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lunes, 12 de septiembre de 2016

La musa mayor de Amedeo Modigliani

Jeanne Hébuterne.

Lo que Vincent van Gogh es para fines del siglo XIX, Amedeo Modigliani es para comienzos del siglo XX. Los dos, sin proponérselo, construyeron la leyenda del "pintor maldito".
Muchas mujeres fueron parte de sus breves y tumultosas vidas. En el caso del italiano, una de ellas lo acompañó hasta el final de sus 35 años.


La historia de la mujer que supo vivir al lado de un “maldito”.


FUENTE: Letra Urbana

El libro de Lorena San Miguel "Simplemente Jeanne" es un  relato sobre la vida de Jeanne Hébutarne, la musa del artista Amadeo Modigliani. Este relato cronológico, hecho en primera persona, incluye descripciones de los lugares donde nació, vivió con el pintor y narra acerca de su suicidio, en París, en 1921.
La autora es licenciada en historia por la Universidad de Cantabria, y cursó un posgrado en Antropología, actualmente reside en la localidad de Suances.
La publicación del libro fue uno de los proyectos editoriales de Libros.com. Se llevó a cabo con la colaboración de mecenas a través de una campaña de crowdfunding y alcanzó la publicación en 2015.


Amedeo Modigliani

-Tu acercamiento a Jeanne Hébuterne lo haces de manera cronológica, ¿se debe a tu profesión de historiadora u otra razón?
-En cierta manera, puede tener alguna relación con mi manera habitual de enfrentarme a una historia que relatar, pues estoy habituada a que los procesos cronológicos me resulten más accesibles de transmitir. Por otro lado, considerando las diferentes maneras de acercarme a la narración consideré que el eje lineal de la historia podía encajar, en contraposición con la manera en que la protagonista iba viviendo sus devenires que poco tenía que ver con lo rectilíneo.


-Modigliani tuvo muchos amores, y también realizó muchas obras.  ¿Por qué te llamo la atención esta obra de Jeanne, con su traje amarillo, que te llevo a escribir un libro sobre ella?
-Esta fue la primera obra de Modigliani que vi en directo, en la exposición inaugural del Museo Guggenheim de Bilbao y ello quedó guardado en mi mente como el punto de inicio de mi “amor” por su pintura y su arte.  Otra de las razones que me llevan a considerar esta obra como referente, es que resulta un óleo poco visto y reproducido (al contrario que otras obras de Modigliani, como sus desnudos) a pesar de ser estéticamente muy bello y de tener un colorido muy impactante. Siempre me ha parecido un acercamiento muy íntimo a Jeanne. Parece una escena muy familiar, donde ella viste un simple jersey y que me lleva a recrear una escena de otoño en el estudio del pintor en París, mientras en la ventana continúa lloviendo y ella refleja esas gotas en sus ojos vacíos. Jeanne fue decisiva en la vida de Modigliani, le enseñó a ver la vida desde otra perspectiva, le acercó a Niza y a sus colores, le ayudó en los peores momentos y a salir del abismo en numerosas ocasiones. Su presencia fuera vital, aunque él no siempre fuese capaz de reconocerlo públicamente.

Durante la vida del pintor, sólo se publicó una nota crítica sobre su obra. La firmó Francis Carco, y apareció en el Éventail de Ginebra ("Modigliani",15 de julio de 1919), luego de una exposición colectiva en la Galería Dada de Zurich donde Modigliani fue invitado a participar. André Salmon había escrito una nota antes de la muerte del pintor, que se publicó, con casi nula difusión, en un número de 1920 de Art Vivant.

-¿Qué esperas provocar en el lector al traer al presente la vida de esta mujer?
-Mi intención al escribir esta historia es intentar sacar del anonimato a una gran mujer que puede aportarnos ciertos matices en la vida y obra de Modigliani. Esto se hizo más palpable al visitar su tumba en el cementerio de Pere Lachaise en París y vislumbrar una cierta soledad de ambos, fruto del paso del tiempo y del olvido de muchos. Así que fui al rescate de esta historia que me pareció tan interesante como triste, tan bella como amarga. Jeanne puede hacernos reflexionar sobre grandes ideas que forman parte del ideario humano con independencia del momento histórico que vivamos. Es como leer a Homero; de sus obras podemos obtener consideraciones aunque nos separen miles de años.

Hasta la publicación, en 1926, de Modigliani, sa vie et son oeuvre, una monografía de Salmon basada en esa nota, sólo es posible encontrar un artículo sobre el pintor: una horrible diatriba de Francesco Sapori (Arte mondiale alla XIII Esposizione a Venezia, Bérgamo, 1922), a partir de la participación de doce obras de Modigliani en la Bienal de Venecia de 1922.


-¿Es cierta la frase “detrás de un gran hombre hay una gran mujer” en el caso de Jeanne?
-Sinceramente, no es una de las frases que más me gusten respecto a las relaciones entre un hombre y una mujer. Considero que es habitual encontrar mujeres junto a hombres influyentes que les permiten desarrollar su trabajo plenamente y que les aportan ciertos aspectos que acaban de encumbrar a esa persona. Creo que Modigliani era plenamente consciente de la importancia de Jeanne en su vida, en todos los sentidos, y por eso su forma de retratarla era especial.

La leyenda de Modigliani se disparó con la monografía de André Salmon; pero la buena opinión de la crítica, que comienza a formarse en esos años, se debe a trabajos de Fry, Einstein, Warnold, Reynal y Carco, publicados todos a partir de 1926.

-¿Qué es lo que más te llama la atención de Paris en 1920 en relación a la mujer?
-A medida que avanzaba el siglo y los procesos de modernización, la mujer fue ocupando nuevos espacios. Su presencia se hizo habitual en el teatro, las salas de cine, los salones de té y aun en los clubes sociales, en los cuales, a principios del siglo, sólo se permitía la presencia masculina. Durante los años 20, y como consecuencia del impacto de la Primera Guerra Mundial en los roles femeninos, sectores de mujeres de la sociedad local que tenían oportunidad de viajar al exterior o de leer y estar en contacto con publicaciones europeas adoptaron actitudes y comportamientos que se distanciaban del ideal femenino convencional. La moda se hizo mucho más sofisticada y así las prendas fueron permitiendo mayor libertad de movimiento en el cuerpo femenino, el largo de la falda se recortó de forma notable exponiendo a la vista las piernas, el cabello se llevó corto y se impuso el maquillaje. La coquetería reemplazó las actitudes de modestia y pudor, y entre los sectores femeninos de la élite se fue extendiendo la práctica de deportes. Además de las trabajadoras domésticas, las mujeres se desempeñaron en oficios artesanales que venían ejerciendo desde tiempos anteriores, tales como modistas, costureras, panaderas, sombrereras, zapateras y comadronas. Muchos de éstos eran extensión de sus actividades domésticas. Sin embargo, el hecho más significativo en la vida laboral de las mujeres en el siglo XX es su ingreso como fuerza laboral obrera y su progresiva emancipación económica, permitiendo ser dueñas de mayores facetas de su propia realidad.

André Salmon escribió una novela (La vie passionée de Modigliani, 1957) que contribuyó a difundir una idea fantasiosa del artista. En 1958, Jeanne Modigliani publicó su Modigliani senza leggenda, un intento de despojar la imagen de su padre del aura romántica que lo endiosaba a la vez que estigmatizaba.
Lionello Venturi, el gran crítico italiano, contribuyó -en medio de una disputa famosa con un erudito fascista- a cambiar la visión que los italianos tenían del pintor emigrado, a partir de la difusión de artículos en su revista Arte a partir de 1930.


-Si bien lo que descubres sobre Jeanne es que es una mujer frágil, y como indicas “va cediendo su espacio para dejar que él lo ocupe todo”, ¿qué te hizo suponer que había mucho más en ella?
-Ella despertaba en aquellas personas que la conocían una gran química, era una persona difícil de olvidar, a pesar de no ser una mujer estridente, como era habitual en el entorno del pintor.Jeanne Hébuterne pudo haber tenido una vida tranquila y pasar desapercibida. Su padre era cajero en un comercio importante, estaba casado con un ama de casa común, y tenía un trabajo estable con el que mantenía a su familia. En fin, un hombre muy católico y serio. Pero a Jeanne se le ocurrió salir de ese ambiente. Siguiendo a su hermano André, que soñaba con ser pintor, se fue a Montparnasse; lo cual implicaba un punto de irreverencia que para mí resulta vital en toda su trayectoria. Jeanne era, en palabras del escritor Charles-Albert Cingria, una joven amable, tímida, tranquila y delicada, lo que unido a su grandiosidad interior, la llevó a ocupar ese lugar central en la vida y obra de Modigliani. Ella despertaba en aquellas personas que la conocía una gran química, era una persona difícil de olvidar, a pesar de no ser una mujer estridente, como era habitual en el entorno del pintor. Ella fue plenamente consciente de la importancia de ser la piedra sobre la que Amedeo debía descansar y sobre la que debía construir su arte. Cedió en aquellos planos que, según su criterio, no la perjudicaban y fue siendo el centro del universo de su amado. Este hecho no siempre resultó sencillo, puesto que implicaba grandes conflictos con ella misma y con aquellos que la rodeaban.

Modigliani levanta, con su obra, una especie de encantamiento que ha dejado mudos a los especialistas.
No hay mediación posible; no hay posibilidad de valoración erudita; sólo cabe el contacto directo con su arte. Para quien se detiene y mira, empieza el infinito.


-¿Por qué el artista no la pintó desnuda como a otras de sus musas?
-Es una pregunta sobre la que no acabo de tener una idea clara. Por un  lado, creo que responde al lado más “machista” de Modigliani, de creer que el cuerpo de Jeanne era una especie de posesión suya. Sin embargo, en muchas ocasiones, el pintor demostró poseer un carácter bastante abierto en materia sexual y demostró con otras de sus amantes un matiz altamente liberal. También, no conviene olvidar que Jeanne procede de una familia muy conservadora en el tema religioso y el cuerpo femenino resulta un tema tabú dentro de este ambiente. Por ello, considero que el hecho de no dar a conocer ningún desnudo de Jeanne es, en parte, un acto de generosidad respecto a ella para no hacerla sentir una cierta vergüenza. Quizá, pueda ser una mezcla de ambas hipótesis.


"Desnudo acostado" es una obra pintada al óleo sobre lienzo con unas dimensiones de 60 x 92 cm. Está datado entre los años 1917 y 1918. En 2015 el cuadro fue subastado en Christie's y vendido a un coleccionista privado por 158 millones de Euros, convirtiéndose así en la segunda obra de arte por la que más se ha pagado en un subasta y superada tan solo por "Mujeres de Argel" de Pablo Picasso.


-¿En qué se parece la mujer de los años 1920 a la mujer actual?
-Es una cuestión bastante compleja, teniendo en cuenta que el hecho de hablar de mujer con un matiz de género y en sentido generalista puede llevarnos a algunos errores. A grandes rasgos, creo que a partir de los años 20 se inició un proceso de emancipación de la mujer que continúa hasta nuestros días y que requiere de una mayor implicación del conjunto de la sociedad para hacerse efectivo. Es cierto que existen ciertos universales compartidos por todas las mujeres de diferentes épocas que, en muchos casos, responde a su propio papel como madres y/o esposas que pueden ser equivalentes en los años 20 y en la actualidad.


Lorena San Miguel.


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