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viernes, 17 de noviembre de 2017

Dos escultoras, una época y muchos prejuicios

Lola Mora trabajando en arcilla, en su taller con un modelo.


Hoy se conmemora el Día del Escultor en Argentina, en homenaje a la escultora más famosa de este país: Lola Mora, nacida un 17 de noviembre de 1866.
Tanto la argentina como la chilena Rebeca Matte Bello (1875-1929) compartieron una época signada por los prejuicios. Aunque las dos vivieron en Italia, no existen documentos que certifiquen que se conocieran, pero ambas representan una misma lucha: la de la mujer abriendo paso en un mundo de hombres.



LOLA MORA


Lola Mora fue una artista que se destacó en espacios generalmente vedados a las mujeres de su época y fue la escultora argentina más halagada y discutida de los últimos años del siglo XIX y comienzos del siglo XX. 
Su obra más conocida es la "Fuente de las Nereidas", denominada popularmente como Fuente de Lola Mora, un conjunto escultórico de mármol de Carrara que se inauguró el 21 de mayo de 1903.​
Entre los homenajes que ha recibido se encuentra la institución del 17 de noviembre, fecha de su natalicio, como Día Nacional del Escultor realizado por el Congreso de la Nación Argentina y la creación en 1998 de los Premios Lola Mora, con el propósito que "rompa con los estereotipos de género, promueva la igualdad de oportunidades y los derechos de las mujeres".

La fuente de las Nereidas

Infancia y adolescencia

Su lugar de nacimiento está controvertido pues en tanto los salteños alegan que nació en El Tala, una localidad del sur de la provincia de Salta a muy pocos kilómetros de la provincia de Tucumán, donde vivían sus padres, los tucumanos se basan en que fue bautizada en Trancas (22 de junio de 1867) en el norte de la provincia de Tucumán, ​y que la escultora siempre se reconoció tucumana.​

Casa natal de Lola Mora

Su padre era Romualdo Alejandro Mora Mora, un comerciante y hacendado de origen catalán, propietario de algunas estancias en la zona tucumano-salteña y de una casa en la ciudad de San Miguel de Tucumán.
En 1857 llegó a la localidad salteña de El Tala. Casó el 16 de marzo de 1859 en la parroquia de San Joaquín de Trancas, provincia de Tucumán. con Regina Vega Sardina, una estanciera salteña nacida en El Tala, de ascendencia tarijeña y guachipeña.​
Lola Mora (Dolores Candelaria Mora Vega) fue la tercera de siete hermanos: tres varones y cuatro mujeres. En 1870, cuando tenía cuatro años, su familia decidió instalarse en la ciudad de San Miguel del Tucumán. En agosto de 1874, a los siete años de edad, comenzó sus estudios en el Colegio Sarmiento, una exclusiva escuela laica de esa ciudad, donde se destacó como alumna. En septiembre de 1885, cuando Lola tenía 18 años, fallecieron sus padres, ella de neumonía y, dos días después, él, de un infarto.


Inicios en el arte

En 1887 llegó a Tucumán para dar clases el pintor italiano Santiago Falcucci (1856-1922) y Lola fue una de sus alumnas. Fue así que se inició en pintura, dibujo y retrato y aprendió sobre el neoclasicismo y el romanticismo italiano, estilos que marcaron su obra; empezó a hacer retratos de personalidades de la sociedad tucumana con los cuales pudo financiar sus otras obras.
Animada por su éxito, realizó un retrato a la carbonilla al gobernador de Salta, Delfín Leguizamón y su trabajo fue tan perfecto que su maestro Falcucci dijo: "Era la copia de una fotografía, pero tenía todo de propio, de individual en la factura".
Para los festejos del 9 de julio de 1894, Lola pintó una colección de veinte retratos en carbonilla de los gobernadores tucumanos desde 1853 que fueron adquiridos por la legislatura de la provincia en cinco mil pesos. Ya era en Tucumán una artista conocida cuando 1895 viajó a Buenos Aires en busca de una beca para perfeccionar sus estudios en Europa, que le fue concedida por el presidente José Evaristo Uriburu el 3 de octubre de 1896 consistente en una subvención mensual de cien pesos oro por dos años.


Primeros pasos en escultura

Instalada en Roma en 1897, fue alumna del pintor Francesco Paolo Michetti (1851-1929), que se dedicaba a la pintura y la fotografía y había sido escultor en su juventud, aprendió el arte de trabajar con terracotta con el escultor Constantino Barbella (1852-1925) y finalmente decidió dedicarse de lleno a la escultura cuando conoció a otro de sus profesores, Giulio Monteverde (1837-1917), maestro en el trabajo del mármol.​ En Roma instaló su casa y taller y viajó con frecuencia a Buenos Aires llevando sus trabajos.
Al tiempo de estar en Italia se relacionó con los círculos artísticos y culturales, en los que fue muy respetada, y la prensa argentina empezó a informar sobre sus trabajos, viajes por Europa, exposiciones y los premios recibidos. Un autorretrato de Lola Mora, en mármol de carrara, se exhibió en la Exposición Universal de París de 1900 y ganó una medalla de oro. Cuando en 1900 regresó a la Argentina precedida por su éxito recibió el encargo en Tucumán de una estatua de Juan Bautista Alberdi, acordó en Salta la fundición de estatuas y relieves conmemorativos para el Monumento del 20 de febrero y ofreció a la municipalidad de Buenos Aires su obra más famosa: la Fuente de las Nereidas.


La provocación del desnudo

Lola Mora volvió a su estudio de Roma para preparar los encargos y regresó a Buenos Aires en agosto de 1902 con los bloques de las estatuas esculpidas que, al ser desembaladas, provocó un escándalo. La sociedad porteña de la época consideró que las estatuas mostrando sin recato los cuerpos desnudos emergiendo triunfalmente de las aguas eran "licenciosas" y "libidinosas".
Por ese entonces le ofrecieron esculpir una estatua de la reina Victoria, a ser emplazada en Melbourne (Australia) y del zar Alejandro I en San Petersburgo (Rusia), pero rechazó ambos encargos porque requerían adoptar la ciudadanía británica o rusa, respectivamente.
En su país le encomendaron realizar un busto del presidente Julio Roca, una estatua de Aristóbulo del Valle, una alegoría de la independencia, dos sobrerrelieves para la Casa Histórica de Tucumán y cuatro estatuas para decorar el nuevo edificio del Congreso Nacional; que representarían a los presidentes más célebres de los congresos argentinos históricos: Carlos de Alvear, Francisco Narciso de Laprida, Facundo Zuviría y Mariano Fragueiro. Viajó a Roma y regresó en 1904 con todos los encargos. De manera constante Mora viajaba entre Roma donde se encontraba su estudio hasta Argentina.
A partir de 1910 empieza a declinar su estrella como escultora. Los incumplimientos contractuales de sus proveedores la llevaron a endeudarse y a hipotecar su taller de Roma. En 1913 inauguró su monumento a Nicolás Avellaneda en la ciudad de Avellaneda en presencia del presidente Roque Sáenz Peña, el vicepresidente Victorino de la Plaza y su gran amigo el expresidente Julio Argentino Roca, que murió un año después. Con su muerte Lola perdió influencia y los adversarios políticos de Roca le pasaron factura.
En 1915 el Congreso decidió desmontar sus obras escultóricas a las que califica de "adefesios horribles". El diputado Luis Agote afirmó que: "No demuestran nuestra cultura ni nuestro buen gusto artístico". El conjunto se dispersó entre cinco provincias. Ese año Lola Mora vendió su palacete romano y retornó definitivamente a Argentina.
En 1918 la municipalidad porteña desmanteló la Fuente de las Nereidas y la mandó al ostracismo, ubicándola en Avenida Costanera Sur, donde se erige actualmente, a la entrada de la Reserva Ecológica.​


Interés en nuevas tecnologías

Curiosa por naturaleza se acercó a figuras del mundo teatral y, atraída por el cine, quiso experimentar con telones de color.
Hacia 1920 abandonó la escultura e impulsó el dispositivo llamado cinematografía a la luz, que permitía ver cine sin necesidad de oscurecer una sala, pero no logró introducirlo en el mercado. Viajó al norte del país llevando nuevos proyectos: primero a Jujuy donde en 1923 fue nombrada “Escultor Encargado de Parques y Jardines y Paseos” y a Salta a finales de 1924 para comenzar exploraciones geológicas.
En 1925 el presidente Marcelo T. de Alvear dejó sin efecto la última obra encargada por el Estado, el diseño del Monumento a la Bandera. Para revertir el golpe, emprendió la extracción de combustibles con base en destilación de rocas fósiles (esquistos bituminosos) asociada a otras personas y recorrió infructuosamente las montañas de Salta para desarrollar el negocio, perdiendo e ello sus ahorros.
Desahuciada y con su salud deteriorada, entre 1932 y 1933 retornó a Buenos Aires, bajo el cuidado de sus sobrinas. Le costaba caminar, divagaba y perdía el conocimiento. En 1933 la Sociedad Sarmiento de Tucumán realizó una muestra a beneficio de la empobrecida artista. En 1935, restaurado el orden conservador, el Congreso le aprobó una pensión de doscientos pesos mensuales.



El 17 de agosto de ese año Lola Mora sufrió un ataque cerebral que la dejó postrada hasta el 7 de junio de 1936 en que falleció en Buenos Aires tras tres días de inconsciencia, insensibilidad y dificultad en su respiración, rodeada de sus tres sobrinas que la asistieron durante la enfermedad.
En las principales publicaciones argentinas hubo notas necrológicas. Caras y Caretas, por ejemplo, comentó:
"Siempre nos sorprende la tragedia del talento olvidado. Ahora más, al herir a una mujer, a la primera mujer argentina, cuya vocación supo afrontar las dificultades del mármol, los laboriosos primores del modelado de la arcilla."
El vespertino Crítica señalaba a responsables del abandono en que se encontraba la artista:
"...Es el homenaje perenne y sincero que compensa, hasta cierto punto, la ingratitud material de los poderes públicos y la sorda hostilidad de nuestros círculos artísticos que veían en Lola Mora la expresión de gustos anticuados y definitivamente 'pasados de moda."
Por su parte, el Diario La Nación que tantos favores concediera a Lola Mora en sus años de esplendor, decía sobre ella:
"El decidirse por el arte, ya había significado una proeza, recordemos la fecha de sus comienzos y su actuación inicial. Mujer y escultora parecían términos excluyentes. Los prejuicios cedieron, sobrepujados por la evidencia de su obra."
En todas las necrológicas sólo se recordó de su vasta obra la Fuente de las Nereidas.
La tumba de Lola Mora se encuentra en el Cementerio del Oeste, la necrópolis más antigua de San Miguel de Tucumán y en 2010 fue declarada bien de interés histórico-artístico.​


Vida personal

El 22 de junio de 1909 a los cuarenta y dos años se casó en el Registro Civil con Luis Hernández Otero, que tenía 17 años menos de edad, hijo del ex gobernador de la provincia de Entre Ríos Sabá Zacarías Hernández, ​que la había conocido en el Congreso Nacional, donde era empleado, cuando la escultora trabajaba para la fachada e incluso, según el investigador Oscar Félix Haedo habría sido su alumno.
La ceremonia religiosa se celebró al día siguiente en la Basílica de Nuestra Señora del Socorro (Buenos Aires).​ La madrina fue Rosario Clorinda G. de Avellaneda, esposa de Marco Avellaneda, a su vez hermano del expresidente Nicolás Avellaneda, y el padrino Manuel Otero Acevedo, único representante de la familia del novio dado que su familia desaprobó la boda a causa de la diferencia de edad. Tanto en el acta civil como en la religiosa, Lola Mora figura con una edad de treinta y dos años.
La pareja no fue feliz y cinco años más tarde su marido la abandonó.
Fue amiga del escritor y político italiano, Gabriele D'Annunzio, y del presidente argentino Julio Argentino Roca. Buena parte de los detalles de la vida privada de Lola se perdieron cuando, a su muerte, la familia quemó su correspondencia.


REBECA MATTE BELLO

Rebeca Matte dando sus últimos toques a la escultura “Santa Teresa”, París, 1907.


Rebeca Matte Bello nació en Santiago de Chile el 29 de octubre de 1875 y murió en París, 15 de mayo de 1929. Fue la primera mujer chilena que abrazó el oficio de escultora. Fue una artista independiente que, sin embargo, coincidió con la Generación Académica de fines del siglo XIX, debido a la concepción estética de su obra, el valor del tema y un gran dominio de la técnica en el uso de materiales nobles. Bisnieta del gran humanista Andrés Bello López. Fue nombrada profesora de la Academia de Bellas Artes de Florencia, cargo que nunca antes había sido otorgado a un extranjero y menos a una mujer.
Rebeca fue la única hija del destacado político, y Ministro del estado chileno Augusto Matte Pérez y de Rebeca Bello Reyes. Su madre al dar a luz enloqueció, quedando sumida en una amnesia total de la cual nunca se repuso. La pequeña Rebeca se educó entonces en casa de su abuela materna Rosario Reyes Gómez, viuda de Juan Bello Dunn. Su padre murió en Berlín en el año 1913. Sus restos descansan junto a los de su esposa en un monumento ideado por su hija y en cuya puerta se exhibe la estatua del Dolor, una de las más atrevidas concepciones de la escultora.
Rebeca se educó rodeada de intelectuales, ya que a la casa de su abuela concurrían destacados hombres de la época como José Victorino Lastarria, los hermanos Amunátegui Aldunate y Alberto Blest Gana, entre otros.

"Horacio", Museo Nacional de Bellas Artes.

Inicia sus estudios de escultora en Roma, Italia. Más adelante se traslada a París e ingresa en la Académie Julian donde estudia con Denys Puech y Paul Dubois. De esta época juvenil surgieron importantes obras que destacan por su fuerte acento dramático. También durante este período contrae tuberculosis, enfermedad que le acarrearía un gran dolor.
En 1900 y 1901, Rebeca Matte recibe sus primeras medallas y distinciones en Europa y en Chile; en esos años se casó con el joven diplomático Pedro Felipe Íñiguez Larraín. De este matrimonio nació Eleonora Íñiguez Matte (1902-1926), más conocida como "Lily", fuente de inmensa alegría para la escultora y cuya crianza la mantuvo alejada de los talleres por varios años.
Hacia 1908, Rebeca Matte retomó su trabajo de escultora y produjo una serie de obras en mármol y bronce que destacan por su madurez y técnica. Tras breves estancias en Chile, la artista se estableció en Florencia. A lo largo de su carrera, trabajó la talla directa del mármol y el vaciado en bronce.
En 1918 la Academia de Bellas Artes de Florencia la distingue con el cargo de Profesora Honoraria.

"Los ciegos"
Obras

En 1908 el Gobierno chileno le encarga una escultura para ser donada al Palacio de la Paz que se comenzaba a construir en La Haya, esta escultura fue instalada en el año 1914 justo antes del inicio de la Primera Guerra Mundial y paradójicamente se le conoce como La Guerra. Este monumento de Rebeca Matte desató la musa de varios escritores y poetas italianos y norteamericanos. En 1920, el Gobierno chileno le encarga el monumento a los Héroes de la Concepción, emplazado en la Avenida Libertador Bernardo O'Higgins, y que, según la mayoría de los críticos de arte, es una de las esculturas más bellas con que cuenta la ciudad de Santiago.
Destacan además, Ícaro y Dédalo donada por su esposo al Museo Nacional de Bellas Artes en el año del fallecimiento de la artista e instalada en el frontis del Museo en el año 1930; esta escultura lleva inscrita la frase Unidos en la gloria y en la muerte. Existen al menos dos réplicas de la misma escultura que tiene diferentes nombres, ya que el gobierno de Chile encargó a la artista la ejecución de esta obra con el objeto de obsequiarla a Brasil en el día del Centenario de su Independencia. La entrega y la inauguración de la misma se efectuaron en el año 1922 en la Plaza Mauá de Río de Janeiro y lleva el nombre de Aviadores. Posteriormente fue trasladada al frontis de la Universidade da Força Aérea en Campo dos Afonsos, Río de Janeiro. Otra de sus obras es El Eco, también ubicada en el Museo Nacional de Bellas Artes.


Sus obras más personales son Militza, en préstamo al Museo de Arte y Artesanía de Linares, Chile; Dolor, dedicada a su madre y que se encuentra en el Cementerio General; y Mi Hija. En ellas, Matte logra plasmar una carga emotiva y sentimental que revela un trabajo estético con las tragedias que marcan su vida: la enfermedad de la madre, la muerte del padre y el amor por la hija fallecida prematuramente.

"El encantamiento"

Alejamiento del arte

Durante su estadía en Florencia se manifestó con más violencia la tuberculosis de su hija Lily, que ella le había contagiado. Trasladada a un Sanatorio en los Alpes suizos, la joven finalmente falleció en 1926, dejando a su madre sumida en el mayor de los sufrimientos. Rebeca Matte no volvió a crear y dedicó los últimos años de su vida a editar los versos que había escrito su hija y a fundar varias instituciones de beneficencia en su nombre.


Muerte

Murió a los 53 años de edad, en París, el 15 de mayo de 1929. Por esas fechas, el gobierno de Italia solicitó una de sus obras para depositarla en el Palacio Pitti, en Florencia.

FUENTE DE LA INFORMACIÓN BIOGRÁFICA (Wikipedia)


"Ícaro y Dédalo"


Unidos en la Gloria y en La Muerte de Rebeca Matte Bello, en el espacio que fue la Plaza de Bello



La escultura "Unidos en la gloria y en la muerte", de Rebeca Matte, que se encuentra en el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes desde 1930, fue donada al museo por el esposo de la escultora, Pedro Iñíguez, a un año de la muerte de Matte. Esta obra realizada por la primera mujer chilena que se dedicó a la escultura, representa la ambición humana y la caída, expresada en el mito griego de Icaro y Dédalo. Esta escultura en bronce es una réplica del original que se encuentra actualmente en Brasil.
Años antes, el Gobierno de Chile encargó a Rebeca Matte la ejecución de una obra escultórica para obsequiarla a Brasil en el Centenario de su Independencia. La entrega e inauguración se hizo en 1922 en la Plaza Mauá de Río de Janeiro. La inscripción "Unidos en la gloria y en la muerte", grabada en el pedestal, simbolizó la hermandad entre ambos pueblos mediante la idea de la unidad. Sin embargo, en tierras cariocas esta obra es conocida como el Monumento a la Aviación. La frase en 1997 sirvió de título a una instalación del Premio Nacional de Arte Gonzalo Díaz, realizada en la fachada y en la sala Matta del Bellas Artes. (Fuente)



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