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martes, 6 de octubre de 2015

EVA, siempre es bueno ser la primera



De acuerdo al versículo de Génesis, (Génesis) , Eva fue la primera mujer creada. En Génesis 3:1, ella es aparentemente la víctima de la serpiente en el Jardín del Edén. La serpiente logra convencer a Eva de comer la fruta prohibida, la cual Eva compartió con Adán que estaba con ella. Al comer de la fruta prohibida, Eva y Adán desobedecieron el claro mandamiento de Génesis 2:16-17. 


La verdadera historia de Eva

El mito bíblico afirma que Eva (Hawâ, en hebreo) fue la primera mujer del universo. No obstante, esto no impide que incluso ella tenga una historia detrás.
La fuente más conocida para el mito de Eva se encuentra en el Libro del Génesis. Allí se nos informa que fue creada en el Edén, pero no en cualquier rincón de este delicioso jardín, sino en el huerto.
Contrariamente a lo que se piensa al oír la historia de la costilla de Adán, es decir, que Eva es un sub-producto del hombre, la realidad mítica es mucho más compleja. Eva no es creada a partir de materiales groseros como la arcilla y el barro, tal como su compañero Adán, sino del material más noble pensado por dios; es decir, el propio hombre.





En este sentido conviene desechar las ideas de que Eva es una especie de residuo del varón, sino una criatura conformada a partir de la nobleza. Algunos incluso sospechan que la "costilla" simboliza en realidad el "costado de Adán", algo parecido a lo que sucede con el mito de las almas gemelas dentro de los griegos, o sea, que el hombre y la mujer fueron separados para dar forma a los principios masculino y femenino, en hebreo, el Ish y la Isha, el varón y la hembra.


Pintura de Konstantin Kacev

El nombre Eva en hebreo (Hawâ) significa tanto "madre de lo que vive" como "dadora de vida", es decir, un epíteto para "madre"; algo que se ajusta perfectamente a la primera orden de Dios: multiplicarse (Génesis 1:28). Visto en retrospectiva aquel mandamiento parece condenar a la mujer a convertirse en un útero funcional, pero su sentido está muy lejos de eso. Dios no se dirige únicamente a Adán, sino a ambos por igual.
En este punto entra a tallar la escena de la prohibición de comer del Árbol del conocimiento del bien y el mal. En otras palabras, de comer del árbol que permite diferenciar lo bueno de lo malo. Paradójicamente, Dios formuló esa prohibición a dos seres incapaces de distinguir la diferencia entre un acto bueno y uno malo, de forma que cualquier prohibición resulta vana.



El Génesis sostiene que Eva fue engañada por la serpiente, pero tal vez las cosas no hayan sido tan radicalmente absurdas. Eva sacrificó el paraíso y sus dones bucólicos en favor del conocimiento.
El castigo por esta trasgresión fue el nacimiento de la humanidad, es decir, de las desdichas que nos conforman como humanos; pero también revela algunos temores pluralistas de Dios, que en ese punto del Génesis el Señor parece olvidar momentáneamente que es Único y Omnipotente, y habla de sí mismo como si fuesen muchos:
El ser humano ha llegado a ser como uno de nosotros, pues tiene conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que extienda su mano y también tome del fruto del árbol de la vida, lo coma y viva para siempre. (Génesis 3:22)


Pintura de Ma Jing Hu

El trato que Dios le ofrece a Adán y Eva tiene cláusulas inadmisibles. Para vivir en el Paraíso es necesario prescindir del conocimiento, algo que Eva no estaba dispuesta a tolerar.




Ya expulsados del Edén, Adán y Eva se enfrentaron a un mundo hostil, donde los frutos no brotaban como por arte de magia, sino que había que ganárselos con trabajo y perseverancia. Así llegaron sus primeros hijos, Abel, Caín, Set, y muchos otros. Erróneamente se cree que Eva tuvo solo dos hijos. Basta revisar el Génesis 5:4 para advertir que junto a Adán parió una cifra indeterminada de vástagos.




Ahora bien, salgamos por un momento del míto bíblico de Eva y busquemos su pasado en otras mitologías. En Sumeria, por ejemplo, más precisamente en la historia de Gilgamesh, se cuenta como la diosa Ki le arrancó una costilla a Enki y con ella creó una diosa llamada Ninti, literalmente "mujer-costilla". El propio Enki condenó al exilio a los hijos de Ninti, es decir, a los humanos.




Etimológicamente hablando Ninti es una versión antigua de Hawâ (Eva). Nin significa "mujer", y Ti, "costilla", pero también "vida"; de modo que Ninti tiene un doble significado: "Mujer-costilla" y "Mujer-vida"; es decir, "la mujer que da vida", o en otras palabras, simplemente "madre".


Pintura de Konstantin Kacev


El supuesto "engaño" de la serpiente solo puede ser considerado como tal si nos ubicamos en un lugar parcializado de la situación. Todo engaño supone un ardid por el cual se busca perjudicar la situación del otro. Si pensamos que la vida en el Edén, con sus revoluciones constantes y previsibles, su ausencia de conocimiento y su probervial falta de emoción, es un bien deseable, entonces podemos creer que Eva efectivamente fue engañada por la serpiente. Si en cambio creemos lo contrario, es decir, que un Edén sin autonomía e ideas propias no puede ser llamado Paraíso, los términos de aquel engaño se invierten por completo.




Si la historia hubiese seguido el curso manso de las actitudes de Adán, siempre predispuesto a aceptar las prerrogativas divinas, entonces quizás todavía estaríamos habitando en el paraíso, pero en un paraíso contradictorio, donde lo bueno y lo malo se confunden y donde la sabiduría está prolijamente ausente. Bajo esos términos, el sacrificio de Eva justifica cualquier infortunio posterior. A ella le debemos el primer razonamiento, la primera decisión de la humanidad: sacrificarse a uno mismo por el conocimiento; aún cuando ello nos lleve a alejarnos de Dios.
También podríamos razonar que un Dios que prohíbe el conocimiento no merece ser considerado como tal. No obstante, algo indefinible nos inclina a sospechar que el conocimiento genuino solo se adquiere mediante el trabajo y el sacrificio, algo que Eva intuyó mucho antes que su manso consorte. 



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Pintura de Konstantin Kacev







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