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sábado, 21 de marzo de 2015

Los fotógrafos quieren ser artistas

Los fotógrafos Santiago Porter (tercero de izquierda a derecha) y Jorge Luis Campos (quinto) inauguraron en simultáneo en el MNBA, de Neuquén, Argentina. Una coincidencia curiosa, al menos. Los fotógrafos no sólo han copado los espacios expositivos vedados a otros, sino que lo hacen de a dos a la vez.  


El MNBA, de Neuquén, acaba de inaugurar dos muestras de fotografía. Un lenguaje expresivo que parece haber ocupado el lugar de la pintura realista y ganado el ingreso sin censura a los templos del arte contemporáneo. 
¿Qué ha sucedido?
La llegada de la fotografía en el siglo XIX y el paulatino desinterés de los artistas por lo que pasa a su alrededor ha provocado en la historia del arte esta singularidad marcada por el encuentro y desencuentro entre arte y fotografía.


Por Rubén Reveco
Licenciado en Artes Plásticas


Siempre ha estado claro: no es lo mismo una fotografía que una pintura. La primera depende de la mecánica, es el producto de una fracción de segundo y puede ser multiplicada infinitamente. La segunda -en cambio- depende de la capacidad de un artista para modelar materiales inertes, es de lenta realización hasta convertirse en un objeto único; irrepetible. 
Con esto no quiero decir que la pintura -por ser pintura- sea superior a la fotografía. ¡Nada que ver! ya que existe fotografía maravillosa y pintura horrible. 
A mediados del siglo XIX, cuando emerge la fotografía, la pintura abandona los temas típicos del romanticismo y clasicismo y nace el estilo realista. El artista preocupado por las condiciones de explotación y pobreza de sus semejantes representa esa dura realidad. Mientras tanto, la fotografía se dedica casi exclusivamente al retrato. 
Luego, los pintores impresionistas descubren el paisaje. La fotografía sigue siendo en blanco y negro y no se puede comparar con una pintura por más que se coloree. 
Durante la primera mitad del siglo XX la fotografía tiene su gran oportunidad de ser un medio expresivo importante. Es la cronista de una época convulsionada y nacen testimonios gráficos de las guerras mundiales de gran impacto en la sociedad. Sociedad que descubre en la fotografía lo que la pintura no le entrega, más preocupada de mirarse el ombligo que ver "qué pasa en el barrio". Para peor, los artistas se refugian de las bombas en el arte abstracto y el geométrico y se alejan más y más de la realidad. Las guerras generan miseria, terror y dolor pero los pintores están más preocupados de chorrear telas o hacer cuadraditos que de representar esos terribles momentos.
La fotografía hasta ese entonces no tiene pretensiones artísticas. El arte sigue siendo arte y la fotografía, fotografía. Pero cuando el relato decreta que las "artes plásticas" se llamarán "artes visuales", mete en una misma bolsa de residuo toda la basura del llamado arte contemporáneo. 
La fotografía aprovecha la oportunidad de ascender y jugar en primera división y -disimuladamente- se abre paso. Primero está en la banca esperando su oportunidad y ante el primer lesionado (pintura realista) entra a la cancha. La fotografía ayudada con las nuevas cámaras digitales y las nuevas técnicas de impresión puede hacer maravillas. Nunca más deja la titularidad.

Es por eso que en espacios como el MNBA los fotógrafos inauguran cuatro o cinco veces por año. Nada mal. La fotografía ya es arte y juega en las ligas mayores.



Fotografía de Santiago Porter.


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