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martes, 28 de abril de 2015

Ricardo Borrero Álvarez: naturaleza de Colombia




Cada vez que se menciona a Colombia se piensa en Gabriel García Márquez y Fernando Botero y la verdad es que ya estoy un poco cansado de esta relación tan exigua. Hoy con la ayuda de El dibujante, venimos al rescate de un paisajista que bien se merece un espacio en este blog. Ustedes sabrán apreciar porque.

En las postrimerías del siglo XIX con el nacimiento de la cátedra de paisaje en La Escuela de Bellas Artes de Bogotá surgió una generación de artistas que trabajando en formatos reducidos y con algo de contacto con Europa le dieron un aire nuevo a la pintura colombiana de aquel entonces. Fueron la vanguardia que nunca lo fue. Discutieron sobre estética y belleza, sobre modernismo y modernidad, sobre impresionismo y naturalismo dejando como legado el profesionalismo de su oficio que había consistido hasta entonces en una larga lista de encargos de iglesias y retratos de los héroes anodinos de nuestras interminables guerras civiles cargados de enseñanzas teológicas, políticas y morales. Hoy venimos a rescatar del olvido a este gran maestro colombiano, uno de los mejores pintores latinoamericanos de todos los tiempos, con este precioso texto de Darío Ortiz acompañando a algunas imágenes de su obra.

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Apegados a España no vieron París y cuando vivieron en París pintaron como españoles logrando sin embargo poner de moda en Colombia la pintura colombiana, cambiando en las salas señoriales las litografías suizas y alemanas por sus pinturas. Entre ellos, si hubo uno que brilló por su talento, oficio y habilidad técnica, por ser uno de los artistas mejor formados de nuestro medio, por sus muestras apreciables de ingenio y por ser moderno e inclusive audaz según los epítetos que usaron para su obra fue Ricardo Borrero Álvarez.


Borrero aunque luego de su muerte sería catalogado de Académico, nunca lo fue, ya que la academia apoyaba las obras llenas de lecciones históricas y morales y nada más alejado de su arte. Fue protagonista de un tiempo donde la pintura por fin fue sencillamente pintura sin consideraciones intelectuales ni políticas. Fue moderno al enfrentar la estética a la moral, haciendo entonces parte del nacimiento del arte moderno en Colombia pese a que luego Marta Traba en sus comentarios tan llenos de poesía y emoción, y tan faltos de rigor histórico, dijera que la modernidad había nacido cinco décadas más tarde.



A Ricardo Borrero Álvarez la academia le dio el oficio, el tableautin el formato, el paisaje la inspiración y la burguesía el éxito. Éxito que aún hoy hace difícil que los dueños de sus obras se desprendan de ellas dos meses para hacer una exposición. Representa una huída hacia la estética en un tiempo de cambio, guerras y convulsiones. Representa la memoria de un país rural en el nacimiento del capitalismo y el urbanismo en Colombia. Representa, en fin, un tiempo que nunca volverá lleno de transformaciones, ismos y contradicciones en los que él fue gestor, participe y por último víctima.



Esta selección de una veintena de sus obras  no pretende cambiar nada, ni proponer una legitimación de su trabajo que ya sobradamente tiene un espacio propio en la historia del arte colombiano. No pretende tampoco hacer una revalorización de su pintura llenándola de laberintos intelectuales. Simplemente hace honor a su obra mostrando su arte como él siempre quiso que se lo viera, sencillamente como pintura. Pintura pura de esa que hoy ya no existe.




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