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jueves, 10 de septiembre de 2015

El nefasto Instituto Di Tella



Cuánto dinero desperdiciado fomentando a personas de un modo inútil ¿Qué ha quedado de esos artistas y cuál ha sido el aporte a la cultura argentina?
La intención no fue mala, pero -salvo excepciones- muy poco para mostrar.


Por Rubén Reveco, licenciado en Artes Plásticas


"Fue becado por el Di Tella" suelo leer a menudo en los catálogos de artistas que sobreviven en el anonimato y que ningún argentino sería capaz de reconocerlos en la calle y menos mencionar alguna de sus obras. El haber sido becados por el Di Tella ha pasado a ser la "chapita"; el gran logro de estos artistas que poco y nada nos han dejado al patrimonio cultural argentino.
El Instituto di Tella fracasó, como ha fracasado toda la vanguardia y el llamado Arte Contemporáneo.  Vivieron y viven de espalda a la realidad y se siguen mirando el ombligo y creyendo que son más importante que su obra.
Pero lo curioso es que el prestigio de esta institución se siguió cultivando hasta nuestros días. Y desde ese supuesto, el Estado frívolo tomó la posta y siguió gastando dinero en promover, becar, organizar muestras y difundir el anti-arte porque era y es cool, para desgracia de miles de jóvenes con talento y pasión que nunca han encontrado ni encontrarán apoyo.

Las intenciones no fueron malas

La vocación filantrópica del ingeniero Torcuato Di Tella y su concepción de la empresa “como algo más que una actividad lucrativa”, inspiraron a sus hijos Guido y Torcuato a instaurar, en 1958, la Fundación Torcuato Di Tella y el Instituto, de igual nombre, en homenaje a la memoria de su padre.
Al tiempo, “el Di Tella” se constituyó en un hito cultural, en un centro de difusión e investigación de ideas de avanzada y en un ambiente aparentemente plural. Contribuyó a promocionar a artistas y académicos de dudosa actuación nacional e internacional: Marta Minujín y León Ferrari, entre otros.
Con el tiempo, se convirtió no sólo en sinónimo de vanguardia y polémica, sino en uno de los mitos más emblemáticos de los años sesenta. Todos hablaban del Di Tella pero nadie sabía qué hacía. 
A fines de los años sesenta, por diversos motivos, se dificultó su continuidad y cerró sus puertas. De esta forma, concluía sólo un experimento que nada dejó, salvo beneficios a los becados y algún que otro viaje sin destino conocido.


Jorge Romero Brest (1905-1989) su director. 

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