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martes, 30 de junio de 2015

Rescatando pinturas y pintores: Manuel Ramírez Ibáñez

La noche triste de Hernán Cortés 1890 óleo sobre lienzo, 180 x 130 cm. Museo de Bellas Artes de Badajoz.


La irrupción del llamado "arte moderno" en el siglo XX, condenó al olvido a muchos artistas que venían con la impronta de la academia del siglo XIX. Uno de estos es el del español Manuel Ramírez Ibáñez. El director del museo de Bellas Artes de Badajoz, Román Hernández Nieves, analiza su obra más importante: "La noche triste de Hernán Cortéz"



La noche triste de Hernán Cortés


Esta obra, adquirida para el museo en el año 2000, era conocida por especialistas en pintura española del siglo XIX, pero se ignoraba desde hacía tiempo su paradero. Fue pintada por Manuel Ramírez Ibáñez en 1890, a los 34 años de edad, cuando su pintura había recibido ya algunos reconocimientos, por lo que puede considerarse un trabajo de cierta madurez.
La figura y la gesta de Hernán Cortés, como la de otros conquistadores, fue durante el siglo XIX un tema pictórico interpretado en numerosas ocasiones. Francisco Sans y Cabot inauguró la serie con el cuadro Hernán Cortés quemando las naves, y que se continuó con otros sobre el mismo asunto de Antonio Pérez Rubio y el de Rafael Moleón y que se cerró con la obra de Joaquín Turina y Arenal titulada Entierro de Hemán Cortés.
Sobre el tema de la llamada Noche Triste del 1 de julio de 1520, en la que los aztecas sorprendieron a los 1.300 soldados de Cortés, de los que sólo sobrevivieron 440, se conocen dos pinturas: la de José María Rodríguez de Losada, titulada Noche triste de México y la interpretación más célebre que hizo Manuel Ramírez Ibáñez, objeto de este comentario y que fue presentada a la Exposición Nacional de 1890. El asunto que se interpreta viene así descrito en el catálogo de dicha Exposición: "Hernán Cortés. después de apearse de su fatigado corcel y de recostarse sobre una piedra, miró tristemente desfilar por delante de él sus destrozadas tropas; la caballería, la mayor parte sin caballos, venía confundida con la infantería, la cual arrastraba con trabajo sus cansados miembros".
La crítica de la época se centró en la poca aproximación a la verdad que presentaba el cuadro, aspecto que contradecía abiertamente las normas de la llamada pintura de historia y en las pequeñas dimensiones del cuadro para lo que era habitual en este género pictórico. Sin embargo. Picón lo describía así: "El héroe, al que España debió no menos que un Imperio, aparece sentado en una peña en actitud que denota profundo abatimiento: tras él está la india que le amó, de quien fue amado y que supo servirle con fidelidad admirable; no lejos de ellos se ven varios capitanes y hacia la parte de la derecha desfilan los restos de las tropas, entonces allí por primera vez vencidas y que luego tomaron tan gloriosas venganzas. El ambiente que envuelve la escena no tiene la lobreguez y negrura propias de la noche, sino que está todo envuelto en una atmósfera azulada que tiene mucho de fantástica".
La composición se distribuye en dos grupos: el de Cortés, la india ricamente enjoyada detrás de él y un capitán de espalda que sujeta el caballo del conquistador sobre un fondo boscoso más oscuro. En el grupo más alejado de la derecha desfilan las derrotadas tropas sobre un fondo más luminoso constituido por un celaje más propio del alba que de la noche. Destaca la correcta ejecución del paisaje y más aún los brillos de las armaduras, especialmente la de Cortés. Pero, sobre todo, destaca la impresión de abatimiento. cansancio y derrota del conquistador y su fiel tropa.

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