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sábado, 1 de agosto de 2015

Entrevista a Fausto Martín: Mención de honor en Figurativa ´15

Fausto Martín trabajando en "Vistazo desde el interior".

Los madrilistas la tienen con Madrid, quizá no exista ciudad que genere tanto embrujo en los artistas realistas del siglo XX y XXI  como la capital española. Y Fausto Martín no es la excepción.
Recientemente ha obtenido la Mención de Honor en el 8º concurso internacional FIGURATIVAS 15. MEAM (Museo Europeo de Arte Moderno) de Barcelona, con la obra "Vistazo desde el interior".

Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas

Fausto Martín nació en León, España en 1965. Vive en Madrid desde 1968. Licenciado en Arte Publicitario e Ilustración por la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid. Desde 1990 se ha dedicado a la ilustración y al arte publicitario, realizando trabajos para diferentes revistas, estudios de diseño gráfico, agencias de publicidad y editoriales.
En una entrevista a este medio, Fausto Martín expresó: "El haber conseguido este premio en Figurativas del MEAM, supone un gran estímulo para seguir adelante por este camino y cada vez con más ilusión, es muy importante para mi."
-¿Qué nos puede decir de "Vistazo desde el interior"?
-"Vistazo desde el interior" surgió sin buscarla. La imagen la tomé en la Gran Vía un día que salí a hacer fotos de tejados. Llevaba toda la mañana en azoteas y terrazas y hacía mucho calor, mientras buscaba un sitio para comer vi este portal, me llamó la atención el enrejado de la puerta, entré y se estaba fresco y el ruido de la calle se mitigaba mucho, mientras descansaba observaba como se cruzaba la gente por delante de la puerta. Con el espejo del portal era como estar dentro de una cámara réflex, las personas pasaban por la puerta como si fuera el obturador y se reflejaban en el espejo, se duplicaban durante una décima de segundo. En el cuadro he tratado de reflejar ese instante con esos dos ambientes, uno de quietud, que es el interior del portal con el fresco del mármol y del espejo, y el otro, el ambiente del exterior de la calle con el calor, la gente, el ruido, el asfalto, las prisas. Según avanzaba el cuadro me gustaba mucho también la imagen duplicada en el espejo, y exageré la distorsión de la figura reflejada como si se estuviera deshaciendo, era como representar una doble personalidad, la real y la del espejo, y además enfrentadas.



-¿Sobre qué soportes trabaja?
-Desde hace un par de años trabajo el grafito sobre tabla. La preparo con una imprimación, luego lijo la superficie más o menos dependiendo de la textura que quiera conseguir. En un mismo cuadro suelo lijar partes de forma diferente, así en una misma obra obtengo texturas diferentes, aunque intento controlarlo la mayoría de las veces no lo consigo y el resultado es bastante fortuito, cosa que me gusta porque luego aparecen efectos imprevistos cuando aplico el grafito y siempre en el sitio menos pensado. El paso de dibujar sobre papel a dibujar sobre tabla me ha dado más libertad, sin miedo a cargarme el soporte, ahora puedo dar aguadas empapando parte del cuadro, o lijar sobre el grafito para conseguir efectos curiosos, en algunas zonas no parece grafito porque adquiere la textura de los brochazos del gesso que hay debajo. En "Vistazo desde el interior" solo tiene aguada y lijados la parte del reflejo y eso le da otro aspecto al espejo. Cuando echo de menos la uniformidad del papel hago alguna cosa, pero son de tamaño más pequeño.
-¿Por qué sólo blanco y negro?
-Pues es una buena pregunta, una poderosa razón es que mis técnicas favoritas desde niño han sido el grafito y la tinta china. Aunque mi padre era pintor y de niño recuerdo estar con él trasteando con el óleo o con acuarelas, nunca llegó a engancharme el uso del color, no sentía la necesidad de usarlo, siempre volvía a mis cómics y me dedicaba a copiarlos siempre en blanco y negro y de manera autodidacta... Luego profesionalmente, como es lógico, he usado el color en el diseño gráfico y la ilustración, pero por exigencias del guión. Ahora haciendo este tipo de obras vuelvo a mis orígenes.
También reconozco que siento una gran admiración por fotógrafos clásicos en blanco y negro del siglo XX, como Willy Ronis, Català-Roca, Cartier-Bresson, Doisneau, Erwitt, etc..
-Usted es un hombre del diseño gráfico. ¿En su obra dónde está el límite entre lo ilustrativo y lo pictórico?
-He trabajado en diseño gráfico durante muchos años y en ilustración también aunque algo menos, y la verdad es que no tiene nada que ver.
Empezando por el hecho de que ese tipo de trabajos son encargos donde te tienes que adaptar a lo que el cliente quiere, y en el proceso opinan más personas hasta el resultado final. El planteamiento pictórico es otro, sientes la necesidad de contar algo que te ronda la cabeza, o simplemente te encuentras con una imagen que te dice algo.
Luego tu estado de ánimo influye a la hora de plasmar esa imagen, tú decides qué pones y qué quitas y a qué le das más o menos importancia.
Para mi el proceso pictórico es apasionante porque es solitario de principio a fin y está lleno de dudas. Supongo que de esa etapa anterior quedará algo de manera inconsciente, pero irá quedando cada vez menos según avance, porque la libertad estética y formal de ahora va deglutiendo todo lo que hice anteriormente en el terreno gráfico.
-¿Se considera hiperrealista?
-Me considero realista, en todo caso prefiero la descripción foto-realista, que era el término que usaban los artistas americanos para las obras basadas en fotografías. El término hiperrealismo, aunque se refiere a lo mismo, me suena más a hacer una obra tan tan realista que parezca una fotografía, y no tengo ni técnica ni paciencia suficientes... tampoco me apetece. Creo que no, sobre todo desde que trabajo sobre tabla el resultado es otro, es menos fotográfico, sobre todo cuando el grafito se mezcla con la textura del soporte y me influye en como tratar la imagen, ahí el resultado se descontrola.
-Algunos acusan a los realistas que sólo son despliegue de virtuosismo técnico ¿Le ha pasado? ¿Qué les contestaría?
-No, a mi no, incluso en las obras más foto-realistas sobre papel de hace unos años, se aprecia el grafito de forma natural, siempre como un dibujo aunque haya partes muy detalladas y limpias. De todas formas, si alguien delante de uno de mis cuadros solo apreciase virtuosismo técnico, pues lo sentiría porque me gustaría que le transmitiese algo más, pero no tendría nada que decirle, lo respetaría.
-Cuando alguien se acerca a uno de sus trabajos y exclama "¡¿Cómo lo hizo!?" ¿Qué le sucede; se da por satisfecho?
-Bueno, ¡supongo que sería una exclamación de admiración, espero!..., y que alguien admire tu trabajo a nivel técnico o a otro nivel siempre es gratificante aunque ese no sea el propósito de la obra. Si ese "¡¿cómo lo hizo?!" sirve para que se quede un rato mirándolo sacando sus propias conclusiones, me parece un estupendo primer paso para que luego se pregunte "¿por qué lo hizo?", "¿qué me quiere contar?", con lo cual no me sentiría satisfecho si se queda solo en la superficie de la obra.
-¿Causar admiración es el objetivo?
No, el objetivo de cualquier obra artística es transmitir algo.
-¿Qué quiere expresar?
Sensaciones, estados de ánimo, ya sea la soledad (una cabina de teléfono que ya nadie usa, los tejados de una ciudad donde cada uno está aislado del vecino), la melancolía del paso del tiempo (unos trastos viejos amontonados en la calle) o también situaciones cotidianas que pasan desapercibidas, como imaginarme a dos personas a punto de conocerse en una cabina de fotos-carnet, o a alguien andando con prisa por la calle sin saber que está siendo observado y que se ha convertido en el protagonista de una historia que ni se imagina.











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