Milan Nenezic

A esta altura, y más allá de la definición y desarrollo del tema bisexualidad como estructura sexual y social, es importante e interesante hablar del lugar que ocupan las fantasías con partenaires del mismo sexo en el imaginario de todos nosotros. De hecho, se considera que somos esencialmente bisexuales en nuestra estructura más allá de lo cerca o lejos que estemos de este reconocimiento y del permiso que nos otorguemos para habitarlo. Y digo habitarlo, no digo realizarlo, no hablo de hacerlo acto. Agrego -y subrayo- que las fantasías son un salvoconducto de primer orden en el enriquecimiento de nuestra erótica; que cobijar y jugar con lo ilusorio suma y habilita permisos; que no quiere decir que desplegarlas implique tener que hacerlas realidad y que la imaginación es el lugar donde nuestros sentidos se mueven a sus anchas. Todos alojamos la capacidad de amar y desear a ambos sexos sin que ello atente contra nuestra heterosexualidad elegida. Solo se trata de ofrecernos la posibilidad de ejercerla en mayor libertad.


Texto de la Lic. Adriana Arias, psicóloga y sexóloga, co-autora de los libros "Locas y Fuertes" y "Bichos y Bichas del Cortejo", junto a Cristina Lobaiza (Del Nuevo Extremo).


En la ilustración actual




Luis Royo.

Boris Vallejo

En la ilustración digital






En el cómic


El arte de Milo Manara devela uno de los aspectos más interesantes en el cómic eróticos: el amor lésbico. Ya no serán sólo dos mujeres desnudas, una al lado de la otra, esta vez se "blanqueará" el asunto y las chicas se acariciarán y besarán sin ningún pudor. Es decir, lo que era sumamente privado, Manara lo convierte en algo público.


En la fotografía





1 comentario:

  1. La verdad desnuda....amaos los unos a los los otros...Vallejos, otro de los nuestro..

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