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miércoles, 19 de noviembre de 2014

¿Por qué es tan famosa la Mona Lisa?


"Toda vida bien empleada es una larga vida"

Se ha escrito tanto sobre Leonardo y la Mona Lisa que me ha costado realizar esta entrega, promocionada con el pretencioso título de “Historia de la pintura más famosa del mundo”. Mi intención es no crear demasiadas expectativas, ya que esto no pasará de ser un esfuerzo en solitario por conocer la historia de esta pintura y las razones que la convierten en una obra de arte.
Tampoco me considero un especialista en la vida de Leonardo, apenas un admirador más de su obra. Admiración que espero no me haga perder objetividad. Se dice que el que admira nunca podrá realizar un análisis certero del objeto que admira. Está obnubilado.



Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas



Señora Lisa, ¿quién es realmente usted?                          

Aquí reproducimos tres imágenes de la Gioconda. Obviamente que no podemos acceder al original, pero no crean ustedes que la expuesta en el museo del Louvre se ve mejor que estas. En 500 años ha perdido su color original. Si la miramos en detalles muchos sectores están resquebrajados por exceso de pintura y amarillenta por exceso de aceite. Lo que vemos ahora no es lo que vieron los contemporáneos de Leonardo, pero la esencia sigue siendo la misma: el retrato de una mujer sentada en un sillón con el brazo izquierdo apoyado en el asiento. ¡Primera sorpresa, la Mona Lisa está sentada!
Cuando Leonardo de Vinci empezó a pintarla en 1503, hacía once años de que Europa había descubierto un  Nuevo Mundo y de lo que sería la Argentina (desde donde escribo estas líneas) sólo se conocía parte de la costa Atlántica. Descubrimiento que había realizado el navegante italiano Américo Vespucio. Italiano, florentino y coetáneo de Leonardo. Prácticamente nacieron en el mismo año.
En 500 años ha salido muy poco del Louvre. En 1911 se la robaron y durante dos años estuvo desaparecida. El ladrón la mantuvo oculta en Italia y aduciendo razones nacionalistas, pretendió rescatarla para su país. En la década del 60 viajó a Estados Unidos y en 1974, a Japón. Desde esos años. La Mona Lisa no va al mundo, el mundo va a la Mona Lisa.





Fama y popularidad                                       

La Mona Lisa es tan famosa como popular. La fama se gana con excelencia y dura para siempre, en cambio la popularidad es una etapa... un momento. Esta obra es famosa y popular por partes iguales, lo que de entrada es algo singular.
En mis años de estudiante tenía un profesor de historia del arte que me decía: “Desconfía más de su mirada que de su sonrisa. Una sonrisa irónica no es más que un instante, en cambio una mirada es para siempre”. La sonrisa la hace popular y la mirada la hace famosa. Porque sabemos que nos mira a nosotros, pero no sabemos qué motiva su sonrisa.
Escribir de la Mona Lisa nos obliga a mencionar a su autor. De Leonardo sabemos bastante. Dejó mucha información y se ha escrito mucho. En Internet existen más de 9 millones de referencias que mencionan a Leonardo y 36 millones referidas a la Mona Lisa, sólo en español. ¡El objeto creado supera a su creador!
Esto más que un beneficio para quien investiga significa una dificultad adicional. Cuando se lee mucho de un personaje de estas características es porque se repiten muchas cosas y no todas son verdaderas. Muchas están en franca contradicción y las que no, son exageraciones. No es fácil separar el mito de la realidad. Destacar lo más importante y resumirlo en pocas páginas.



El genio                                                          

Pero si hay algo en común en todos los textos escritos referidos a Leonardo es que se lo considera como el prototipo del genio. “Genio” es un adjetivo sustantivo que antiguamente causaba admiración y que hoy está bastante devaluado. El diccionario dice: “Fuerza intelectual extraordinaria, capaz de inventar cosas nuevas y admirables”. Leonardo es todo esto e intimida. Estamos ante un personaje de características excepcionales y debemos analizar su obra más popular y famosa en los últimos 500 años.
Pero ¿qué es necesario para que exista un genio? ¿Cuáles deben ser los componentes que deba reunir una persona de estas características? Curiosidad, concentración, creación y credulidad. Las cuatro “c” que definen sus cualidades. El genio es curioso. Es como un niño. Nunca es apático y todo lo atrae; todo lo maravilla. Vive concentrado. Esa íntima condición de poner todos los esfuerzos físicos y mentales en un solo objetivo. Es creador. Todos los genios tienen la capacidad de ofrecer algo nuevo o perfeccionado. Cree. El genio es optimista. Ve el mundo con una visión fresca y asombrosa.
A todo esto, Leonardo agregó el trabajo ininterrumpido. “Ostinato rigore, destinato rigore”. (Rigor obstinado, rigor con destino).

Las preguntas para Leonardo constituían un fin en sí mismo. “¿Si hacemos un par de alas, similares a las del pájaro, podremos volar?”


Las ansias de volar        

Este hombre curioso en muchos casos no obtuvo respuestas y en otras se equivocó. Si pintaba un pájaro no se limitaba a resolver problemas plásticos de proporciones y expresividad. Miraba sus alas y se fascinaba de su forma. ¿Por qué son tan livianas? ¿Por qué les permiten volar?
El hombre siempre soñó con volar, desde Ícaro (en la prehistoria mitológica de los griegos), en adelante, pero fue Leonardo el que se puso a experimentar. Fracasó, pero otros - mucho más adelante - lo lograrían... Fue un precursor. “Que precede o va delante. Que acomete empresas que no tendrán razón ni hallarán acogida sino en tiempos venideros”
Cuando en 1482, se presenta ante Ludovico Sforza, duque de Milán, lo hace como ingeniero, inventor, urbanista y por último, como artista.
“Soy un insuperable constructor de puentes y fortificaciones. También de artefactos secretos que no quiero describir en esta carta. Mis pinturas y esculturas pueden compararse con las de cualquier otro  artista. Soy soberbio diciendo acertijos y haciendo nudos”. ¿Haciendo nudos?



¿Científico o artista?


Y acá tenemos otra peculiar característica de este genio multifacético. ¿Era un científico o un artista? De todas las disciplinas que menciona hay más científicas e ingenierías que disciplinas artísticas.
En muchos casos sus estudios no pasaron del proyecto. La evidencia de su curiosidad ha llegado hasta nosotros intacta a través de sus escritos... Tal vez Leonardo le dedicó más tiempo a la ciencia que a  las artes, pero a nosotros nos interesa más el artista que el científico.

¿Qué la hace ser famosa?


Leonardo pintó muy poco, no más de 16 obras. Muy poco para 67 años de experiencia. Uno de los artistas más prestigiosos del mundo y uno de los que menos pintó. Y una de esas obras fue la Mona Lisa. Recién 350 años después de su creación comenzaría a ser conocida popularmente. Y eso ha ido incrementando en estos últimos 100 años de un modo alarmante.


 
“Fijando la mirada en la garganta podría jurarse que le latía el pulso” 
Giorgo Vasari, autor de “Vidas de Artistas”, libro publicado por primera vez en 1550.

Como ya lo dijimos, durante estos 500 años se han escrito muchas cosas sobre esta pequeña pintura. Y poco a poco, se ha ido tejiendo una maraña de historias en torno a ella y de su autor.
¿Por qué es tan famosa? ¿Qué tan justificada es esa fama? ¿Es famosa porque se ha escrito mucho sobre ella o es que se ha escrito tanto que eso la ha hecho famosa?
Simplemente podría decir que es tal porque es la obra de arte de un genio. Y con eso bastaría. ¡Es el testimonio del hombre más extraordinario que ha dado la raza humana! Y este estudio sobre la Mona Lisa podría terminar aquí. Esta pintura es famosa porque es la obra de Leonardo de Vince. Y eso, por sí solo, bastaría. Pero el asunto no es tan simple.



ANEXO 1

"Mona Lisa Unveiled" 

En este preciso momento se está realizando, en Estados Unidos -desde el 26 de agosto hasta el 7 de octubre- la exposición "Mona Lisa Unveiled", que reúne obras inspiradas en el retrato icónico del Renacimiento creadas por artistas de varios países y que datan desde el siglo XVI hasta la actualidad. Incluye una detallada información del robo de la Mona Lisa, que ocurrió en el Museo del Louvre en 1911, hasta las interpretaciones contemporáneas del famoso cuadro durante el siglo XX, entre las cuales figuran las realizadas por pintores como Marcel Duchamp, Jean Margat y Salvador Dalí.
La exhibición en Miami coincide con el centésimo aniversario del robo perpetrado por el italiano Vicenzo Peruggia de la pintura, y que fue recuperada después en Florencia, la ciudad en la que Da Vinci lo pintó entre 1503 y 1506.

ANEXO 2

 Mona Lisa
(Nat King Cole)

               Mona Lisa la de la mística sonrisa
          nadie sabe lo que oculta al mirar,
          nadie sabe si sonríes de tristeza
          nadie sabe si eres sueño o realidad.

          Esa risa Mona Lisa habla de amores
          o tal vez, de un desolado corazón,
          muchos dicen que un hombre ya te ha amado
          y besado... y olvidado.

          Eres sueño y pasión mi Mona Lisa
          Sólo un frío y desolado corazón.

          Mona Lisa
          Mona Lisa.


"La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte".

Construyendo un mito                           

Es común que una obra de arte genere admiración por sus valores estéticos. Una pintura, un concierto, un poema o una novela nos despiertan admiración, deleite, gozo, emoción. Ante una simple canción uno dice “me gusta” y eso implica toda una acción de reciprocidad y un diálogo entre el objeto artístico y el oyente. Es una experiencia que se vive de un modo singular e íntimo.
La Mona Lisa -en cambio- nos intriga. Leonardo que era un hombre curioso, creó el objeto artístico que más curiosidad ha despertado en la historia del arte.
No podemos dejar de hablar del fenómeno social que ha significado en sus cinco siglos de existencia. No es sólo una obra de arte para ser analizada por especialistas en arte, sino, también, por sociólogos.
Primero que nada, llama la atención como se titula un artículo referido a la Mona Lisa. Siempre recurriendo a adjetivos que van más allá de lo meramente estético. “Secreto”, “enigma”, “misterio”, “revelación” son las palabras más recurrentes y nada tienen que ver con belleza, equilibrio, perspectiva, oficio, color, armonía y composición. Valores propios de una obra de arte.


Francisco I, de Francia, comprando la Mona Lisa.

Sus primeros 300 años fueron tranquilos. La pintura es propiedad de Francia porque Leonardo pasó sus últimos años de vida en ese país y porque nunca la entregó a sus dueños. Dicen que Lisa Gherardini no quedó conforme con el trabajo. Antes de morir, Leonardo se la vendió a Francisco I y desde entonces integró la colección real conservándose en varios palacios reales (Fontainebleu, Versalles y el Louvre).
Napoleón Bonaparte fue un admirador de Leonardo y apreciaba particularmente a “Madame Lisa”, como la llamaba. Tanto, que a comienzos del siglo XIX la hizo trasladar hasta sus aposentos. No nos imaginamos cuál podría haber sido el “diálogo” entre el guerrero, con infulas de emperador, y la mujer que lo miraba y sonreía.

“Prefiero morir”                                                                                                           
Hasta ese momento las cosas estaban más o menos en el cauce normal de toda obra de arte. Todos reconocían a la Mona Lisa como el testimonio de Leonardo y asociaban su valor más que nada a la figura de su creador. Pero el 23 de junio de 1852, ocurrió algo que marcó para siempre la historia de esta pintura: Un joven parisino saltó al vacío y cayó sobre el empedrado desde el cuarto piso de un hotel donde se alojaba. Dejó una carta donde explicaba semejante decisión “Durante años he intentado desesperadamente comprender el significado de su sonrisa, prefiero morir”.
Por su parte, un crítico e historiador del siglo XIX, escribía: “Al mirarla uno se siente fascinado y aturdido por un extraño magnetismo. Su presencia me atrae, me subleva, me consume: acudo a ella a mi pesar, como acude el pájaro a la llamada de la serpiente”.
Primero un suicidio y años más tarde un robo (1911) terminó por catapultar a la Mona Lisa al estrellato, donde quizá nunca quiso estar.



Estos hechos marcaron la ruta de su popularidad. Desencadenando –de golpe– una verdadera fobia e idolatría. Algunas la amaban mientras que otros la odiaban.
En el siglo XX ocurrió un verdadero estallido iconográfico. Donde le faltó el respeto por considerarla el ícono que representa el arte clásico. Marcel Duchamp le agregó bigotes.
Se pintaron infinidad de variantes. Incontables trabajos de tipo publicitario, imágenes creadas por computadora y dibujos animados.





La Mona Lisa apareció en paraguas, floreros, remeras, platos, vasos, bolsos, abanicos, frascos de mermelada, cuadernos y en cientos de otros productos.
En Internet se vende una almohada con su imagen que lanza risitas de alegría cuando se la aprieta en el pecho.



En 1973, un artista polaco creo esta Mona Lisa verde que derrama una lágrima para protestar del sacrilegio cometida contra ella. La lectura sería “Lloro por los que se ríen de mí”.


Primer encuentro                                           

Todos en algún momento hemos tenido un primer encuentro con esta pintura. Yo recuerdo a un viejo diccionario editado en 1961. En una época en la cual no había televisión los niños nos conformábamos con mirar las figuritas.
Mentiría si dijese que recuerdo algo en especial, sólo sé que ahí estaba y desde entonces ha estado presente. Pero no es lo mismo verla en un libro o una revista que estar ante el original.
Las demás manifestaciones artísticas tienen una gran ventaja sobre la pintura. En el caso de la música las interpretaciones son bastante fieles, el cine es una copia perfecta y la literatura, salvo malas traducciones, nos acerca bastante al original.



Con la pintura no pasa lo mismo…se debe acudir a donde está el original. Según estimaciones, son 8 millones de turistas al año que van al Louvre de París para conocerla personalmente (20.000 personas diarias).
En agosto de 2009 una mujer rusa le arrojó una taza de té, pero la obra salió indemne de la agresión gracias a su vitrina blindada a prueba de balas. La agresora fue rápidamente detenida y puesta a disposición de la policía, que la trasladó a la enfermería psiquiátrica al considerar que "no estaba en plenas condiciones mentales".



Algo más que una obra de arte                                                                                                       

Claro que la experiencia de estar frente a la Mona Lisa puede ser traumática. En el Louvre se puede ver a los turistas subir en grupo por una de las escaleras interiores y pasar ante obras maravillosas sin mirarlas para seguir a la carrera como poseídos en dirección a la sala donde está. Solo importa la Mona Lisa.
Al llegar, se encuentran con una multitud que contempla –más bien venera– un cuadro que se ve mal y escucha las voces de una guía que le dice algo sobre él, algo que no ve ni entiende, pero que si cree.
Tal caos enferma a más de uno. Una legión de empleados armadas de aspiradoras y cera para el piso, hacen desaparecer los rastros de quienes se han indispuesto. Los bomberos tienen mucho menos trabajo en apagar incendios que en socorrer a los que se desmayan víctima de un insólito shock artístico.



Algunos comentan que el vidrio que protege la obra impide ver con detalle el cuadro. La misma cara de la Mona Lisa no incita grandes reacciones de asombro o admiración. Verla en persona puede ser decepcionante para quienes absorbieron la noción popular de que la Gioconda es sinónimo de arte.
Para el espectador contemporáneo, entonces, el encanto de la obra no reside en la superficie de madera pintada por Leonardo, sino en el misterio que han creado la combinación de varios aspectos relativos al retrato.
La popularidad del libro que ya hemos mencionado (El Código da Vinci) aumentó abruptamente el número de visitas que acudían al Louvre. Así, la Mona Lisa se ha transformado en un icono, el museo es una iglesia y los turistas en masas que van a venerar algo que es mucho más que una obra de arte.
Hace años fue trasladada a una sala más amplia, con la finalidad de facilitar la llegada del público de todo el mundo que a la carrera preguntaban en todos los idiomas: ¿Dónde está, dónde está la Gioconda, dónde está la Mona Lisa?




Una pequeña pintura con vida propia        

Cuando un artista termina una obra, esta adquiere vida propia y de algún modo se “libera” de su autor y queda expuesta al análisis y a la crítica. El análisis tiene que ver con la vida interna del cuadro, vida gestada por el artista y determinada por las formas, los colores y los temas... y la crítica define las razones de su importancia.
Serán así, los historiadores, los críticos y también los pueblos los que decidan la fama o popularidad de la obra de arte. Es por esto que la Mona Lisa nos pertenece. Sobrevive y trasciende. Es lo que llamamos: “Patrimonio de la Humanidad”
Empezaremos a desmadejar la trascendencia de esta obra por sus medidas. En una pintura de 77 x 53 cm. Por muchos años estuvo expuesta junto a “Las Bodas de Cana”, del Veronés. Un enorme trabajo que parecía empequeñecer aún más el retrato de Leonardo.
En la mayoría de los casos, las obras maestras de arte son de grandes dimensiones. Pareciera que de esta forma nos impresionan más. Y esto desde siempre ha sido así.


Las 7 maravillas del mundo antiguo eran, además de hermosas, grandes obras. Lo que más nos atrae de las pirámides son sus colosales dimensiones.
Los ejemplos son muchos: Dios castigó a los hombres por querer construir la Torre de Babel, pretendían llegar al Cielo... un tema fascinante para el arte.
Miguel Ángel (otro que pensaba a lo grande) y figuras -también- descollantes del Renacimiento, tenía una sorprendente capacidad de trabajo y fue capaz de realizar magníficas e impresionantes obras. “El David” mide cuatro metros de altura. “Las Meninas”, de Diego Velázquez, “Guernica”, de Pablo Piccaso, “La Última Cena”, de Salvador Dalí, son todas obras de grandes dimensiones.
Ahora bien, que la Mona Lisa sea una pequeña pintura y a la vez la más famosa no es  un contrasentido. Bien sabemos que las estrellas en el cielo se ven pequeñas. No nos engañemos.



Viaje a las estrellas                                                                     

En 1976 se le pidió al divulgador científico Carl Sagan que realizara una selección de imágenes y sonidos de la Tierra. Incluyó, entre otras, a la Gioconda. El disco con las grabaciones inició en la sonda espacial Voyager un viaje por los confines del Universo y hoy está muy lejos de la Tierra, a miles de millones de kilómetros.
Yo me pregunto ¿si los extraterrestres la interceptaran qué opinarían al ver a esta mujer que les sonríe?




“Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz”.

Los artistas en el Renacimiento estaban muy ocupados

Podía ser un pedido de la Iglesia, de un rey o de un noble que encargaba un tema religioso o un retrato para donar. La inserción entre el artista y la sociedad era muy estrecha. Éste cumplía diversas funciones (arquitectura, pintura y escultura) y si era de prestigio podía instalar un taller de arte en el cual se formaban estudiantes.
Esto no quiere decir que fuese una actividad sin riesgos. Como en toda época los artistas han tenido muchos problemas de tipo económico. Los grandes de esa época como Leonardo, Miguel Ángel y Rafael no hubiesen podido realizar su obra sin el mecenazgo de la Iglesia o de la aristocracia, quienes competían para tener a los mejores en sus respectivas cortes.
En el Renacimiento es cuando el artista pasa de simple anónimo artesano a ser reconocido individualmente por su trabajo. Recupera el orgullo que tenía el creador de la antigua Grecia y por primera vez comienza a firmar sus trabajos. Reconoce que ha sido dotado de grandes y exclusivas cualidades. A la vez, que es admirado y respetado. La firma -al igual que el autorretrato- tiene su razón de ser en la autoestima que desde esta época tiene de sí mismo.

 El retrato fue un género muy popular en el Renacimiento y existieron grandes retratistas.

Tres testimonios                                                                                                                                               
Ningún escrito de Leonardo nos habla de la Mona Lisa (tampoco existen bocetos) y sin embargo la llevará consigo hasta su muerte… Se cree que nunca la dio por terminada y por ese motivo no entregó el encargo. También se especula que la retratada o su esposo no quedó conforme con el trabajo (demasiado papada, muy gordita) o, simplemente, no hacía honor al parecido de la retratada.
Sin embargo, Leonardo sabía que era una obra de valor, pero seguro que nunca imaginó que lograría tal trascendencia.
1) El primer testimonio sobre este retrato lo escribió un secretario de un cardenal que visitó a Leonardo cuando estaba en Francia. El 10 de octubre de 1517, dice: “Leonardo le mostró tres pinturas al cardenal. Una de cierta dama florentina, era de una perfección absoluta… esto lo vi con mis propios ojos”.
2) El segundo testimonio es de  Cassiano del Pozzo, que vio la obra en Fontainebleau en 1625 (Leonardo ya había muerto): “Un retrato de tamaño natural, en tabla, enmarcado en nogal tallado, es media figura y retrato de una tal Gioconda. Ésta es la más completa obra que pueda verse de este autor, porque no le falta otra cosa que hablar”.
3) El tercer testimonio es de Giorgio Vasari, y dice: “Por encargo de Francesco del Giocondo, Leonardo emprendió el retrato de Mona Lisa, su mujer, y lo dejó sin terminar después de haber trabajado en él cuatro años. Esta obra está ahora en poder del rey Francisco de Francia, en Fontainebleau. Aquella cabeza muestra hasta qué punto el arte puede imitar la naturaleza, pues allí se encuentran representados todos los detalles con gran sutileza. Los ojos poseen ese brillo húmedo que se ve constantemente en los seres vivos, y en torno de ellos están esos rosados lívidos y el vello que sólo pueden hacerse mediante la máxima delicadeza. Las cejas no pueden ser más naturales. Por la manera como salen los pelos de la piel, aquí tupidos y allí ralos, encorvándose según los poros de la carne. La nariz parece viva, con sus finas y delicadas cavidades rojizas. La boca entreabierta, con sus comisuras rojas, y el encarnado de las mejillas no parecen pintados sino de carne verdadera. Y quien contemplaba con atención la depresión del cuello, veía latir las venas. En verdad, se puede decir que fue pintada de una manera que hace temblar y desespera al artista más audaz. Mona Lisa era muy hermosa, y mientras el artista estaba haciendo su retrato empleó el recurso de hacerle escuchar músicas y cantos, y proporcionarle bufones para que la regocijaran, con el objeto de evitar esa melancolía que la pintura suele dar a los retratos que se hacen. La figura de Leonardo tiene una sonrisa tan agradable, que más bien parece divina que humana, y fue considerada maravillosa, por no diferir en nada del original.. (“Las vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”,1550).

Pintura de Cesare Maccari que representa a Leonardo pintando a Lisa Gherardini. Pintar un retrato no es fácil. Supone un desafío especial para cualquier artista, no sólo por el tema del parecido sino por el sometimiento del pintor al modelo.


La relación especial que se produce un retrato viene motivada por el interés que suscita en el ser humano la representación de sí mismo. Del mismo modo, una relación muy especial se produce entre el artista y la modelo, como es en este caso.
Esta es la única pintura que tiene dos nombres igualmente famosos: Mona Lisa (Lisa Gherardini) Gioconda (por ser la esposa de Francesco del Giocondo). Sobre la identidad de la retratada se han tejido un sinnúmero de historias que no logro comprender. Por lo que dejó escrito Vasari, la identidad de la mujer retratada está garantizada.

Cientos de fábulas se han creado en torno a la Mona Lisa y su autor. Desde que era homosexual hasta un romance con la modelo. Esto último generó que el señor Giocondo no quisiera saber nada con la pintura. Comprensible.

Copias  
                                                                                                                              
El dibujo corresponde a Rafael y es una interpretación bastante libre del original.

Viste de luto


Si existe una característica especial en esta obra de arte es su singularidad de diferenciarse del resto. Ya que “el resto” está lleno de estereotipos que lo hacen ser muy parecido entre sí.
La Mona Lisa es única y esto lo ha logrado Leonardo por los detalles que la han hecho diferente en sus cinco siglos de existencia. Empezaremos por el ropaje.

La copia más famosa realizada en el siglo XVI es la que se encuentra en el Museo del Prado. El artista omitió el fondo pero se pueden apreciar mejor los supuestos colores originales y forma del ropaje.

La dama está sentada en un sillón, apoyando sus brazos en un costado del asiento.  En la copia que se encuentra en el Prado –también de la época- nos permite apreciar como vestía. Muy austera, simple y atemporal. Si bien es una mujer casada con un rico comerciante de sedas, no lleva anillo ni joyas. Existen versiones que aseguran que está de luto por la reciente muerte de su segundo hijo. Y es por eso que sus ropajes son oscuros. Al menos los que vemos hoy en día, que no son los mismos que veían sus contemporáneos.


Cabello


Las damas respetables de la época no llevaban el cabello suelto, no era bien visto. Esto podía ser interpretado como un símbolo de “moral relajada”. Sin embargo, Leonardo sentía especial gusto por el cabello enrulado y suelto sobre el torso y esto se aprecia sobre todo en sus pinturas de tema religioso.

En el Renacimiento existía un estereotipo de belleza diferente al de la Mona Lisa. Más afín a los rostros, peinados y ropas como los pintados, también por Leonardo, sobre estas líneas.

La luz


Cuando se realiza un retrato, lo primero que se determina es la postura del modelo. Luego se define la relación del modelo en el ambiente que lo rodea y el foco de luz que ilumina el cuerpo.
Leonardo ilumina desde arriba. El foco de luz produce una marcada sombra que ayuda a crear una particular expresión en la mirada. Una mirada incisiva y penetrante… La nariz proyecta una sombra sobre la boca y la sombra del labio inferior ayuda a dibujarlo. Parte del cuello está en sombra.
Todos estos aspectos contribuyen a que el rostro de la mujer resalte claramente y determine tres zonas iluminadas: el rostro, el pecho y las manos…
La cabeza está rodeada de sombras… para destacar de esa forma los rasgos más trascendentes de esta pintura. La mirada y la sonrisa.



Volverse humo


El sfumatto es uno de los aportes más importantes de Leonardo al arte de la pintura. Utilizó brillantemente la técnica de suavizar los bordes, quitando rigidez a los contornos. Borrando el límite que se produce entre dos formas yuxtapuestas.
En casi todos sus rostros y en especial en la Mona Lisa, los ojos, la nariz y los labios estaban fundidos con suaves sombras, adquiriendo así nuevos matices cada vez que la miramos. Esta técnica propicia la idea de tercera dimensión… y volumen. Además de aumentar la sensación de profundidad.
Como telón de fondo aparece un paisaje inspirado en las vistas que Leonardo tuvo de los Alpes, cuando hizo su viaje a Milán… y que es recurrente en varias pinturas. Leonardo se sintió atraído por incluir como fondo a estos paisajes montañosos. Y en la Mona Lisa sucede lo mismo: una agreste geografía en contraposición a la serenidad de la mujer retratada. Ríos que descienden como serpientes por la montaña entre una niebla que lo envuelve todo y formas que se diluyen en una perspectiva atmosférica donde los colores de los objetos pierden intensidad mientras más lejos están.
La palabra sfumatto puede traducirse también como “volverse humo”.
-El objeto material que tenemos ante nuestros ojos se diluye.
-Las sólidas montañas con formas erráticas se funden al cielo. Lo sólido se une a lo etéreo.
-Un camino sinuoso sin principio y sin final y un puente como los únicos y tímidos testimonios de la mano del hombre.
Quien acepta el sfumatto, acepta lo incierto. Acepta la incertidumbre, acepta la ambigüedad y la paradoja como condición de la vida. Puede ser… tal vez… a lo mejor…
La clave está en mantener nuestra mente abierta a lo incierto, y el sfumatto es la llave para esa apertura. Es aceptar lo claro y lo oscuro, lo hermoso y lo feo. Es aceptar que todo está enlazado. Sin bordes… sin límites. Es aceptar que puede suceder cualquier cosa en cualquier momento, estar mentalizado a las fluctuaciones y a lo inesperado.
Que no todos los misterios se pueden resolver. Que nuestros anhelos de trascendencia e inmortalidad provocan en Dios una mueca similar a la pintada por Leonardo en la Gioconda.
         



"La pintura es poesía muda, la poesía pintura ciega".

Sobre risas y miradas        

La alegría que expresamos a través de una sonrisa o risa es una condición natural en los seres humanos y algo muy necesario pues nos indica un momento de satisfacción. Es una reacción refleja y casi involuntaria. De hecho, nos reímos cuando estamos contentos o cuando reaccionamos ante algo gracioso. El gesto de reírse ilumina el rostro y pone en acción una buena cantidad de músculos.




Sonreír y reír son dos momentos diferentes. La risa es espontánea, ruidosa y sonora. Incluso la podemos conjugar con casi todas las vocales. La sonrisa, en cambio, es silenciosa. Pero se extiende más en el tiempo… es más duradera, sutil y misteriosa.



Sonreír estaba permitido en la antigüedad pero no reírse. Mostrar los dientes era un acto reprobable. ¿Y por qué? El progreso de la odontología era muy lento y quedaba muy mal socialmente mostrar caries o dientes rotos o, directamente, su ausencia.
Por último, reír con la boca abierta -a carcajadas-  era considerado una grosería – reservada a locos o a los borrachos.


La pintora francesa Vigee-Lebrun junto a su hija. La menor muestra los dientes. Algo inaceptable para la época.

No son muchas las pinturas que sonríen, menos aún, las que ríen. La primera vez que una sonrisa (después de la Mona Lisa) se presentó en sociedad fue en el autorretrato de la pintora francesa Vigee-Lebrun en 1787, donde apareció relajadamente junto a su hija que reía.
La crítica de la época la condenó diciendo que esta actitud era algo que “los amantes del arte y las personas de buen gusto se unían para condena". Mostrar los dientes era algo particularmente fuera de lugar.



A veces parece sonreír y otras refleja cierta amargura.
En realidad, da Vinci dejó un campo a la imaginación de los espectadores.

Señora ¿de qué sonríe, si se puede saber?

La sonrisa de la Mona Lisa es uno de los temas más recurrentes de la historia de esta pintura. Mucho se ha hablado y especulado sobre ella.
Mientras Lisa Gherardini posaba tenía siempre alguien a su lado que cantaba o tocaba algún instrumento musical o contaba alguna historia.
“Mona Lisa era muy bonita -escribió Vasari- mientras la retrataba, había gente que tocaba y cantaba, y continuamente bufones que la hacían estar alegre, para no llevar esa melancolía que suele tener a menudo la pintura de los retratos. Y en este de Leonardo había un gesto muy agradable, era más divino que humano a verlo, y se tenía como una obra maravillosa, por no ser diferente del natural.”
Un sector del labio se inclina débilmente hacia arriba, en un gesto esfumado sutilmente. No hay líneas, no hay cortes, todo es delicadísimo. La sombra nace por ese movimiento del labio superior y se enlaza suavemente a la sombra arrojada por la nariz. Y ya que sonríe, es lícito preguntarse de qué se sonríe. Si la expresión del rostro fuese de enojo nos estaríamos preguntando por qué esta mujer está enojada. 
Si la inclinación de la boca fuese pareja la sonrisa significa satisfacción. Estaría contenta, simplemente. En cambio, si la inclinación es de un solo sector la situación se modifica. Esto puede significar ironía.
Cuando miramos solo la boca no tenemos dudas de que sonríe irónicamente, pero cuando miramos el conjunto del rostro y vemos la sombra de su ojo izquierdo, descubrimos una inclinación muy similar a la de la boca. Y la sonrisa que era irónica se convierte en una sonrisa de amargura. ¿Alegría, ironía, amargura?




Algunas cosas graciosas que se han escrito sobre la sonrisa de la Mona Lisa.
             
-Que la Mona Lisa sufría de bruxismo (hábito de apretar los dientes).
-Que padecía la parálisis de Bell, inflamación de los nervios faciales.
-Que si le miramos la boca nunca la veremos sonreír y que sólo lo haremos si movemos los ojos a través del cuadro.
-Que Freud sostuvo que esa sonrisa que perseguía a Da Vinci en varios cuadros expresaba el deseo inconsciente hacia su madre.
-Que es un autorretrato de Da Vinci.
-Que gracias a un Software especializado en “medición de emociones”, concluyeron que la Mona Lisa está un 83% feliz, un 9% disgustada, un 6% temerosa y un 2% enfadada.
-Que en 1503 Lisa Gherardini acababa de dar a luz a su segundo hijo. Y que el cuadro celebraría el nacimiento del pequeño Andrea, dos años después de que Lisa hubiera perdido a su hija Camilla en el parto. La serenidad de la Gioconda traduciría, así, el sentimiento de plenitud maternal.
-Que en realidad estaba aún embarazada y que “la postura de las manos sobre el abdomen” lo manifestaría (N. de la R. las manos en realidad están apoyadas en el brazo del asiento).


Ocho de cada diez visitantes al museo del Louvre, en París, lo hacen atraídos por la florentina de 25 años y convertida en el gran icono de la pintura mundial.
No sabemos de qué ríe, pero al menos nos podría decir qué mira. ¿Mira a Leonardo o nos mira a nosotros?

Existen pinturas que miran pero no observan. No es lo mismo

Es el espectador quien observa la pintura y por lo general ve miradas. “Me mira -dice- me sigue con la mirada”. Esta es una doble condición: mirar y ser mirado.

El retrato existe si es contemplado. Pero la Mona Lisa también nos observa. Mira pero, además, observa… al menos esa es la sensación que nos trasmite. Nosotros somos los observados por esta mujer que parece saber algo secreto de cada uno que la enfrenta. ¿En 500 años cuántas generaciones de hombres y mujeres ha visto?
“Los ojos de la Mona Lisa – escribía Vasari – tienen una brillantez lustrosa y los matices de la figura están realizados en colores pálidos, rosados y grises…Las pestañas y las cejas están perfectamente diseñadas, lo cual implica una gran técnica y mucha dificultad…La nariz es bellísima…”.
La descripción contradice a lo que actualmente vemos. Pues el tiempo ha hecho que todos esos detalles (sobre todo el de las pestañas) ya no puedan apreciarse con la misma nitidez.
La Mona Lisa pareciera ser un retrato estático, quieto, pasivo…Aunque por obra y gracia de sus ojos que observan, se trastoca en un retrato ágil, dinámico y muy activo. Pero es la movilidad del hombre que la creo, ensimismado en sus ideas.

Castigada                                                                                                      
Cuando el 21 de agosto de 1911, Vincenzo Peruggia se la robó del museo de Louvre (se la llevó bajo el brazo cubierta con su abrigo) la tuvo por un tiempo en su cuarto apoyada contra la pared. Desde su cama la vigilaba mientras el mundo consternado la buscaba por todo Europa.
Así estuvo el osado ladrón durante un tiempo hasta que comenzó a experimentar una desagradable sensación de inquietud. La Mona Lisa no sólo lo miraba, sino que lo observaba y Vincenzo Peruggia no lo soportó. Entonces no sólo la dio vuelta contra la pared sino que la introdujo en un ropero. Por primera vez en cuatrocientos años la Mona Lisa estaba castigada por su impertinencia de observar, que es mucho más que mirar. Pero el castigo no la amilanó, siguió sonriendo.




“Donde hay más sensibilidad, allí es más fuerte el martirio”.

La vida en círculo



A Leonardo le fascinaba la geometría aplicada al arte. Había que medir, calcular y buscar las proporciones exactas en los cuerpos. Hábito heredado de la antigua cultura clásica y común a todos los hombres del Renacimiento.
En las formas de la naturaleza están presentes la matemática y la geometría. Y si los números están en las creaciones de la naturaleza, también deberían estar presentes en las creaciones del hombre. La belleza es el objetivo del arte en el Renacimiento. La belleza es el orden, la justa proporción que otorgan las ciencias exactas. Entre las formas geométricas, Leonardo prefería la circunferencia.





Si bien no abunda en la naturaleza, la circunferencia parece ser parte importante de la creación, no tiene inicio ni fin. Representa, por ejemplo, la luz y el calor en el sol. Y siendo el fuego algo tan amorfo e inquieto pueda generar una forma geométrica tan precisa.







A Leonardo le llamaba la atención la caída de una gota de agua sobre otra superficie líquida. Observaba como al tocarla distribuía sus fuerzas de modo equitativo y equidistante, formando una o varias circunferencias concéntricas. Y que algo tan amorfo e inquieto como el agua pudiese provocar círculos tan definidos y perfectos.



La circunferencia también está es el centro de una simple flor indicándoles a las aves e insectos que es ahí donde está el néctar y el polen, posibles para la vida. La circunferencia es algo importante.



Ya anciano, se le acercó un noble con una hoja en blanco: “Maestro, maestro dibújeme algo, cualquier cosa”, le rogó el hombre. Leonardo tomó un lápiz y con un solo movimiento de mano le dibujó una circunferencia perfecta. Algo muy difícil o casi imposible de lograr.

El hombre un poco desilusionado insistió en otra cosa más digna, más reconocible: un ave, un animal o un rostro por ejemplo. “No lo desestime -le dijo Leonardo- en esta circunferencia hay toda una vida de aprendizaje”.














En este famoso dibujo de Leonardo (que ha servido a ilustradores para múltiples trabajos artísticos) se ve a un hombre inserto en un cuadrado y un círculo. El cuerpo de este hombre está dividido en cuatro partes iguales. Es el famoso Hombre de Vitruvio.



Círculos 


He descubierto algunas cosas interesantes en la Mona Lisa que el tiempo dirá si son o no importantes.
El cuerpo humano, como todas las formas de la naturaleza, es producto de un diseño; de una idea de belleza. Dios es un artista que define con compás y regla los objetos de su creación. Y el artista es un pequeño dios.
Y la circunferencia, una forma geométrica simple y perfecta, también presente en la Mona Lisa.



Ojo y pezón



En el cuerpo humano existen solo dos circunferencias. Una está representada en el círculo del iris y la otra, en el pezón femenino.






Primero que nada, tomamos como referencia el ancho de la pintura (53 cm) y trazamos una línea vertical en el centro (26,5 cm). Esta vertical pasa por el ojo de la Mona Lisa.


Luego hicimos centro en el ojo y tomamos como referencia la distancia (radio) hasta el punto más alto de la cabeza y dibujamos una circunferencia. La cabeza de la Mona Lisa aparece inscripta en un círculo.


Entre las críticas que se suelen efectuar a esta pintura es su amplia frente y el circulo superior de la cabeza, algo poco natural. Creemos que esto obedece a que si trazamos otro círculo siguiendo la inclinación que genera los labios, este limita -en su parte superior- con el nacimiento de la frente, a la izquierda con la curvatura del velo y a la derecha con las sombras. Por último, si trazamos una tercera circunferencia siguiendo la curvatura de la cabeza se forman dos intersecciones: Una en el nacimiento del velo y la otra, en el nacimiento de la boca. Justamente el punto fundamental de esta obra y que tanto a dado que hablar.


Para Leonardo, el sentido más importante era el de la vista y, en especial, la capacidad de observar la naturaleza para recrearla. Y el instrumento que utiliza el artista para este proceso son sus manos.



Nos preguntamos qué más puede determinar este “hallazgo”. ¿Qué incidencia tiene en el resto de la obra? Por ejemplo, qué pasa con las manos, el otro punto de atención en este retrato. Están en reposo y relajadas, una sobre la otra. No son manos crispadas, ni entrelazadas. Estas manos -que son bellísimas- parecieran no tener relación alguna con alguna forma geométrica, sin embargo, si recurrimos nuevamente en una circunferencia, las manos quedan insertas de un modo exacto en un círculo. Incluso pareciera que Leonardo forzó la ubicación de los dedos de la mano izquierda para hacerlos coincidir con el borde de la curvatura.


¿Y si cruzamos dos diagonales? Además de determinar el centro de la circunferencia, las diagonales están paralelas a las direcciones de los dedos. ¿Y qué sucede si trazamos una vertical ascendente que pase por el centro del círculo?: Esta pasa por el centro del ojo derecho...del mismo modo que el centro del círculo realizado en la cabeza hizo centro en el ojo izquierdo.
 

“Todo lo que existe en el universo, será primero en la mente del pintor y después en sus manos. Y aquellas cosas proporcionan armonía con sólo mirarlas un instante”.


¿Además de esas circunferencias ocultas qué incidencia tienen en el resto de la obra? Si trazamos dos verticales haciendo eje en el punto más extremo de cada círculo generando así un rectángulo. Esto por sí solo no representa casi nada, al menos que tracemos desde los ángulos opuestos dos diagonales.
Estas dos diagonales se cruzan en el escote de la dama, dividiendo en dos la pintura.
La intersección de las diagonales más una horizontal apuntan a destacar el sector del ropaje más delicado… que tienen un exquisito bordado de círculos entrelazados. Unos al lado de otros. Nuevamente la presencia del círculo.



Y, por último, si tomamos como referencia el alto de la cabeza y la multiplicamos por dos, la primera reproducción coincide con la base donde se apoyan las columnas. La segunda, termina en la mano derecha.
¿Qué pueden significar esto? Tal vez nada. Quizá sea una serie de felices coincidencias. Y de no ser coincidencias, demuestra que Leonardo no dejaba nada al azar. Esta geometría oculta demuestra la pasión de Leonardo por las ciencias exactas al servicio del arte y de la belleza. Todo -lo visible e invisible- contribuye a que este retrato nos genere cierta plácida inquietud y que, a pesar de los 500 años que han pasado, no sabemos explicar bien de qué se trata.



Entonces:

1) El sfumato que rompe el límite de lo real.
2) El paisaje vaporoso, que une lo sólido con lo líquido.
3) La sonrisa enigmática.
4) Y la geometría oculta convierten a esta pintura en el testimonio de un hombre sin igual.
Si bien la Mona Lisa no es la pintura más hermosa, es la obra de un genio. Leonardo de Vinci era un hombre solo, no tenía familia, no tenía estado propio y no tenía hogar. Una figura trágica que decía, sin embargo,  “he ofendido a Dios y a la Humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido”
La Mona Lisa es su gran legado. Lo que resume todas sus pasiones y preocupaciones. Y nos mira y su mensaje es un misterioso. Es el secreto mejor guardado y es mejor que siga siendo así.


2 comentarios:

  1. Excelente análisis Ruben. Felicitaciones...R.S.

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  2. La lectura del post me recordó este pasaje de Stendhal, gracias

    A Florencia... "Absorto en la contemplación de la belleza sublime, la veía de cerca, la tocaba, por así decir. Había alcanzado ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes inspiradas por las bellas artes y los sentimientos apasionados"

    El síndrome del viajero, Diario de Florencia, Stendhal

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