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viernes, 15 de abril de 2016

¿Por qué los estúpidos se apoderaron del arte?



Cuando escribo "arte" no me refiero -por ejemplo- a lo que hacen los músicos, los actores, los escritores o los que tienen que aprender muy bien su oficio para poder ejercer como tal. Me refiero a los que se llaman "artistas visuales" y realizan objetos o acciones que sólo ellos llaman "arte".
En el "Día Mundial del Arte" (nacimiento de Leonardo da Vinci) reproduzco un gran artículo de la crítica mexicana Avelina Lésper. "En un alarde de demagogia la producción masiva de artistas forma parte de las campañas políticas, todos son artistas y todo es arte es el eslogan de propaganda más recurrido", expresa la autora.


"Tener nostalgia del futuro es la fatalidad de analizar el presente. Hagamos un viaje por nuestra lastimosa condición, por un provenir en el que arte se extingue. Los pintores, escultores, dibujantes y artistas de la gráfica agotados de tanto desprecio por su obra, de ser expulsados de los museos, se hartan y abandonan la creación en un suicidio espiritual colectivo.
Los miles de artistas contemporáneos y los curadores, con la furia de una plaga de langostas, toman hasta los espacios consagrados al arte que nos trascendió y nos dio formación como seres civilizados. Entran al museo de Louvre y descuelgan la Mona Lisa y en su lugar colocan el vello púbico de Marina Abramovic. Derriban La Capilla Sextina y en sus ruinas orinan y defecan los artistas emergentes y crean arte detritus. Como este arte siempre tiene buenas intenciones, y sin ser sociólogos, ni psicólogos ofrecen sus trabajos superficiales e inmediatos para resolver patologías sociales, destruyen la obra desde Artemisa Gentileschi hasta Monica Cook y montan obras “feministas” que defienden los derechos de la mujer y subliman su condición con performances e instalaciones de cosméticos, envases de limpiadores y enseres domésticos. Por fin ya son dueños de todos los espacios para expandir su obra y educar al público para que desprecie la belleza y la inteligencia y en el paroxismo toman la galería de los Uffizi, queman el Nacimiento de Venus de Boticelli y lo sustituye una peformancera que se baña en su menstruación; el registro fotográfico, el video y la “investigación interdisciplinaria” quedan como obras permanentes. Sacan los tizianos, y los rafaeles, el autorretrato de Da Vinci lo cambian por un animal de Demian Hirst, la Adoración de los Magos por un balloon gigante de Jeff Koons. En un orgasmo de alegría y éxtasis los artistas contemporáneos que se han sentido marginados, incomprendidos y menospreciados entran en el museo D’Orsay y el museo del Prado, intervienen las obras, las destrozan y colocan su ropa sucia. En las salas vacías hacen instalaciones de audio cantando desafinados “canciones folklóricas” como Susan Philipsz, el más reciente premio Turner. Para relacionar “arte y tecnología” en lugar de los monumentales Rubens que comisionó María de Medici cuelgan pantallas de video con las imágenes fuera de foco de sus vacaciones, de encuentros personales, y todas las naderías que suelen grabar y convertir en arte.



El futuro sigue avanzando, no queda rastro de lo que fue el arte, la experiencia estética no existe, la contemplación pasó de moda y toma unos segundos ver objetos de consumo comunes en las salas de exposición. Las escuelas de arte dejan de impartir dibujo, pintura y cualquier disciplina que remita al pasado artístico de la humanidad. Los maestros son proscritos y enviados a campos de reeducación. La cotidianeidad más zafia y el escándalo se apoderan del espacio, el museo es prolongación de la televisión, sus noticieros, publicidad, programas e ideas sustituyen al pensamiento estético. En un alarde de demagogia la producción masiva de artistas forma parte de las campañas políticas, “todos son artistas y todo es arte” es el eslogan de propaganda más recurrido.




Sin el remanso intelectual que es el verdadero arte, con nuestra inclinación natural por la belleza mutilada, con la inteligencia reprimida y sometida a no pensar y aceptar lo que sea como arte, caminamos en la frustración hacia la involución y el salvajismo. Entonces con la humanidad destruida en su esencia los “promotores de arte” ríen satisfechos porque por fin educaron un público que acepta sumiso que ellos deciden lo que es arte. ¡Aleluya! ¡Aleluya!"

Sobre la estupidez

Lo peor del ser humano es la estupidez. Es el peor enemigo, los estúpidos causan más daño que los malvados. ¿Por qué? Porque la estupidez nos deja indefensos ante la realidad. Poco a poco nos vamos suicidando, no escuchamos las señales que nos da el mundo (Pérez-Reverte)

Aunque estén soportadas por los retóricos discursos de los curadores y que los mismos artistas les adjudican, las obras en su presencia se muestran infra inteligentes porque ese es precisamente su verdadero statement artístico: la obviedad que reta con la intencional incapacidad intelectual. Ser estúpido no es un accidente, esta actitud es provocada, se busca. La necedad para no aceptar las limitaciones, la negación para trabajar y superarlas, la incultura, la violencia, son constantes en la persona que se muestra complacida con su estupidez.(Cady Noland)

1 comentario:

  1. Arte, ?que es eso?, hoy día artista es el arquitecto, ingeniero, científico, banquero, político, adoctrinador de masas etc., ?los demás¿, los demás somos simples marionetas huidizos y asustados productos resultantes de la perfecta ingeniería y manipulación en marcha, hacia la esclavitud absoluta .

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